28 de febrero de 2010
28.02.2010
Investigación

Indagadores de cadáveres

El pasado año se practicaron en el Instituto de Medicina Legal de Valencia 1.402 autopsias, de las cuales 642 determinaron una muerte violenta

28.02.2010 | 01:00
Sala de autopsias colectiva del Instituto de Medicina Legal de Valencia, donde a lo largo del pasado año se determinó el origen y mecanismos de la muerte de 1.402 personas. f manuel molines

Son 47 mujeres y hombres que un día se convirtieron en médicos y no se quedaron en cómo aplicar la ciencia de sanar, sino que han ido más allá, hasta los confines de Tanatos, para buscar los porqués de la propia muerte. Son los médicos forenses que integran el Instituto de Medicina Legal (IML) de Valencia, un organismo que depende de la Conselleria de Justicia y que sólo el año pasado hubo de determinar el origen y mecanismo que determinó la muerte de 1.402 personas, amén de innumerables exploraciones médicas tanto de víctimas vivas para determinar desde la afectación psicológica tras un hecho traumático, hasta las lesiones físicas, como de sospechosos de quienes se ha de dirimir su grado de imputabilidad.
Los cadáveres que llegan a manos de los forenses son todos aquellos que aparentan haber sufrido una muerte violenta o sospechosa de criminalidad, como reza, desde 1882, la Ley de Enjuiciamiento Criminal. La autopsia siempre ha de determinarla un juez y el fin lo constituye no dejar impune un posible delito.
Sin embargo, de las 1.402 necropsias practicadas el año pasado en el IML de Valencia -todas las de la provincia se hacen en el instituto, ubicado en los sótanos de la Ciudad de la Justicia-, la mayoría (un 54 por ciento) se produjeron por causas naturales. ¿Por qué, entonces, la intervención de un juzgado y de un forense? "Muy simple", explica el director del IML de Valencia, Matías Vicente, "porque son muertes que se producen en soledad, o lejos del hogar y de su médico habitual, o porque simplemente obedecen a una dolencia que nunca antes le había sido diagnosticada". Vicente puntualiza que, aunque desde el punto de vista judicial son las menos trascendentes, "tienen una tremenda importancia sanitaria, epidemiológica y, por supuesto, familiar". Tanta, que incluso colaboran con la unidad de muertes súbitas del Hospital La Fe especializada en recopilar y analizar este tipo de fallecimientos.
Las 642 autopsias restantes determinaron que el origen de la muerte fue violento, lo cual no significa necesariamente que se trate de homicidios. De hecho, este tipo de muerte sólo supuso el año pasado el 4,4% de todos los casos violentos, y un escaso 2% del número total de autopsias practicadas. La mayoría de las muertes violentas son las accidentales -por tráfico, catástrofe, laborales, doméstica, etc.-, mientras que el segundo lugar por número es para los suicidios.

"Somos primitivos al matar"
En todos los casos, se examinan muchos más cadáveres masculinos que femeninos. "Es curioso", admite el director del IML, "porque esa prevalencia se da en todos los campos". En las muertes naturales, por ejemplo, sólo el 30% eran mujeres, porcentaje que se reduce hasta un 27% en los fallecimientos violentos. La mayor diferencia se da en los suicidios: de cada cien personas que se quitan la vida en Valencia, 75 son hombres y 25, mujeres.
Matías Vicente considera que, a la hora de quitarle la vida al prójimo, "seguimos siendo tremendamente primitivos". Así, el método más empleado entre los homicidas continúa siendo el "mecanismo contusivo", esto es, cada año, los asesinatos más comunes son los perpetrados a golpes, ya sea con los puños y los pies, o algún objeto contundente. El segundo método más común es el arma blanca, seguida de la de fuego.
Cuando se trata de resolver un homicidio, las mayores dificultades las presentan aquellos cadáveres que han sido quemados o sumergidos en agua. Y los asesinos lo saben. De hecho, son dos métodos clásicos de destrucción de pruebas que los médicos forenses deben remontar una vez que el cadáver está tendido sobre la mesa de autopsias. Para ello, cuentan con los especialistas en toxicología y con los expertos en ADN, no sólo para identificar al fallecido, piedra angular de toda investigación criminal, sino también para determinar sus últimas horas de vida, sus circunstancias personales y, por supuesto, cómo lo mataron. Una ciencia que raya el arte y que no siempre aporta las repuestas que se desean, porque hay muchos factores que influyen a la hora de enmascarar la dinámica de un crimen.

Las autopsias en la televisión
Matías Vicente confiesa no ver las series de televisión que han popularizado los métodos científicos de investigación criminal, pero sabe que "en términos generales, son bastante precisas en los métodos, pero claro, los tiempos, eso ya es otra cosaÉ Es evidente que todo tiene que caber en un capítulo y que no sería igual de atractivo colocar cada dos por tres en la pantalla de "siete meses más tarde"". Ése es uno de los principales males de los médicos legales y, por ende, de los investigadores policiales: el enorme retraso.
Cada vez se practican más pruebas de todo tipo y en todos los casos, no sólo en los mortales, lo que acaba eternizando la obtención de resultados. Es el peso de los números. "Es cierto que cada vez las pruebas genéticas, por ejemplo, tienen un mayor peso en una investigación. Pero también lo es que un ADN no lo es todo, y que la aportación del resto de la investigación policial es fundamental para lograr, en definitiva, la condena del criminal".

Los métodos para datar la muerte

Uno de los datos más relevantes en una investigación es fijar el momento de la muerte. Los médicos forenses disponen de distintos métodos, que varían según se trate de un cadáver reciente (donde el margen de error es menor) o antiguo. Entre otros, se encuentran la temperatura, la rigidez, las livideces o la hidratación de las mucosas, que se complementarán con otras pruebas toxicológicas y químicas. t. d. valencia

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