31 de diciembre de 2019
31.12.2019
Violencia sexual

El fiscal pide más de mil años de cárcel por prostituir a menores del Cabanyal

La Audiencia de Tarragona acuerda el ingreso en prisión de dos pederastas valencianos reincidentes por riesgo de fuga a la espera de sentencia contra la mayor red de pornografía de niños sin recursos

31.12.2019 | 00:12
A la izquierda, el valenciano José Cardona y un exagente de la Ertzaintza, presuntos miembros de la red pedófila. A la derecha, los presuntos cabecillas de la trama, que se encuentran huidos de la Justicia.

Más de mil años de prisión para cada uno de los dos pederastas reincidentes detenidos en València en 2016 por pertenecer a la mayor red de producción y distribución de pornografía infantil desmantelada en España. Esa es la pena que solicita el ministerio fiscal para José Cardona Serrat y Martín Rafael Chanzá Almudéver, concretamente 1.088 años para el primero y 1.016 para el segundo, por prostituir, grabar y violar en algunos casos, a menores de entre 10 y 17 años, todos ellos de familias sin recursos, tutelados o en riesgo de exclusión, habitualmente extranjeros, a quienes captaban en las calles del Cabanyal y ofrecían dinero.

Las investigaciones permitieron identificar a 103 víctimas, aunque se calcula que la cifra real de niños explotados sexualmente por esta red, liderada por los dos ciudadanos franceses propietarios de una productora audiovisual catalana, es mucho mayor y supone solo una tercera parte de las víctimas que aparecen en las imágenes. Ambos cabecillas de la trama se encuentran ahora en paradero desconocido y huidos de la Justicia. Durante quince años grabaron películas pornográficas con menores captados en los rincones más vulnerables de España. Más de un millón de imágenes en unos 300 rodajes, según se desprende de las pruebas aportadas en la causa, en la que se analizaron 1.500 DVD y doce discos duros. Muchas de estas grabaciones se realizaron en un piso del valenciano barrio del Cabanyal, en l'Albufera, en el Saler y en un chalé de Xàbia propiedad de Cardona.

La Audiencia Provincial de Tarragona ha juzgado a puerta cerrada a los dos pederastas valencianos reincidentes implicados en los años 90 en otra importante red de pedofilia, a la que también pertenecía Vicente Soler Romaguera, asesinado por dos jóvenes en su piso de la avenida Peris y Valero de València en diciembre de 2016. Tras finalizar las sesiones del juicio y después de que los tres principales acusados fueran declarados en rebeldía al no acudir a la vista oral –dos huyeron tras la primera semana de juicio– la Sala acordó, a la espera de sentencia, el ingreso en prisión provisional de los otros cuatro procesados, entre ellos los dos valencianos, ante el evidente riesgo de fuga, los cargos que se les imputan y las elevadas penas a las que se enfrentan.

De hecho, pese a sus antecedentes, llama la atención que tras su detención en la llamada Operación Trinity, llevada a cabo por la Guardia Civil y los Mossos d'Esquadra, los dos pederastas valencianos apenas permanecieran en prisión provisional año y medio, como informó en su día Levante-EMV. Tanto Cardona como Chanzá fueron condenados en 1996 por su relación con otra red de pornografía infantil por la Sección Quinta de la Audiencia Provincial. Años después, en 2002, la Sección Primera de València les impuso otra condena por abuso sexual a menores.

Las investigaciones se iniciaron en la primavera de 2015 por las sospechas de una madre que tenía a su hijo en un centro de menores de Tortosa y el olfato de una educadora al ver que algunos menores regresaban al centro con demasiado tabaco y dinero. Los Mossos averiguaron la casa que frecuentaban y tras un registro en mayo del 2017 hallaron a dos ciudadanos franceses y a un joven marroquí con una montaña de películas de porno infantil.

Los dos franceses eran Jean-Luc Aschbacher y Christian Arson, dos productores de porno que a principios del 2000 se quedaron sin negocio con la irrupción de los contenidos gratuitos en internet. Ambos captaban a chicos de la calle, hijos de familias rotas o menores inmigrantes desamparados. Tal como relató después una de las víctimas, pagaban entre 10 y 20 euros y desinhibían a los menores con alcohol y vídeos eróticos. Luego abusaban de ellos y lo grababan.

Uno de los niños que aparece en las primeras filmaciones se llamaba Youness en Naciri. Era el más espabilado y los franceses acabaron adoptándolo. El chico hablaba árabe, aprendió a usar la cámara y sabía manejarse con el ordenador. Se convirtió en un anzuelo para captar a más menores de entornos marginales y especialmente vulnerables.

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