¿Un imprevisible y desafortunado accidente mortal con dos víctimas o un posible homicidio imprudente de dos niñas? Eso es lo que tratan de esclarecer las investigaciones de la Policía Nacional tras la tragedia del castillo hinchable de la feria de Mislata, que se ha cobrado la vida de dos inocentes niñas de cuatro y ocho años cuando se encontraban disfrutando de una tarde de Navidad saltando en la atracción. El informe policial que será remitido al juzgado se centra en dos puntos clave. Por un lado las condiciones meteorológicas de ese fatídico 4 de enero y la actuación de los responsables ante la alerta por viento. Y por el otro si eran correctos y suficientemente seguros los sistemas de anclaje con los que contaba el citado castillo hinchable.

Es el primero de estos dos aspectos el que está llevando más tiempo a los investigadores, ya que requiere de informes periciales especializados de la Agencia Estatal de Meteorología de España (Aemet), que detallen pormenorizadamente las rachas de viento que se alcanzaron minuto a minuto esa tarde. Las dos estaciones meteorológicas más próximas a Mislata, la del aeropuerto de Manises y la de Viveros, en València, detectaron picos de 72 kilómetros por hora y 57 km/h respectivamente entre las 20.00 y las 21.00 horas.

En el informe anual que autoriza el funcionamiento del castillo hinchable, certificado por un ingeniero técnico industrial en mayo del pasado año, se recuerda que la atracción no debería utilizarse con ráfagas superiores a la velocidad máxima de viento especificadas por el fabricante, que no debería superar los 38 km/h. Según ha podido saber Levante-EMV, éste recomienda su uso con un nivel de velocidad máxima de viento de fuerza 5 en la escala Beaufort, lo que equivaldría a una fresca brisa en la que las hojas de los árboles ya empiezan a balancearse (entre 30 y 39 km/h).

Los peritos meteorólogos deberán establecer los minutos en los que ya se superó la barrera de viento o si como defienden los feriantes que estaban trabajando en la plaza de La Libertad de Mislata esa tarde, se trató de una repentina ráfaga de viento la que levantó la atracción del suelo con una decena de niños jugando en su interior.

El propio fabricante de la atracción recomienda revisar el pronóstico del tiempo en la web de Aemet o mediante anemómetros manuales. «El mejor anemómetro es uno mismo y en cuanto notamos algo de viento somos los primeros interesados en parar para que la atracción tampoco sufra desperfectos», aseguraba un feriante, quien mostró precisamente que en el buscador de su teléfono móvil la página más visitada es la de Aemet. «Es lo primero que hago todos los días», aclara, tanto en la página oficial como en una aplicación.

El Centro de Coordinación de Emergencias 112 de la Comunitat dio un aviso misma mañana del 4 de enero de riesgo de viento nivel amarillo en el interior sur de la provincia de València y toda la zona del litoral.

Hubo otros feriantes con atracciones también hinchables en otras ferias próximas que sí pararon la actividad minutos antes de que se produjera la tragedia a las 20.15 horas, como en Torrent o en la feria de Navidad de València situada junto al puerto. En ella la monitora —figura indispensable para el control de este tipo de actividades según el manual de buenas prácticas de la Asociación Española de Juegos Hinchables (AEJH)— obligó a salir rápidamente a todos los niños que había saltando en el castillo tras alertar con un silbato del riesgo que corrían por el viento.

¿Los anclajes eran correctos?

La segunda pata de la mesa de esta investigación policial para depurar posibles responsabilidades es el sistema de anclaje que tenía la atracción, denominada «Selva hinchable humor amarillo». Agentes de la policía científica realizaron una minuciosa inspección para comprobar los puntos de anclaje del castillo, el cual se levantó desde un lateral al entrar la ráfaga de viento, volcando contra otra atracción de colchonetas a la que estaba atado, y provocando que dos de la menores finalmente fallecidas salieran despedidas, sufriendo ambas sendos traumatismos en la cabeza.

Pese a ser un castillo hinchable de no excesiva altura, seis metros, y con una superficie horizontal de 22 metros de largo por 7,5 de ancho, lo que le otorgaba mayor estabilidad, el hecho de no tener otras atracciones altas o edificios que lo protegieran de la corriente de aire pudo ser un factor determinante en el siniestro. El informe anual, supervisado y ratificado dos días antes de la tragedia por el mismo ingeniero colegiado en Alicante, no detectó desgastes, rozaduras ni desgastes en el sistema de anclaje, y establece que tenía el correcto número de anclajes y argollas situadas a un metro de distancia para tensar la atracción.

Eso sí, ello no quiere decir que el día de los hechos estuviera anclado al suelo. De hecho, en este mismo informe se detalla que existe la posibilidad que en los lugares donde no se puedan colocar estacas en el suelo, la citada atracción se puede asegurar mediante otros dos métodos «igualmente eficaces» como el lastrado a elementos pesados como sacos de arena y su sujeción a puntos fijos —farolas, árboles o bancos—, con los que sí contaba la instalación investigada. Aunque establece un matiz, cada uno de estos puntos de anclaje debe ser capaz de soportar una carga de 160 kilos, cuestión que aún está por determinar si se cumplía.