El presunto asesino de Juan Ramón Climent Viguer, de 66 años, ya está en prisión. Se trata de Sergio A. L., de 23 años y con antecedentes por violencia familiar, quien hasta hace unos meses era el novio de la hija de la víctima. El ahora encarcelado fue motivo de discusión habitual entre padre e hija, ya que el primero no aprobaba la relación por la actitud de Sergio, lo que generó más de una intervención de la Policía Local en el domicilio para apaciguar los ánimos.

Tal como adelantó en exclusiva Levante-EMV, Sergio A. L., que trabajaba en una industria de elaborados cárnicos como operario, fue detenido el martes por la mañana, horas después de la puesta en libertad de la hermana de Juan Ramón, arrestada inicialmente por el crimen. Tras pasar dos noches en los calabozos de la Comandancia de València, mientras los especialistas del grupo de Homicidios completaban la investigación, Sergio A. L. fue conducido ayer por la mañana ante la jueza de Instrucción número 5 de Llíria, que ha llevado el caso desde el inicio.

El presunto asesino llegó a los juzgados esposado y escoltado por dos agentes de la Guardia Civil al filo de las once de la mañana. Con mirada sorprendida y aire de desorientación —venía dormido en el vehículo policial pese a lo corto del trayecto— salió del coche, subió la escalera cogido por los agentes y fue directo al calabozo, a la espera de que comenzase su comparecencia asistido por una letrada de oficio.

Finalmente, cuando fue llevado ante la juez, la fiscal y su letrada, dijo que se acogía a su derecho a no declarar, exactamente lo mismo que había hecho un día antes ante la Guardia Civil.

Una vez examinadas las pruebas aportadas por el grupo de Homicidios en su contra en el atestado policial y visto el resultado preliminar de la autopsia, la jueza acordó el ingreso en prisión solicitado por la fiscal por un delito de asesinato, al apreciar que Sergio A. L. actuó con ensañamiento —22 cuchilladas, varias de ellas letales— y alevosía —mermó la capacidad de su víctima al atacar a Juan Ramón po la espalda a sabiendas de que tenía una discapacidad auditiva—.

Tanto durante su estancia en el calabozo de los juzgados de Llíria como ante la jueza, se mantuvo tranquilo e incluso con actitud ausente, la misma que mostró ante los investigadores. Una vez concluida la comparecencia, fue devuelto a la celda judicial, donde esperó mientras la magistrada redactaba el auto de prisión provisional, comunicada y sin fianza.

Sobre las 15.30 horas, salió del juzgado, escoltado de nuevo, hacia el centro penitenciario de Picassent, donde llegó 45 minutos más tarde.

Sergio A. L. ya fue detenido y juzgado hace tres años por agredir a su madre, aunque finalmente no llegó a ser condenado porque la mujer optó por no declarar contra su hijo, lo que dejó a la Fiscalía sin carga probatoria y el caso acabó en archivo.

Además, fue detenido en otra ocasión tras huir de la Policía Local de l’Eliana cuando lo tenían parado para identificarlo tras encontrarle una pequeña cantidad de marihuana, sustancia a la que, al parecer, estaba muy enganchado.

Según ha podido saber este diario, la Policía Local había intervenido en varias ocasiones en el domicilio donde se produjo el crimen, en el número 4 de la urbanización Hendaya de l’Eliana, por conflictos entre Juan Ramón y su hija, muchos de ellos ocasionados por el rechazo que el hombre tenía por Sergio A. L., entre otras cosas, por su dependencia de la marihuana.

Dado que el acusado no quiso declarar ni ha confesado, el móvil no ha sido establecido, aunque la investigación apunta a que tiene relación con esa animadversión de la víctima hacia el ahora encarcelado.

Los bomberos desatascan las esposas al detenido

Un fallo en las esposas obligó ayer a pedir la intervención de tres bomberos del parque de Llíria para desatascar las esposas que le habían colocado a Sergio A. L. La jueza pidió que le quitasen los grilletes para tomarle declaración, pero los guardias civiles que lo custodiaban no pudieron abrirlas, pese a intentarlo incluso con un alicate, así que finalmente llamaron a los bomberos. Aunque portaban cizallas, no fue necesario cortar el metal de los grilletes, que en el último momento sí pudieron ser abiertos con la llave. Fue la anécdota del día.