El pontífice en Tenerife
Historias del papa León XIV en La Laguna: Del drama de la patera a la alegría de un contrato
Los jóvenes africanos Mbacke Ndiaye y Khalid Allad llegaron de forma ilegal, pero con la ayuda de diferentes organizaciones tienen una vida estable en Canarias

Darwin Rivas y Mbacke Ndiaye ante el obispo y el papa. / ARTURO JIMÉNEZ
Patricia Ginovés
Más allá de la primera asistencia a las personas migrantes que llegan a las costas canarias, el acompañamiento para garantizar la integración de estos jóvenes se convierte en una parte esencial del proceso si lo que se desea es que todas esas personas pasen a formar parte activa de la sociedad canaria. Mbacke Ndiaye y Khalid Allad son dos jóvenes migrantes que el viernes relataron sus vivencias a León XIV.
Mbacke Ndiaye tiene 20 años, es de Senegal y el viernes dio las gracias porque la sociedad canaria "no ha mirado hacia otro lado" tras su llegada a Canarias. "Encontré respeto, paciencia y gente que me dijo que yo valía y podía", relató el joven, quien emocionó a muchos de los asistentes con su historia. Gracias a la acogida de la Fundación Canaria El Buen Samaritano ha aprendido carpintería, costura, formación básica sobre España o cocina, entre otros muchos conceptos, y resumió que "Tenerife me ha enseñado que la hermandad está más allá de la sangre". Arrancó los aplausos del público al afirmar que, "cuando una persona te tiende la mano, el miedo se va y nace la esperanza" y concluyó que su compromiso es ahora el de "devolver lo que he recibido, estudiar con esfuerzo y trabajar con honestidad".
Por su parte, Khalid Allad es un marroquí de 24 años que llegó a Tenerife en 2020 tras un intento fallido de viajar en patera. "La primera vez que lo intenté murieron 20 personas", indicó el joven, quien aseguró que aquella tragedia dejó "una huella profunda en mí", y por eso su padre le prohibió volver a intentarlo. Sin embargo, un año después salió de su país sin su permiso y en Tenerife comenzó una nueva vida. "Estuve a punto de quedarme en la calle, pero conocí la Fundación Don Bosco Salesianos y todos ellos se convirtieron en una segunda familia para mí".
Desde entonces, no ha dejado de formarse en diferentes ámbitos hasta que una empresa le ofreció un contrato que le permitió hacerse con un permiso de residencia: "En ese momento sentí de verdad que podría construir un futuro con mis manos". Actualmente, Allad trabaja en el colegio de los Salesianos y asegura que "el cariño que recibo cada día me hace sentir parte de esa comunidad". Agradeció además la presencia del papa en La Laguna porque "es un ejemplo de que los cristianos se preocupan por las personas migrantes como yo".
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Fuente: El Día - La Opinión de Tenerife
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