Entender Más
"Pasé a ser una niña de nueve años casada con un hombre que me consideraba de su propiedad"
'Yo soy Nada' narra la historia de una niña de L'Hospitalet de Llobregat secuestrada y el infierno de siete meses que pasó en la selva de Bolivia, hasta que fue rescatada. La periodista Neus Sala le ayudó entonces y le ha ayudado ahora a contar su historia

Imagen de Nada y Neus en una imagen cedida por la editorial. / Penguin Random House
Esta no es una historia. Son dos, aunque contadas por separado nunca se entenderían. Por un lado, está Nada Itrab quien con nueve años fue secuestrada de sus padres en L'Hospitalet de Llobregat por un vecino, que se había ganado la confianza de su familia, y se la llevó a la selva boliviana. Allí la obligó a trabajar durante meses en una plantación mientras por la noche la obligaba a ser "su esposa", además de maltratarla. Finalmente, la tenacidad de agentes de la Guardia Civil y de las autoridades de Bolivia consiguieron que Nada volviera a España.
Pero la historia de Nada no se entiende sin la de Neus Sala. Cuando la periodista la conoció, años después de su rescate y estar bajo la tutela de la Generalitat, no dudó en ayudarla para que pudiera tirar adelante y labrarse un futuro estudiando y trabajando. La generosidad de Neus sirvió para que Nada resistiese, igual que lo hizo durante siete meses en la selva boliviana en condiciones extremas.
Ahora las dos firman el libro 'Yo soy Nada, la historia de un secuestro y dos rescates' (Ediciones B) en el que la joven explica, sin tapujos y con una honestidad sobrecogedora, su llegada a España con su familia, el infierno que vivió durante su secuestro y el desamparo que sintió al volver a Catalunya tras ser rescatada. A su lado, como siempre, Neus la acompaña para apuntalar una historia que no deja indiferente y que nos recuerda que dentro del dolor siempre hay esperanza.
Una vida truncada en España
Nada nació en 2004 en Tetuán y cuando era pequeña vino con su familia a L'Hospitalet de Llobregat. Aquí vivió "en la extrema pobreza" y "había días en los que no teníamos ni para comer", aunque lo más doloroso para ella era la violencia "de las discusiones entre sus padres". Cuenta que se evadía en el colegio y que la familia empezó a recibir la ayuda de un hombre, Grover, que se instaló en el piso de al lado: "Era bajo y delgado, tenía el pelo largo y barba, y la piel morena. Su forma de ser era muy extraña. A mí me recordaba a Ned Flanders, el personaje de Los Simpson, ese vecino perfecto y con unas convicciones profundamente religiosas".
El nuevo vecino se ganó la confianza de la familia de Nada gracias a alimentos, juguetes y otros regalos y, cuando ella tenía nueve años, propuso a la madre llevarse a la niña de viaje a su país, Bolivia, por las buenas notas. "Nos hizo creer que aquello no tenía nada de raro, que no había peligro; todo lo contrario, serían unas vacaciones divertidas", cuenta la joven en el libro y añade que Grover también convenció a la madre diciéndole que traería algunas joyas que podrían vender.

Imagen de Nada y Neus hace unos tres años cuando su relación se afianzó / El Periódico
Sin embargo, al llegar a Bolivia todo cambió. "Grover se había quitado la máscara. Ya no quedaba nada del vecino amable y encantador. Era una persona fría como el hielo, incapaz de conmoverse ante la desesperación y el llanto de una niña", explica Nada, y añade que "las violaciones eran constantes, no le importaban el lugar ni la hora. Lo que más me perturbaba era la manera que tenía de iniciarlas. A veces, cuando me encontraba jugando con las muñecas que me había dejado la niña que vivía debajo, él se acercaba y fingía que también quería jugar. Entonces les empezaba a quitar la ropa a las muñecas y seguidamente me hacía lo mismo a mí para violarme. Por eso, cada vez que jugaba, lo hacía con miedo".
