06 de marzo de 2019
06.03.2019
Investigación

Procesan a un concejal de Massalfassar por violar a una chica de 20 años en verano

El juez dice que los síntomas de la víctima durante el abuso son propios de sumisión química

06.03.2019 | 00:16

El Juzgado de Instrucción número 16 de València ha procesado por un delito de violación al concejal de Massalfassar Gerardo Isidro V. E. por presuntamente abusar sexualmente de una chica de 20 años a finales del pasado mes de agosto. El edil, del PSPV, será expulsado del partido «de manera inmediata», según confirmaron ayer a Levante-EMV fuentes de la formación socialista. Además de procesarle por el delito de violación recogido en el artículo 179 del Código Penal, le ha fijado una fianza de 6.000 euros en concepto de responsabilidad pecuniaria.

El procesamiento de Gerardo Isidro, de 42 años, se produjo el pasado 25 de febrero, después de más de seis meses de instrucción judicial y de que la jueza hallase «indicios criminales de racionalidad» suficientes a partir del testimonio de la chica, que ha sido constante y coherente desde la denuncia hasta su última declaración en el juzgado, el del acusado, que coincide con el de la joven en todos los detalles salvo en los abusos, que niega, y la versión facilitada por dos testigos.

A mayores, la jueza cuenta ahora -cuando firmó el auto de procesamiento aún no disponía de él- con un informe del Instituto de Medicina Legal (IML) de València que ve compatibles con una sumisión química -uso de sustancias para anular la voluntad de la víctima- los síntomas descritos por la joven, que fue consciente de lo que estaba sucediendo pero no podía moverse.

Cena con amigos

Los hechos ocurrieron el 31 de agosto pasado, cuando el concejal y la joven, junto con un grupo amplio de amigos, quedaron para cenar en un restaurante de València. La víctima, de la que Levante-EMV omite deliberadamente cualquier dato para preservar por completo su identidad, no ingirió ni una gota de alcohol durante la cena, como han corroborado varios testigos que participaron en la misma y como ha declarado ella, tanto en su denuncia inicial como en las ratificaciones posteriores antes la Policía Nacional, primero, y ante la jueza, más tarde.

Una vez concluida la cena, la mayor parte del grupo optó por irse a un local nocturno, donde la joven consumió una copa. En un momento determinado, fue al baño y, al regresar al lugar donde estaban sus amigos, el ahora procesado la esperaba con una segunda copa en la mano. Ella aceptó la invitación y, según su exposición de los hechos, en cuanto terminó la bebida, comenzó a sentirse extrañamente mareada, con pérdida del control sobre su voluntad.

Fuentes jurídicas han explicado a este diario que, además, hay un segundo testimonio, de otra chica que estuvo en la cena y en local nocturno, quien asegura que tomó un único sorbo del vaso de la denunciante «y se sintió mareada de súbito».

Al darse cuenta de que no se encontraba bien, la joven anunció que se iba a casa. En ese momento, Gerardo se ofreció voluntario para llevarla a su domicilio, ubicado en un municipio próximo a València.

La joven subió en el asiento del copiloto y, por el camino, perdió varias veces la consciencia, pero notó cómo él le tocaba presuntamente los pechos y le introducía los dedos en su sexo en varias ocasiones, sin que ella fuera capaz de mover un solo músculo.

Detrás de ese coche viajaban, en un segundo vehículo, un amigo de él y otra chica. Esta testigo explicó en su declaración que había visto «cosas raras» y que su preocupación fue a más cuando llegaron a la casa de ella y la joven no descendía del coche. Tanto es así, que fue la amiga quien abrió la portezuela y, al verla desmayada, la despertó y la ayudó a bajarse. La víctima salió entonces corriendo y se refugió en su casa.

La joven presentó la denuncia al día siguiente y acudió al hospital, pero los análisis clínicos no arrojaron resultados, ya que la presencia de las sustancias utilizadas habitualmente en las sumisiones químicas desaparecen del torrente sanguíneo en pocas horas sin dejar rastro.

En todo caso, el informe del IML confirma que los síntomas que presentaba la joven el día de los hechos son compatibles con el uso de sustancias de sumisión química. También asegura que esos mismos síntomas se dan en casos de ingestas muy elevadas de alcohol, pero la joven y los testigos de aquella noche han declarado que sólo bebió las dos copas en el local nocturno, por lo que esa cantidad de alcohol no explicaría la pérdida de consciencia y voluntad descritas por ella y por la amiga que la ayudó a salir del coche.

El acusado niega los abusos

Por su parte, el ahora procesado negó tanto ante la policía como ante la jueza los abusos sexuales. Eso sí, el resto de su testimonio coincide por completo con el de la denunciante, en cuanto a que la invitó a la segunda copa y a que se ofreció a llevarla a casa cuando dijo sentirse mareada. Incluso cuando asegura que la joven estaba desmayada y que, una vez despierta, se fue sin despedirse y que nunca más volvió a establecer contacto con él.

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