El homicidio de Alfredo Balaguer Ríos, de 55 años, el hombre cuyo cadáver descuartizado y quemado fue encontrado en la mañana del 29 de junio pasado, aún humeante, junto al río Túria en Gestalgar, se produjo dos días antes, en la noche del 27 de junio, en el piso en el que vivía desde hacía años en el barrio de la Fuensanta, en València. Fue golpeado hasta la muerte en el sofá de su casa, descuartizado con una sierra y después, quemado en Gestalgar tras ser rociado con gasolina que compraron de camino al paraje conocido como Peña María. Ahora, hay cuatro personas detenidas por ese brutal asesinato, tal como adelantó ayer en exclusiva Levante-EMV.

Los detenidos por el homicidio son la mujer a la que había alquilado una habitación en su piso, Pilar C. E., de 52 años; su pareja sentimental, Luis Marcos G. T., de 51 años; la hija de Pilar, L. M. C., de 19 años; y el novio de esta, A. G. C., de 23. Fue el coche de este último, un BMW antiguo que la Guardia Civil requisó el miércoles por la mañana, en el que trasladaron los restos de Alfredo hasta Gestalgar. Lo hicieron en el maletero, donde ayer los especialistas en Criminalística de la Comandancia de València encontraron trazas de sangre pese a que habían metido los fragmentos en bolsas de basura que, a su vez, introdujeron en un contenedor de plástico que usaban en el piso para guardar las mantas.

Son algunos de los detalles truculentos de un homicidio que tiene su origen en la mala relación de la inquilina y el novio de esta con Alfredo, y que habían llegado a un punto sin retorno cuando Pilar C. E. denunció al primero por amenazas graves el 25 de junio, lo que supuso su detención. El hombre quedó en libertad el 27 y regresó al piso, en el que estaban viviendo ellos tres, así como la hija de Pilar y el novio de la chica. Esa noche, la del 27, según la versión que ha dado Pilar –su pareja se ha negado a declarar–, representada por la penalista valenciana Mónica González Crespo, su hija L. y A., su novio, no estaban en casa porque se habían ido a casa de la abuela del chico.

Un móvil económico. ¿Quién lo mató?

La detenida afirma que el asesinato de Alfredo se produjo la misma noche en que regresó al piso, en la calle Escultor Salzillo, a manos de su pareja «porque Alfredo me pegaba», versión que los investigadores del grupo de Homicidios de València, no creen en absoluto. Los agentes tenían identificados a los cuatro desde principios de julio. Habían llegado hasta los ahora detenidos tras identificar a Alfredo a partir de una placa de titanio implantada en una vértebra lumbar hallada durante la autopsia.

Nada más averiguar con quién vivía y la existencia de la denuncia de la inquilina hacia él, que acabó con su detención, supieron que habían dado en el clavo. Pero, ¿quién ejecutó el crimen? ¿Pilar? ¿Su pareja? ¿Quién de los dos tenía un móvil más claro? Las investigaciones, incluidas las correspondientes conversaciones telefónicas, empezaron a dibujar un claro móvil económico tras el crimen de Alfredo, a quien le ha desaparecido el dinero que tenía en su cuenta corriente.

La principal sospechosa, según se desprende de la investigación, es Pilar C. E. Pero ella incrimina a Luis Marcos G. T., su pareja, y hasta ha llegado a declarar que calló la muerte de Alfredo por miedo a su novio, de quien afirma que la maltrataba y agredía sexualmente, además de amenazarla de muerte.

Luis Marcos, por su parte, se ha negado a declarar hasta ahora. No lo ha hecho ante la Guardia Civil, pero hay muchos indicadores que hacen pensar que sí lo hará hoy ante la jueza de Instrucción 4 de Llíria que lleva el caso y que hoy recibirá a los detenidos. Quizás, es una participación conjunta.

