Ni una sola de las personas que conocían a Alfredo Balaguer Ríos, el hombre asesinado y descuartizado en un piso del valenciano barrio de la Fuensanta y quemado después en Gestalgar, son capaces de decir una mala palabra de él. Era un hombre querido en el barrio, en el que vivía desde hacía muchos años.

Ni en el bar de debajo de casa, ni los amigos de toda la vida ni los vecinos. Una de sus mejores amigas, Gloria, llegó ayer temblando y deshecha en lágrimas al portal. Acababa de enterarse.

Llevaba semanas preocupada porque no sabía nada de él, ni su teléfono funcionaba. Llegó a estar convencida de que «esa tipa» lo había vuelto a denunciar y que «lo habían metido en prisión». No es de extrañar. Pilar C. E. había logrado que detuvieran a Alfredo el 25 de junio tras acusarle de malos tratos, cuando "ni eran pareja, ni nada que se le pareciera. Al contrario, él estaba harto de ella y no quería ni verla". De hecho, dos días después regresó a casa. Fue el día que lo mataron.

El móvil económico

«Estaba amargado, porque le estaban quitando el dinero de la cartilla, y no conseguía que se fueran de casa. Se lo decíamos: ‘Échala de casa’. Pero no consiguió que se fueran. Y mira ahora lo que le han hecho...», dice sin poder evitar el llanto ed nuevo. «Alfredo no se metía con nadie. Era una bellísima persona. Una persona maravillosa. Nadie merece esto, pero él menos que nadie merece la canallada que le han hecho».