El hombre cambió la identidad de Nada, "pasé a ser Evelyn", y empezó a hacerla llevar vestidos largos. De esta forma se fueron a vivir a la selva boliviana junto a una secta a la que pertenecía el secuestrador. "Mis tareas empezaban cuando salía el sol y terminaban cuando se escondía. Llamar a aquello trabajo sería un vano intento de blanquear la realidad, que es que pasé a ser una esclava en la selva. La explotación infantil fue una de las experiencias más duras que me tocó vivir y, sin embargo, y a pesar de lo que pueda parecer, fue de las más soportables. Cualquier cosa que tuviera que hacer de día era preferible a la pesadilla que me esperaba cada noche con mi secuestrador", cuenta Nada.
En el libro, remarca como "de golpe había pasado a ser una niña de nueve años casada con un hombre que me consideraba de su propiedad y, por tanto, que tenía toda la autoridad para abusar de mí y usarme a su conveniencia". También explica su día a día en la plantación, pues "me levantaba cuando salía el sol, iba a las plantaciones a trabajar, volvía a la casa diez minutos para comer un poco de arroz con remolacha y regresaba al trabajo hasta que se hacía de noche. Era entonces cuando llegaba la peor parte del día, pues me tocaba 'ejercer de esposa'. Yo solo deseaba que el cansancio y el entumecimiento de mi cuerpo hicieran que me quedara dormida antes de que sus exigencias empezaran".
Un rescate en la selva
Pese a vivir un infierno Nada asegura que "conservaba lo más valioso que posee un niño: sueños. El sueño de volver a España, de hacer algo importante en el futuro, de volver a la escuela y llegar a ir a la universidad. Estos eran los pensamientos que rondaban mi cabeza la mayoría del tiempo, a lo que me agarraba para continuar manteniendo la esperanza. Me lo había quitado todo, sí, pero aún no había conseguido que dejara de soñar".
También asegura que su captor, que murió en prisión hace años, cada vez estaba más desquiciado y "estaba convencido de que se había convertido en un hombre tocado directamente por el dedo de Dios". Siete meses después de ser secuestrada Nada fue liberada de la selva gracias al trabajo conjunto de la Guardia Civil, la policía de Bolivia y la fiscalía de los dos países.
En el libro Neus explica la investigación después de que los padres denunciaran la desaparición de su hija ante los Mossos d'Esquadra y que la Guardia Civil descubriera la auténtica identidad de su captor, quien había escapado de Bolivia tras ser acusado de violar a dos de sus hermanas. Un juzgado de L'Hospitalet de Llobregat ordenó su busca y captura. Gracias a la colaboración entre las fuerzas policiales y judiciales de España y Bolivia se pudo rescatar a Nada y trasladarla con su familia a España.
El abandono y la salvación
Sin embargo, a la pesadilla de la violencia que habría sufrido durante siete meses le siguió el abandono institucional. Los padres perdieron la custodia de la entonces menor después de que la Generalitat considerase que la habían abandonado y les acusasen de este delito. Nada estuvo en centros de acogida, sin futuro, hasta que se cruzó con Neus Sala hace unos años. Su historia llegó gracias a los agentes de la Guardia Civil que la habían salvado.
Neus la ayudó. Primero a legalizar su situación en España, ya que era una víctima de violencia sexual. Después a recibir a atención psicológica, social, emocional, orientación educativa y laboral. Nada llegó a la universidad y, ahora sí, empieza a vivir el sueño que le dio esperanzas en la selva. Para pasar página, Nada quiso contar su historia y en eso también contó con la colaboración de Neus, ya que sus relatos, como sus vidas, se funden y complementan.
"Quizá había vivido aquella experiencia tan dura y había sobrevivido a ella para contarla. En la selva había visto que yo no era la única niña trabajando en los campos, ni la única de la secta. Entonces no era consciente de que todos éramos esclavos. Ahora sí. Yo había salido de aquel infierno, pero eran muchos los niños y las niñas que continuaban allí, perdiendo su infancia en aquellos campos de coca. Decidí que sí, que iba a contar mi historia si eso servía para darles voz, para ayudarlos y para concienciar de alguna manera a la sociedad que nos daba la espalda". Esta es la esperanza de Nada y Neus y esta es su historia, compartida, que merece ser leída.
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