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Caso Abierto - Levante-EMV

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Proceso judicial

Una acusada de asesinar a su novio en Murcia insiste en que un pistolero encapuchado cometió el crimen: "Vi la luz del arma"

Cristina Elena T. cuenta, entre lágrimas, que en el Juzgado de Lorca se rieron de ella: “No se pueden comportar así con una persona que nunca en la vida ha hecho nada”

La acusada, Cristina Elena, declara en la sala de la Audiencia Provincial de Murcia.

Cristina Elena T., la acusada de asesinar a tiros a su novio en verano de hace cinco años en Águilas, aseguró este martes, entre lágrimas, que, cuando prestó declaración en el Juzgado de Lorca, juristas ahí presentes se rieron de ella cuando se confundió en una fecha: la del año en que conoció a su pareja. “No se pueden comportar así con una persona que nunca en la vida ha hecho nada”, manifestó la procesada, que insistió en que fue un encapuchado, pistola en mano, el que mató al italiano. Ella no ha hecho nada, reiteró, ella es "una persona normal y corriente, no una asesina", dijo en la sala de la Audiencia Provincial de Murcia donde se la juzga desde este lunes, en un procedimiento con jurado popular.

La víctima del crimen fue Giuseppe Nirta, de 52 años, hijo de un capo del crimen organizado de la región de Reggio de Calabria. Esta circunstancia pesó sobre los investigadores de la Policía Judicial en un principio, aunque luego el cerco se fue estrechando en torno a la mujer. La Benemérita no cree que la mafia calabresa esté detrás del asesinato de un hombre que recibió hasta siete balazos, el último en la frente, a modo de ejecución. Pero Cristina Elena, que fue detenida más de un año después del crimen, insiste en que no ha hecho nada. En que ella es otra víctima que, afortunadamente, pudo escapar con vida.

La mujer explicó, en el transcurso de su declaración, que su pareja le dijo que trabajaba “en una fábrica de ostras y nunca le habló de ingresos por narcotráfico.

Sobre cómo conoció al italiano, la mujer afirmó que fue en 2015, dos años antes del crimen, ya que el hombre solía acudir a diario al bar en el que ella entonces trabajaba. Y sobre la personalidad del que se convirtió en su novio, detalló que se trataba una persona "muy reservada y educada", a la que jamás vio en posesión de arma alguna: solo poseía una escopeta para matar pájaros, declaró.

Cristina Elena, que se enfrenta a penas que suman 26 años de cárcel (24 por el asesinato, dos más por tenencia ilícita de armas), indicó en los folios que forman parte de la causa que vio al encapuchado “detrás de Giuseppe”. Cuando vio al pistolero "me fui corriendo". Se metió en una calle sin salida y saltó una valla, precisó.

"Vi una luz del arma", comentó, a preguntas de su defensor, Evaristo Llanos, para explicar que recuerda un fogonazo. "He ido al psicólogo y me han dicho que es normal que todavía tengo el susto; he hecho acupuntura porque la pierna se me dormía de noche".

"Había gente que me decía 'asesina', que se burlaba de lo que había pasado", rememora la mujer, de origen rumano y que lleva 15 años en España. Pese a hablar castellano, "hay palabras que tengo que preguntar qué significa", por lo que tuvo problemas a la hora de declarar ante los investigadores: le faltaba vocabulario. "Mi hermano es guardia en Rumanía y jamás he tenido la curiosidad de ver cómo es su arma, o mirarla, o tocarla", subrayó, para hacer ver lo poco que sabe de armas.

Una integrante del jurado preguntó a Cristina si aparcaron el coche en la puerta de la casa o del recinto. "A la puerta de la casa no llegamos: todo lo que pasó, fue justo al bajar del coche", contestó la mujer.

Otro miembro del jurado preguntó si se sabía la contraseña del teléfono de su novio, con el cual avisó al amigo de la víctima, y la acusada relató que el terminal "era nuevo, no tenía contraseña".

Y es que, tras el crimen, la mujer usó el móvil de su novio para "contactar con un conocido de la víctima, contándole que habían disparado a su pareja sentimental, siendo éste, el que realizó llamada a los servicios de emergencias. Cristina Elena en ningún momento llamó a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ni a los servicios médicos para que atendiesen a Giuseppe Nirta", como se lee en la calificación fiscal. Ella se defiende: no telefoneó porque "no sabía dónde estaba".

La fiscal cree que es culpable

"Le disparó en siete ocasiones, la última de ellas en la frente, para evitar que se levantara", apuntaba el lunes la fiscal, Arantzazu Echeandia, al dirigirse al jurado, a quienes pidió "que se olviden de la idea de los fiscales que ven en la televisión". La fiscal, que llegó a emocionarse en un momento de su disertación, dejó claro su independencia, ya que "nosotros siempre actuamos para que se haga Justicia: los fiscales no buscamos una sentencia condenatoria a toda costa", dijo.

En esta segunda sesión de la vista oral comparecieron algunos de los guardias civiles que investigaron los hechos. Dijeron que se siguieron varias líneas de investigación contra distintos sospechosos, aunque finalmente se consideró que las mismas estaban agotadas.

Sobre por qué sospecharon de Cristina Elena, argumentaron que en sus declaraciones iba "añadiendo datos", aunque el giro definitivo que llevó a su arresto fue la presencia de residuos de los disparos en su ropa, especialmente en los bolsillos del pantalón. A juicio de los agentes, había cosas que no cuadraban.

El teniente que dirigió la investigación testificó que sospechó de la mujer porque casualmente se acordaba del número exacto de disparos efectuados en el crimen, y por otra cosa: aunque llevaba también su propio teléfono, usó el de la víctima para llamar a un conocido. También argumentó este profesional que, si hubiese sido cosa de la mafia, no habría dejado con vida a la testigo.

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