A las 10.05 horas de hoy, Marta Calvo Burón cumpliría 27 años. Pero no podrá hacerlo porque hace un año, cuatro meses y dos días que murió asesinada por su presunto verdugo, Jorge Ignacio P. J., en prisión mientras se instruye la causa contra él por ese homicidio, los de Arliene Vargas y Lady Marcela Ramos y los ataques a otras doce mujeres más.

Y un año, cuatro meses y dos días después de aquel 7 de noviembre de 2019, la madre de Marta, Marisol Burón, tendrá que celebrarlo en la intimidad porque las restricciones sanitarias tampoco le permitirán esta vez poner en marcha el acto público de homenaje que le piden el cuerpo y el alma. «Es un día doloroso, más doloroso que los demás, si es que eso es posible. No es que siga echándola de menos, es que cada día la echo más en falta. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero yo no veo ese momento. No creo q llegue nunca...».

«Desde aquel día no vivo, sobrevivo. Si sigo en pie es por la fuerza que ella me da y por el amor que yo le sigo dando cada día». Y por las ganas de encontrarla, porque casi año y medio después de su asesinato, sigue sin haber recuperado su cuerpo; sin tener un sitio donde tenerla, llorarla y honrarla. «Es muy duro acostarte cada día sin saber dónde estará. Los días de frío y lluvia son los peores. Pienso: ‘Yo aquí, calentita en mi casa, y mi hija, ahí fuera... ¿Dónde estará, dios mío?»

No desespera. Confía «plenamente en la Guardia Civil, porque sé que siguen trabajando, que no hay un día que no hayan hecho todo para poder devolvérmela. Lo sé porque me lo han prometido. Tengo claro que aparecer, aparecerá», sentencia.

365 días sin Marta Calvo Arturo Iranzo

Marisol confiesa que anhela el momento de ver sentado en el banquillo y condenado a Jorge Ignacio P. J. «Tengo ganas de que llegue el juicio para verle la cara, volver a mirarle a los ojos y decirle: ‘Mírame a la cara otra vez y vuelve a decirme como aquel día en Manuel que no conoces a Marta. ¡Dímelo otra vez!’. Pero prisa no tengo. Ninguna. Ni la quiero. Quiero que la Guardia Civil y el resto de las fuerzas de seguridad se tomen todo el tiempo necesario para que no se escape nada y podamos conseguir que le condenen a prisión permanente revisable. A la cadena perpetua ya sé que no puedo aspirar, pero al menos que cumpla esos 20 años sin descontar ni un solo día».

Recuerda con dolor, pero también con una alegría extraña e infinita el último cumpleaños con Marta. Fue cuando cumplió los 25. En febrero de 2019. «Jamás le había preparado una fiesta sorpresa, y ese año se me ocurrió hacerla. Se puso tan feliz cuando llegó a casa creyendo que nos íbamos a comer por ahí y se encontró con la canción de ‘Cumpleaños feliz’ y con todos aquí cantándosela... Se echó a llorar de la emoción», rememora Marisol con ternura. «A veces pienso que fue así porque sin saberlo, ese iba a ser el último...»

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También confía en que la Guardia Civil averigüe quiénes son «todos esos que le ayudaron, a esconderse y a deshacerse de las pruebas. Y que le siguen ayudando... Tiene uno, no, dos abogados. ¿Quién paga eso? ¿De dónde salía y sale el dinero». Mientras espera las respuestas —y sus consecuencias— con la paciencia tejida a base de esperanza, una confesión más: «Aunque físicamente no estamos juntas, la sigo llevando 24 horas al día en mi corazón. Mentalmente seguimos estando conectadas. Ella me envía la fuerza, lo presiento. Y me dice que esté tranquila».

Y un último mensaje para su presunto ejecutor: «Voy a ser la peor pesadilla de este tipo. No sabe con quién se ha metido… Creía q Marta estaba sola, pero se equivocaba. Y se sigue equivocando...».