En la madrugada del 29 de septiembre de 2019 Matheus Rudolfus de Bruijin, un holandés de 36 años, falleció tras precipitarse desde un séptimo piso en una finca de la calle Ángel de Villena de València. Las pruebas recabadas por el grupo de Homicidios de la Policía Nacional pronto determinaron que se trataba de un homicidio. Así, las numerosas contradicciones del dueño del domicilio desde el que cayó la víctima al vacío, unido a las declaraciones de los vecinos que aseguraban haber escuchado una discusión previa dentro del inmueble, llevó a la detención del sospechoso, David D. A., de 42 años y nacionalidad española, como presunto autor de un delito de homicidio.

El acusado, en prisión provisional desde que fue puesto a disposición judicial, declaró en febrero nuevamente y volvió a insistir en que no tuvo nada que ver en la caída. De hecho, según alegó ante el juez, se encontraba cocinando -pese a que era la una de la madrugada- y no sabe cómo el chico se precipitó desde la ventana del comedor. Respecto a su relación con la víctima y los motivos por los que estaba en la casa, argumentó que se lo había encontrado en un bar y tras estar tomando alcohol decidieron seguir la fiesta en su piso, donde, según él, consumieron cocaína y ketamina.

No obstante, en la autopsia practicada en el Instituto de Medicina Legal de València los forenses solo hallaron en el organismo del fallecido restos de cocaína, pero no de la otra sustancia alucinógena. Asimismo, el cuerpo presentaba lesiones en el cuello compatibles con un forcejeo o intento de estrangulamiento.

De igual modo, aunque el acusado insiste en que no mantuvieron discusión alguna previa, un testigo afirma haber escuchado como alguien gritaba: «¡No, por favor!» justo antes de que se produjera el presunto crimen. Asimismo, cuando los agentes de la Policía Nacional llegaron al lugar y comenzaron a interrogar a los posibles testigos, el sospechoso -que bajó a la calle tras cambiarse la camiseta- les mintió descaradamente diciendo que pensaba que esa persona que yacía en el suelo sin vida se había precipitado desde la planta nº 14.

En prisión por riesgo de fuga

Cuando los investigadores lograron establecer la altura desde la que había caído y procedieron a realizar una inspección ocular en el domicilio donde se habría producido el presunto crimen, el sospechoso ya había limpiado toda la casa, eliminando cualquier posible vestigio de lucha en el inmueble.

Tras ser detenido, el juez acordó su ingreso en prisión provisional, a instancias de la Fiscalía, al apreciar riesgo de fuga, dado los numerosos antecedentes penales del arrestado y la pena a la que podría enfrentarse por un delito de homicidio u asesinato si se establece que la víctima no tuvo posibilidad de defenderse.

Los hechos ocurrieron sobre la una de la madrugada del domingo 29 de septiembre del pasado año cuando el acusado invitó a subir a su domicilio, situado en un séptimo piso de la calle Ángel de Villena de València, a Matheus Rudolfus, un chico holandés de 36 años.

En torno a las dos de la mañana, según el relato de hechos de la Fiscalía, el imputado mantuvo una violenta discusión con Matheus por causas que se desconocen. En el curso de la misma el acusado lo cogió presuntamente del cuello y de los brazos y, «con la intención de acabar con su vida», lo arrojó por la ventana. Fruto de la caída, el hombre murió en el acto por un severo politraumatismo con insuficiencia respiratoria aguda, según detalla la autopsia, la cual apreció también lesiones en el cuello. Un jurado popular será el encargado de dirimir si los hechos ocurrieron realmente así o si como mantiene el acusado, la víctima se arrojó al vacío por causas que solo él podría aclarar.

El presunto homicida también tendrá que dar explicaciones sobre por qué no contó su versión actual en un primer momento y trató de engañar a los agentes de la policía con indicaciones falsas sin reconocer que el fallecido se encontraba en su domicilio cuando se precipitó al vacío.