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El extraño efecto que provoca el calor extremo en nuestro cerebro

Las altas temperaturas tienen consecuencias que a primera vista son invisibles

Efectos del calor extremo en nuestro cerebro

Efectos del calor extremo en nuestro cerebro / FREEPIK

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Que la temperatura supere los 40 ºC en gran parte del país ya no nos sorprende durante los episodios de calor extremo. Cuando el termómetro rebasa los 35 grados, las altas temperaturas no solo se hacen notar en el cuerpo, a través de la sudoración, el agotamiento o los mareos, sino que también pueden afectar al cerebro y a la forma en la que pensamos, nos concentramos e incluso tomamos decisiones. El cansancio, la falta de concentración, el dolor de cabeza o la irritabilidad son algunos de los efectos que pueden aparecer cuando el organismo intenta hacer frente a unas temperaturas demasiado elevadas.

Durante los días más calurosos del verano, el organismo pone en marcha distintos mecanismos para mantener estable su temperatura. Este esfuerzo puede terminar afectando al rendimiento físico y mental, especialmente cuando el calor se mantiene durante muchas horas y dificulta el descanso nocturno. Pero, ¿qué ocurre exactamente en nuestro cerebro cuando el calor aprieta?

Afecta a nuestro cerebro y a la forma en la que pensamos, nos concentramos e incluso tomamos decisiones

Afecta a nuestro cerebro y a la forma en la que pensamos, nos concentramos e incluso tomamos decisiones / FREEPIK

Efectos del calor en el cerebro

Las altas temperaturas pueden influir en distintas funciones cerebrales y afectar a aspectos como la memoria, el estado de ánimo, el comportamiento, el sueño o incluso la sensación de hambre. Esta situación requiere especial atención en las personas con determinadas patologías neurológicas, que pueden ser más vulnerables ante episodios de calor extremo y presentar un mayor riesgo de confusión, desorientación o agitación. En enfermedades como la demencia o la epilepsia, las altas temperaturas y la deshidratación pueden agravar determinados síntomas y aumentar la vulnerabilidad de los pacientes.

Asimismo, los cambios de rutina propios del verano, unidos a la deshidratación y al calor extremo, pueden actuar como desencadenantes y aumentar esta vulnerabilidad. Para hacer frente a las altas temperaturas, el cerebro y el resto del organismo activan mecanismos destinados a regular la temperatura interna, un proceso fundamental para mantener funciones como la atención, la memoria y el razonamiento. Por ello, los expertos insisten en la importancia de mantener una correcta hidratación y evitar la exposición directa al sol durante las horas centrales del día. Beber líquidos de manera regular ayuda al organismo a compensar la pérdida de agua provocada por la sudoración y a mantener una temperatura corporal adecuada.

A partir de determinadas temperaturas, los efectos del calor pueden hacerse más evidentes y, a medida que el termómetro continúa subiendo, la situación puede agravarse. Uno de los principales factores de riesgo es precisamente la deshidratación, ya que la pérdida de líquidos puede alterar el funcionamiento del organismo y afectar a la actividad cerebral. Por este motivo, se recomienda beber líquidos con frecuencia y evitar las bebidas alcohólicas, que pueden favorecer la deshidratación. En caso de realizar actividad física, es aconsejable escoger las franjas horarias en las que las temperaturas sean más bajas y evitar las horas centrales del día. También se recomienda utilizar ropa holgada y ligera, preferiblemente de colores claros, que facilite la transpiración. Además, nunca se debe dejar a niños, personas mayores o personas vulnerables sin supervisión en el interior de un vehículo, ya que la temperatura dentro del habitáculo puede aumentar rápidamente.

Algunas personas son especialmente vulnerables a los cambios de temperatura y deben extremar las precauciones para evitar posibles problemas de salud. Entre ellas se encuentran, según explica el experto, las personas mayores que padecen enfermedades crónicas como párkinson, demencia, insuficiencia cardiaca o diabetes.

También hay que prestar especial atención a quienes siguen determinados tratamientos médicos que pueden verse afectados por las altas temperaturas. Entre ellos se encuentran las personas que toman diuréticos. El doctor advierte de que algunos medicamentos pueden alterar la respuesta del organismo ante la deshidratación y aumentar el riesgo durante los episodios de calor. Por ello, ante una ola de calor, es importante seguir las indicaciones médicas y no modificar ni suspender ningún tratamiento por cuenta propia.

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