Los detenidos por el crimen del hombre quemado en Gestalgar, tras el registro

Los detenidos por el crimen del hombre quemado en Gestalgar, tras el registro Teresa Domínguez

"No escuché ni un 'ay'. Yo no vi nada"

La acusada, quien asegura que ella no estuvo presente ni en el homicidio ni en el descuartizamiento, y que «ni siquiera escuché ni un ‘ay’ ni vi nada porque ya estaba en mi cuarto para dormir», afirma que Luis Marcos mató a Alfredo a puñetazos y golpes y que «el primero se lo dio en el esternón» cuando la víctima estaba sentada en el sofá de casa. También, que el descuartizamiento, con una sierra, se produjo en ese mueble.

Agentes de Criminalística encuentran una ingente cantidad de sangre en proyección en la pared ubicada tras el sofá

Agentes de Criminalística localizaron ayer una ingente cantidad de sangre impregnada en forma de proyecciones en la pared trasera del sofá mediante el uso de luces forenses durante la inspección ocular del piso, en la que estuvieron presentes las letradas Mónica González y Amparo Álvarez García junto a otros dos abogados más, en representación de los cuatro detenidos, quienes aguardaron custodiados en el portal de la finca hasta que fueron subidos a la casa para practicar el registro.

El sofá ha desaparecido del piso

Según la versión aportada por la detenida, tras matar y descuartizar a Alfredo, Luis Marcos entró en la habitación y se echó a dormir. Cuando ella le preguntó qué había hecho, afirma que se limitó a decirle: «Esta ya no vuelve a pegarte más». Sin embargo, no ha explicado quién y cuándo limpió la vivienda, y tampoco qué fue del sofá, que ayer ya no estaba en el piso.

Sí dijo que los restos de Alfredo, metidos en bolsas y en el contenedor de plástico, permanecieron 24 horas detrás del sofá y que, después de convivir un día entero con el cadáver (tiempo durante el cual la Guardia Civil cree que limpiaron el piso) ella llamó a su hija al día siguiente para pedirle que acudiera con su novio a casa. Le explicó que tenían que "llevar una caja a un sitio". El sitio era Gestalgar.

Compraron la gasolina de camino

Afirma que ella se quedó en casa mientras Luis Marcos, su hija y el novio de esta y dueño del coche se fueron en el BMW del chico, con los restos de la víctima en el maletero, hacia Gestalgar. Era la noche del 28 de junio

Por el camino, pararon en una estación de servicio y compraron una garrafa de gasolina, algo que los investigadores de Homicidios de la Guardia Civil ya habían averiguado semanas atrás. Después, fueron al paraje junto al Túria en Gestalgar, que conocían porque todos ellos son de la comarca del Camp de Túria, y dejaron la caja con los restos en la orilla. Luego, la cubrieron con una enorme pila de leña y troncos de arrastre del río hasta formar una auténtica pira funeraria, rociaron todo con gasolina, le prendieron fuego y se fueron.

La identificación de Alfredo: la prótesis

El cadáver de Alfredo Balaguer Ríos quedó reducido casi a cenizas, irreconocible. Estuvieron a punto de conseguir su objetivo: que nadie pudiese resolver el crimen. Ni el ADN ni la dentadura han servido para ponerle nombre y apellidos a aquel amasijo de huesos calcinados. Menos aún las huellas: no quedaban tejidos blandos en el cuerpo, consumido por una fogata que alcanzó una temperatura cercana a la de los hornos crematorios.

Por fortuna, la operación a que había sido sometido hace unos cinco años y que precisó de la implantación de una placa de titanio y acero para corregirle un problema en una vértebra lumbar acabaría siendo la clave para idetificarle. Como todas esas piezas quirúrgicas, la prótesis llevaba grabado un número de serie.

A partir de esa numeración, los agentes averiguaron, a través del fabricante, en qué hospital había sido utilizada. Después, ya solo hubo que preguntar por el nombre del paciente. Esa identidad les llevó a la denuncia que le interpuso Pilar C. E. el 25 de junio y el foco policial la iluminó de lleno a ella y al resto de los ahora detenidos.