16 de agosto de 2019
16.08.2019
Crimen

Maje: Dos años del crimen de la viuda negra de Patraix con el juicio en el horizonte

El 16 de agosto de 2017 moría a puñaladas en un garaje de València el ingeniero Antonio Navarro, en un asesinato urdido por Maje, su mujer, y ejecutado por Salva, uno de los numerosos amantes de ella

16.08.2019 | 11:31
Así fue la detención de los acusados por el crimen del ingeniero en Patraix.

Primeras luces del miércoles 16 de agosto de 2017. Antonio Navarro, un ingeniero civil de 36 años, se levanta temprano para ir a trabajar. Baja al garaje de su domicilio, en el número 14 de la calle Calamocha de València, en el barrio de Patraix. Son las 7.40 horas. Allí encuentra la muerte. Oculto entre columnas y sombras le espera Salvador R. L., amante y compañero de trabajo de su mujer, María Jesús M. C., ya conocida en el imaginario colectivo como Maje, por entonces de 27 años. Empuñando un cuchillo cebollero, Salva le asesta ocho puñaladas mortales.

El garaje donde se cometió el crimen.

El crimen de Patraix fue un auténtico misterio para la opinión pública durante cinco meses. Maje ejecutó el papel de viuda desconsolada durante todo ese tiempo. Incluso leyó una emotiva carta en el funeral de Antonio en Novelda, la localidad natal de ambos. Sin embargo, las piezas no encajaban para la familia del fallecido.


Maje, su viuda, mostró en todo momento demasiado interés por la herencia y la gestión de su paga de viudedad. De hecho, la muerte no accidental del ingeniero iba a reportarle un sueldo de por vida de 1.600 euros al mes.

Pero desde ese 16 de agosto, el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional fue tirando de los pocos hilos que en un principio pendían del crimen de Patraix hasta su resolución. Y ahí fue cuando el trágico suceso saltó a las portadas y los programas televisivos de todos los medios de comunicación.

Corría ya el 10 de enero de 2018. Maje salió de la casa de J., un publicista que se creía su novio formal y que en realidad era el cuarto amante en su haber en el último año y medio largo, a las 10.45 horas. Bajó al portal confiada, como cada día que pasaba con J. Pero esa mañana iba a ser muy distinta: en la calle la espera la Policía, que la tenía en el punto de mira como presunta coautora del asesinato de su marido desde hacía casi cinco meses.

Una hora y cuarto antes, a las 9.30 horas de ese 10 de enero, Homicidios había detenido en la cafetería del Hospital de Manises como presunto autor material del asesinato a otro de los amantes de Maje, Salvador R. L., Salva para los amigos, 20 años mayor que ella, con el que mantenía una relación sentimental desde principios de 2016.

Ambos confesaron que habían planeado juntos la muerte violenta de Antonio y que Salva había sido el ejecutor. Él incluso especificó cómo, cuándo y dónde había comprado el cuchillo cebollero con el que había acabado con la vida del marido de su amante Maje. Y dio detalles al milímetro de cómo lo había perpetrado.

Los dos admitieron los indicios sobre los que descansa la acusación de coautoría para ella, como cooperadora necesaria: le dio presuntamente las llaves para acceder al garaje, le facilitó los horarios de la víctima y propició, al parecer, que él aparcara su coche en lo que iba a ser la escena del crimen.

El juez de Instrucción 14 de València no dudó en enviar a ambos a la cárcel tras tomarles declaración y examinar el minucioso atestado policial. El fiscal tampoco tuvo dudas: pidió prisión incondicional para ambos.

Además, sólo unos días después, el 18 de enero, la policía encontró el arma del crimen: un cuchillo de 14 centímetros de hoja oculto dentro de la fosa séptica del chalé propiedad de Salva en Riba-roja.

El laboratorio de ADN de la Policía Nacional encontró restos biológicos de la víctima en el cuchillo, a pesar de que el arma llevaba cinco meses dentro del pozo ciego, enterrada bajo un lodazal de excrementos cuyo contacto amenazaba con haber hecho desaparecer cualquier vestigio de ADN.

Salvador R.L., asesino confeso, durante la busqueda del cuchillo en una fosa séptica en Riba-Roja. Foto: Germán Caballero

Sin embargo, los agentes consiguieron limpiar el cuchillo, que Salva confesó haber comprado días antes del crimen de Patraix en una ferretería de València con el único objetivo de utilizarlo para asesinar al marido de su amante Maje y compañera de trabajo, y desmontarlo pacientemente.

De este modo, dentro de la junta de engarce entre la hoja y el mango, los especialistas de la Policía aislaron dos perfiles genéticos distintos. Uno de ellos es, presumiblemente, del operario que montó en la fábrica el cuchillo.

Vida en prisión

Maje y Salva, que se habían conocido en el hospital privado religioso de València en el que ella trabajaba como enfermera y él como auxiliar de enfermería, fueron trasladados al centro penitenciario de Picassent, donde permanecen. No ha habido contacto entre ellos, salvo las cartas que ella le dirigió en las primeras semanas a él.

Aún así, Salva se mantuvo firme en exculparla -"por amor", según confesaría al juez- durante los siguientes diez meses. Pero, la ristra de amantes descubiertos por la investigación policial de los que él nada sabía, la nueva relación entablada por Maje en prisión con un recluso panameño y el cambio de módulo -en agosto de 2018 pasó de la Enfermería al recinto con los presos más peligrosos en uno de los reajustes de internos por la sobrepoblación reclusa- le llevaron a pedir declarar de nuevo, y a solas, ante el juez.

De hecho, cuando lo solicitó, en octubre, estaba sumido en un fortísimo estrés emocional, tras soportar constantes mofas e insultos por parte del resto de internos, que lo reconocieron en septiembre al ver su rostro en un reportaje sobre el crimen de Patraix emitido por una televisión privada.

Fue la gota que colmó su vaso. El 9 de noviembre de 2018, en el despacho del juez, y ante su abogada, el de Maje, la viuda de la víctima, los de Antonio y el fiscal, se corrigió a sí mismo y contó que su amante no solo había participado en la elaboración del plan, sino que había decidido el qué, el cómo y el cuándo. Y que le pidió "que no fallara, que lo quería muerto".

La cuenta de Telegram

Dado que Maje se ha negado hasta ahora a facilitar la clave de acceso a su cuenta de Telegram, que encierra la mayoría de las conversaciones no solo con el resto de amantes -a uno de ellos, testigo en esta causa, incluso llegó a intentar convencerle presuntamente de que matara a Antonio-, sino también con Salva, este aportó al juez la contraseña de su correo electrónico, en el que guardó una copia de seguridad, año a año, de todas sus chats con ella. La Policía Científica aún está empleada en el rescate de toda esa información encerrada en su disco duro y que, según él, delata a Maje.

Mientras tanto, la enfermera contrató a un nuevo abogado. Nada menos que al que pasa por ser uno de los mejores penalistas de València, el catedrático de Derecho Penal de la Universitat de València Javier Boix, quien defiende la inocencia de su patrocinada y llegó a pedir el sobreseimiento libre y, por tanto, la libertad inmediata para ella.

A la espera de juicio

El juicio por el crimen de Patraix, que se celebrará con jurado, no llegará hasta después del verano. Mientras, uno y otra permanecen en la cárcel de Picassent, a cuyo régimen de vida, al menos ella, parecen haberse adaptado bien. De hecho, varios reclusos aseguraron que que habían mantenido sexo furtivo con Maje tras citarles por carta.

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