El menor de edad que fue detenido por el asesinato en Godelleta, en colaboración con su madre, de Isaac Guillén, el policía local de Catarroja jubilado que estaba postrado en una silla de ruedas por una enfermedad degenerativa, confesó ayer en el juicio celebrado en un juzgado de Menores haber participado en el crimen, aunque sostiene que fue su madre la que finalmente lo mató estrangulando a su pareja con los cordones de unas zapatillas.

Es la misma versión que dio en su día a los agentes del grupo de Homicidios de la Policía Nacional. Sobre móvil para acabar con la vida del marido de su madre, el adolescente alegó que era él quien les pidió que le ayudaran a morir, hecho que no comparte el Ministerio Fiscal ni la acusación particular, que solicitan la máxima pena posible que contempla la Ley del Menor.

El acusado, que acaba de cumplir la mayoría de edad, se enfrenta a una medida de ocho años de internamiento y cinco de libertad vigilada como autor de un delito de asesinato sobre víctima especialmente vulnerable.

En lo que respecta a su madre, que permanece en prisión provisional, la causa contra ella sigue en fase de instrucción. En la vista oral de ayer Beatriu F. C., también acusada del asesinato de su marido, acudió en calidad de testigo y se acogió a su derecho a no declarar al ser el procesado su hijo.

Los hechos por los que ambos están acusados ocurrieron la tarde del 1 de diciembre de 2019 cuando el menor, que entonces tenía 17 años, y su madre, «en ejecución de un plan urdido» por ésta, según sostiene la Fiscalía, trasladaron mediante engaños a Isaac, de 45 años y con una incapacidad física que le impedía desarrollar cualquier tarea básica de la vida diaria, hasta el aparcamiento de un centro comercial de Xirivella. Allí le suministraron presuntamente un somnífero.

Antes de llevarlo a la parcela de Godelleta que la mujer del fallecido había alquilado en el mes de octubre, éstos pasaron por el domicilio de una amiga de la madre, a quien le dejaron sus respectivos teléfonos móviles para impedir su localización y dificultar así la labor de los investigadores.

Según reconoció ayer el acusado, una vez en Godelleta y con la víctima adormilada, colocaron en el coche una goma conectada a una botella de butano y trataron de que Isaac se muriera sin causarle ningún dolor.

No obstante, transcurrida media hora, y al comprobar que éste no había fallecido, el joven declaró que su madre le pidió que se quitara los cordones de las zapatillas y que fue ella quien lo estranguló, sin que él pudiera hacer nada por miedo. Finalmente lo enterraron en una fosa, donde permaneció hasta que el 18 de junio de 2020 la policía halló su cadáver tras seguir a la sospechosa hasta la parcela y encontrar la silla de ruedas del desaparecido.

Tras cometer el crimen el adolescente sostiene que quiso ir en varias ocasiones a la policía, porque no podía dormir por las noches y estaba muy arrepentido de lo que habían hecho. Sin embargo, asegura que su madre compraba su silencio con videojuegos y otros regalos.

Incluso lo tenía atemorizado y le hizo creer que si contaba lo que había pasado, ella le echaría toda la culpa y que al ser menor él tendría un mayor castigo, lo cual es obviamente falso, ya que la madre podría enfrentarse a la prisión permanente revisable.