Son motivo del Día Internacional contra el Tráfico y la Trata de personas con fines de explotación sexual, exponer algunas reflexiones sobre esta exasperante y penosa problemática nos enfrenta a la tesitura de no saber qué decir que no se haya dicho ya. ¿Incidimos en las inimaginables y dantescas situaciones de las mujeres que han sido forzadas, amenazadas, arrastradas o secuestradas para entrar en este sub-mundo?

¿Nos dedicamos a reflexionar sobre las inmorales y perversas personas que sin ningún escrúpulo hacen posible la humillación, el maltrato y la violencia física hacia otros semejantes en situación de desvalimiento o de terror? ¿Podemos orientar nuestros comentarios hacia aquellos descerebrados o trastornados cuyos deseos de sexo fácil y mercantil, hacen posible que las mafias y proxenetas obtengan inmensos beneficios a costa de la dignidad de otras personas? Intentando conocer las circunstancias en las que se inicia y mantiene especialmente a personas jóvenes dentro de un perverso mundo que resulta ser todo lo contrario a lo que necesitan para su desarrollo emocional y afectivo, y que inexorablemente les dejará horrorosas secuelas psíquicas de por vida... ¿aportaremos algo nuevo? Nos damos cuenta de que si intentamos entrar a fondo en la problemática, sesudos analistas van a obtener reflexiones quizá mucho más profundas que las que podamos aportarles. Osados cargos políticos van a arriesgarse a mantener contundentes conclusiones al respecto, cuyo debate nos podría sumir al resto en la postración más absoluta. En el Proyecto Jere-Jere de Cáritas Diocesana de Valencia trabajamos a diario con mujeres jóvenes que han sufrido la trata en uno u otro estadio, en mayor o en menor grado. No solo conocemos directamente su problemática: las conocemos a ellas personalmente.Ellas nos transmiten su sufrimiento. Pero también nos cuentan sus esperanzas y su valentía por sobrevivir, por mantener su integridad física y su dignidad. Sabemos, que al igual que ellas, otras muchas mujeres están librando sus batallas para romper sus cadenas. Y también sabemos que muchas de ellas las acaban ganando. Por eso, queremos transmitir tanto el mensaje de esperanza para las que han logrado liberarse, como el recuerdo para las que no pueden salir o todavía lo están intentando. La trata con fines de explotación sexual no es un asunto exclusivo de profesionales y debates más o menos profundos. Es una realidad para millones de personas en el mundo.