Una mujer se enfrenta a una petición de pena de diez años de prisión por prostituir presuntamente a su hija, siendo ésta menor de 16 años, con un septuagenario para el que inicialmente trabajaba la madre limpiándole la casa y ayudándole a hacer la compra. Según la acusación del Ministerio Fiscal, la procesada incitaba a su propia hija a ir a la casa del presunto pederasta –fallecido el pasado año– para obtener un provecho económico, incluso siendo una vez ya consciente de los presuntos tocamientos a los que sometía a la menor.   

No obstante, el testimonio de la propia víctima, que declaró ayer en el juicio celebrado en la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia, desmontó dichas acusaciones al reconocer que no iba a la casa de su presunto abusador sexual, en València, porque se lo pidiera su madre, sino por voluntad propia, aunque sí admitió que su progenitora se quedaba parte del dinero que el anciano le entregaba, unos 50 euros al día por hacerle compañía.

Es más, la menor, que ahora tiene ya 18 años, ante las preguntas de la letrada de la defensa acabó reconociendo que cuando le contó a su madre que este hombre le realizaba tocamientos –le habló de acercamientos sexuales sin entrar en detalles– la propia acusada se enfureció y le prohibió volver a dicha casa, y que fue ella misma quien desobedeciendo a su madre siguió acudiendo a la vivienda.

Los hechos se produjeron en fechas no concretadas pero anteriores a mayo de 2019, cuando finalmente la adolescente contó lo que estaba ocurriendo y la Dirección Territorial de Igualdad y Políticas Inclusivas de la Generalitat declaró el desamparo de la menor. El presunto autor de los abusos, que no ha podido ser llevado a juicio al fallecer en enero de 2021a los 78 años, le pagaba cantidades de entre 50 y 100 euros, la acompañaba a comprarse ropa y a hacerse las uñas, caprichos que éste siempre costeaba.

La defensa de la acusada sostiene que todo el entorno de la menor, familiares y amigas, sabían lo que pasaba, según la propia menor reconoció, aunque no la gravedad de los hechos que allí ocurrían, como obligarla a que se pusiera delante de él las prendas de ropa que éste le compraba, los tocamientos por encima de la ropa o cuando la instaba a acostarse desnuda con él en la cama.