En enero de 2009 una anciana de 80 años, que había salido a coger unas naranjas, fue abordada por un desconocido en las proximidades del cementerio municipal de Alginet. Su asaltante la tiró al suelo y la violó durante media hora pese a los gritos desgarradores de su víctima. «Mátame y no me hagas sufrir», le imploraba a su agresor la octogenaria, quien sobrevivió físicamente al ataque, pero no psicológicamente. «No tengo ganas de vivir, desde entonces no duermo por las noches», declaró la mujer al juez poco antes de morir dos años después de la brutal agresión. El presunto violador fue juzgado ayer después de ser identificado por el ADN once años después de la depravada agresión sexual.

«Mi madre no volvió a ser la misma desde aquello, estaba muerta en vida», reconoció ayer la hija de la anciana agredida. «Fue realmente eso lo que la mató, pero después de una larga agonía», asegura mientras mira al agresor de su madre, quien no mostró ningún atisbo de arrepentimiento en el juicio. El Ministerio Fiscal solicita para el acusado una pena de catorce años de prisión y ocho más de libertad vigilada por un delito de agresión sexual a víctima especialmente vulnerable por razón de su edad.

En la vista oral celebrada ayer en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Valencia, Joaquín S. P., de 43 años y nacionalidad española, se limitó a decir que no recordaba nada de lo ocurrido. «Salí de la cárcel el 26 de septiembre de 2008 y me enganché a la droga, y no recuerdo nada». Tampoco supo explicar cómo pudo llegar hasta la ropa interior de la anciana su semen, como así demuestran los informes periciales del grupo de criminalística de la Guardia Civil tras analizar el perfil genético hallado durante la inspección ocular.

Esta prueba resultó clave para su posterior detención, en enero del pasado año. En julio de 2019 Joaquín S. fue arrestado tras protagonizar un incidente con una mujer que estaba siendo prostituida en Alzira. Tras dar su consentimiento a que le tomaran muestras de ADN, según reconoció él mismo ayer, el Departamento de Biología del Servicio de Criminalística del Instituto Armado introdujo su perfil en la base de datos y meses después comprobaron que correspondía con el autor de la citada violación, un varón hasta entonces sin identificar.

Al haber fallecido ya la víctima antes del juicio y no contar con una prueba preconstituida con su testimonio, el magistrado leyó ayer durante la vista oral la declaración que realizó la mujer en sede judicial. El relato de lo ocurrido aquel 16 de enero de 2009 estremeció a todos los presentes en la sala, salvo al acusado.

Eran las 14.30 horas cuando un hombre se le acercó y le preguntó si necesitaba ayuda para recoger unas naranjas de un campo próximo al cementerio de Alginet. Ante la negativa de ésta, su asaltante la empujó y tiró al suelo al tiempo que le decía: «acuéstese que tengo que desahogarme». La anciana indicó entonces que trató de disuadirlo con frases como: «Chico qué vas a hacer conmigo que tengo 80 años y estoy operada de todo». Pero su agresor hizo caso omiso. «Me arrancó las bragas y me sujetó las piernas colocándolas en los hombros, noté que me crujía una», prosigue la mujer en la declaración que hizo en su día ante el juez. «Yo no quería mirar, estuvo una media hora, pensaba que me mataba y yo chillaba pidiendo morir ya».

A la anciana le llamó la atención la tranquilidad con la que su agresor la violó, «no dijo palabrotas, solo decía que vengo a esto y me voy», explicó. De hecho, una vez hubo eyaculado, «cuando terminó me dijo que ya me podía ir». La anciana fue atendida de urgencia en el hospital al presentar múltiples lesiones y desgarros en la zona genital.

«Desde que sufrió la agresión ya no podía vivir sola y por las noches era un sinvivir», explicó ayer su hija, con la que se fue a vivir su madre, quien requería de asistencia diaria y tratamiento ginecológico y psicológico. «Estaba destrozada, se obsesionó con lo ocurrido y siempre estaba con lo del muñeco — en referencia a su violador—. Por los daños morales sufridos, la Fiscalía solicita que el acusado indemnice a sus familiares con 60.000 euros.