El ingeniero particular que dio el visto bueno al castillo hinchable de Mislata, en el que dos niñas de 4 y 8 años murieron el pasado 4 de enero y otros nueve menores resultaron heridos al volarse por una ráfaga de viento, realizó la supervisión sin acudir personalmente al recinto ferial. Es más, el técnico, contratado por el feriante, certificó no solo esa atracción, sino también las otras 23 que componían la Feria de Navidad de Mislata, presuntamente, desde Elx, ciudad en la que tiene el despacho profesional.

Así lo concluye un informe del grupo de Homicidios de la Policía Nacional de València que resume la investigación que le había sido encomendada por la jueza de Instrucción número 4 de Mislata ante la sospecha de que el ingeniero ni siquiera estuvo presencialmente en el recinto cuando expidió la certificación que permitía la instalación del castillo y de las otras 23 atracciones de la Feria de Navidad de Mislata.

Los agentes, con mandamiento de la jueza, solicitaron el tráfico de llamadas y los posicionamientos geográficos del teléfono móvil del ingeniero y los resultados parecen inequívocos: ni estuvo en Mislata el 2 de enero, cuando dijo haber inspeccionado 'in situ' las atracciones, ni en los días inmediatamente anteriores o posteriores. 

La primera vez que su teléfono aparece geolocalizado en València, que no en Mislata, es el 7 de enero, cuatro días después del accidente mortal y cinco después de la supuesta supervisión en persona. 

El día que declaró en la Policía

Ese día, recuerda la Policía Nacional en su informe a la jueza, ya fue el que compareció ante el grupo de Homicidios de València para prestar declaración, ya que los agentes lo habían citado como perito certificador que había firmado el visto bueno donde aseguraba que todo estaba en orden.

Es más, la Policía rememora en este último informe, fechado en marzo, que en esa declaración que prestó el 7 de enero en calidad de testigo no solo afirmó haber realizado esa inspección ‘in situ’ el día 2 de enero,  un día antes, aseguró, de que lo hiciera el técnico del Ayuntamiento, sino que aportó detalles que parecían refrendar su presencia. 

Así, dijo que «cuando realizó la inspección del referido hinchable, este se encontraba amarrado a puntos fijos (farolas, árboles, bancos, etc.) con resistencia suficiente hasta una fuerza 5 de viento según la escala de Beaufort, en concreto sobre seis puntos fijos en la totalidad del perímetro de la estructura». Y agregó que era así siguiendo «recomendaciones del fabricante», aunque luego la Policía desmontó esa afirmación al entrevistar al industrial que fabricó el castillo, quien dejó claro que de su nave sale con 30 puntos de anclaje, consistentes en 30 argollas con cinchas específicas para soportar los pesos necesarios, y que de haber estado todos ellos sujetos, la atracción jamás habría salido volando por los aires. Y las niñas, Vera, de 4 años, y Cayetana, de 8, no habrían muerto, concluyó la Policía Nacional.

El ingeniero incluso llegó a utilizar detalles tan concretos como que «las cuerdas y cinchas eran las adecuadas» y que «no recordaba concretamente a qué mobiliario urbano estaba amarrado el hinchable, ya que estuvo viendo otros dos más». La conclusión policial vuelve a ser tajante: «No pudo quedar constatado, pues en ningún momento dicho ingeniero estuvo en Mislata para realizar su trabajo de inspeccionar y certificar que todas las atracciones de la feria estaban en perfectas condiciones para su uso y disfrute».

La estrategia de no aportar fotos

Los investigadores también reparan en que el certificado expedido por el ingeniero dando el visto bueno a esa y al resto de las instalaciones «no vaya acompañado de ningún reportaje gráfico ni fotográfico» para dejar constancia de que tanto el estado de las atracciones como su montaje son los correctos. E infiere que lo hace para «eludir cualquier tipo de responsabilidad si por parte del feriante no se llevara a cabo» ese montaje siguiendo el único parámetro que podía tener a mano, la recomendación del fabricante.

En este sentido, los investigadores consideran que «no basta con reflejar que estaba anclado a diferentes elementos del mobiliario urbano, en concreto hasta en seis puntos que bastarían para aguantar la fuerza del viento, puesto que la elección de esos seis puntos de la atracción donde se amarran las diferentes cuerdas para su anclaje, así como los distintos elementos del mobiliario urbano donde se anclan las cuerdas, quedan de este modo al libre albedrío del feriante, que no posee los conocimientos técnicos para poder asegurar que pudieran resistir la fuerza del viento».