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Córdoba

30 años sin Soledad Donoso: su asesino no ha sido juzgado

El 28 de septiembre de 1992 la joven salió de su casa para no volver | Su cadáver apareció días después en el río tras ser "brutalmente asesinada"

María del Mar Donoso muestra una fotografía en la que aparece su hermana. Óscar Barrionuevo

Soledad Donoso fue "brutalmente asesinada" después de desaparecer la tarde del 28 de septiembre de 1992 cuando salió de su casa, en el barrio de San Pedro, en Córdoba, para ir a trabajar. Se piensa que en el camino subió a un vehículo de alguien conocido -se ha buscado siempre un Golf GTI rojo- y es ahí cuando su pista se pierde. Días después, su cadáver fue localizado en el río Guadalquivir, semihundido y en estado de descomposición, por un joven que cazaba pájaros por la zona.

La Policía Nacional no permitió entonces que nadie de la familia identificara el cadáver de la joven, cuyos restos ni siquiera pasaron por la iglesia. Se interrogó a varios sospechosos, entre ellos, el que la familia sigue pensando que es su asesino -un joven con el que tenía una relación-, y otro chico cuyo teléfono apareció en la habitación de Sole, que negó conocerla y que no tenía coartada para aquel día. Este segundo sospechoso pasó una semana en la cárcel en Sevilla y salió por falta de pruebas.  

Los juristas y criminólogos que se han acercado a lo largo del tiempo a aquella investigación han coincidido en señalarla deficiente, al margen de que las técnicas criminalísticas de los años 90 no son lógicamente las actuales. Tampoco, y no es menos baladí, se tenía la perspectiva que ahora tenemos de la violencia de género. "Ahora hubiera sido completamente distinto", apunta María del Mar Donoso, hermana de la víctima, que no ha dejado de luchar por que no se olvidara el caso. 

Los sospechosos y quienes vieron por última vez con vida a Sole fueron de nuevo interrogados cuando se reabrió la causa judicial. La intervención de un criminólogo canario, Félix Ríos, imprimió un giro de 180 grados. Su pesquisas y la apertura de una página en Facebook y un teléfono ofrecieron nuevos testimonios (uno de ellos situó un Golf rojo cerca de donde se encontró el cadáver de Sole) y pistas. 

"Durante 20 años, desde que la mataron hasta que en 2012 empezamos a tratar de reabrir el caso, no nos llamó nadie, nadie se interesó por ella, solo los programas de televisión a los que conseguía ir para contar lo ocurrido o las cartas que cada año he publicado", recuerda María del Mar, que habla de "impotencia" e "injusticia" cuando se refiere a la historia que ha marcado el destino de ella y de su familia. 

El caso de Soledad Donoso es tan irregular que hubo que esperar 20 años para que su familia supiera con certeza que había sido "brutalmente asesinada", después de que le practicaran una autopsia, y a 2018, para que sus restos pudieran recibir de nuevo sepultura. "Cuando la incineramos empezó mi duelo. Pensaba: ¿ahora qué hago si ya no hay nada por lo que luchar?". 

El caso se ha sobreseído y reabierto en varias ocasiones. En 2018, la familia esperó con muchas esperanzas los resultados de unos análisis de ADN que se hicieron en un mechero y un jersey de Soledad que no fueron investigados en su día. Por desgracia, las pruebas practicadas en un laboratorio de Santiago de Compostela no arrojaron datos concluyentes. En la actualidad, el caso está abierto a la espera de que se resuelva el recurso que presentó la familia a la enumeración, revisión y correcto empaquetamiento de las pruebas. En todo este tiempo, han reclamado sin éxito un mechón de cabello que "nadie sabe donde está" y supuestamente se recogió en el lugar del crimen.  

Duelo

Estos años, cada miembro de la familia Donoso ha elaborado el duelo como ha sabido o podido hacerlo. María del Mar casi ató su destino al de su hermana Sole, en cuya tumba prometió no cejar hasta encontrar a su asesino. A veces, admite, las fuerzas le flaquean y piensa que le ha fallado y lo mejor sería que acabara todo. "Durante muchos años mi razón de vivir ha sido seguir luchando por el caso de mi hermana", explica. "A mi madre siempre le he dicho que el caso lo cerraría un juez, que de nuestra mano no iba a quedar arrojar la toalla. Pero han pasado tantas cosas... A veces quiero autoconvencerme y pienso que si no hay justicia humana, al menos habrá justicia celestial". 

El 28 de septiembre de 1992 Soledad salió de su casa para no regresar. Hoy, 30 años después, el autor del crimen sigue sin ser juzgado. 

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