El hallazgo de unos restos óseos el 1 de noviembre de 2007 en un barranco de Moncada que investigaba la Guardia Civil y una denuncia por desaparición interpuesta el día 24 de ese mismo mes en la comisaría de Policía Nacional de Burjassot —a escasos diez kilómetros—, donde la familia del desaparecido, Dumitru Ionescu, indica a la policía que la última vez que lo vieron fue el 20 de agosto de ese mismo año. Con estos datos en la mano, para los hijos del fallecido, identificado ahora tras permanecer más de trece años en una cámara frigorífica del Instituto de Medicina Legal de València, resulta incomprensible que los investigadores de uno y otro cuerpo no establecieran la conexión a lo largo de todos estos años y lo atribuyen a una posible falta de coordinación entre la Guardia Civil y la Policía Nacional.

«Es muy duro y doloroso enterarte de que tu padre lleva trece años muerto en un congelador», lamenta la hija de Dumitru, que apenas tenía 18 años cuando éste desapareció después de acompañar a su mujer a comprar a un supermercado de Moncada, localidad donde vivía esta familia de inmigrantes de origen rumano. El hombre, de 53 años, se quedó fuera esperando mientras su esposa hacía la compra, pero cuando ésta salió, éste ya no estaba.

Al ir a casa, pensando que estaría allí, no lo encontró. No podía haber ido muy lejos porque toda su documentación estaba allí, según consta en la denuncia que interpuso la mujer en la comisaría de Burjassot tres meses después de la desaparición. En un primer momento explican que no lo denunciaron al dar por hecho que iba a volver, ya que no era la primera vez que se ausentaba. En Rumanía había estado fuera del hogar varias semanas, pero en esta ocasión les extrañó que después de meses no hubiera dado señales de vida.

«Teníamos la esperanza de que estaba vivo, que se había marchado por su propia voluntad y que algún día volvería o contactaría con nosotros», explica Jorge, el hijo mayor, que entonces tenía 19 años y apenas sabía un par de palabras en español.

«Mi padre y yo acabábamos de venir de Rumanía ese verano y mi hermana y mi madre llevaban un tiempo viviendo en Moncada», argumenta el hijo del fallecido. Sin saber hablar bien el idioma y en un país ajeno, la familia no tuvo conocimiento del hallazgo de los citados huesos en Moncada pese a su publicación en las páginas de Levante-EMV el 4 de diciembre de 2007, donde se informaba de que la Guardia Civil y el juzgado de Moncada estaba tratando de identificar unos restos humanos en avanzado estado de descomposición hallados un mes antes de forma casual por unos niños cuando buscaban una pelota que se les había caído a un barranco. «En esas fechas no leíamos la prensa porque no la entendíamos», explica Jorge.

Pero no era labor de la familia establecer una conexión entre el citado hallazgo y la desaparición de un hombre precisamente en Moncada, mismo municipio donde había sido encontrado un cuerpo esqueletizado sin identificar.

Tras recoger el perfil genético de los huesos hallados el 1 de noviembre de 2007, estos fueron introducidos en el sistema de ADN para ver si había alguna coincidencia. Además, supuestamente la Guardia Civil cotejó como es habitual en estos casos las denuncias por desaparición de esas fechas y de meses anteriores, ya que los forenses databan la muerte de entre un mes y dos antes del hallazgo. No obstante, no obtuvieron resultados.

Si bien es cierto que en ese momento todavía no había sido presentada la denuncia por parte de la familia —fue interpuesta el 24 de noviembre—, los hijos de Dumitru no se explican cómo después de que su madre pusiera los hechos en conocimiento de la Policía Nacional de Burjassot, situada a escasos diez kilómetros del lugar del hallazgo, éstos no indagaran sobre la posibilidad de que los restos fueran los de su padre o que la Guardia Civil no volviera a hacer un rastreo de las denuncias por desaparición, tanto de su demarcación como de sus compañeros de la policía.

Una prueba de paternidad

No fue hasta noviembre de 2019 cuando se retomaron de nuevo las pesquisas para tratar de esclarecer la desaparición de Dumitru al presentar su familia una denuncia en Rumanía a raíz del fallecimiento de la madre de éste, de 92 años, por una cuestión sobre el reparto de los bienes de la herencia, al no constar todavía como fallecido. La mujer e hijos del desaparecido habían regresado a su país natal en 2013.

El pasado verano los hijos, afincados de nuevo en España, fueron sometidos a una prueba genética de paternidad cuya coincidencia con los restos humanos hallados en 2007 daría positiva. El pasado 24 de diciembre la Guardia Civil les informaba de que su padre murió por causas naturales hace ya trece años y que durante todo este tiempo ha permanecido en una cámara frigorífica a la espera de ser identificado. El 23 de abril Dumitru Ionescu era por fin enterrado en el cementerio municipal de València, tal y como informó en exclusiva Levante-EMV. «No te puedes imaginar lo que hemos vivido hasta poder enterrarlo», reconoce la hija, «por lo menos ya descansa en paz».