Maquinaria y tintas compradas en China para fabricar dinero falso en forma de billetes de 500 euros que después compraban bandas de narcos para timar a otros traficantes en la compra de grandes partidas de droga, especialmente cocaína. Y entre medias, alguna compra cara para irlos colocando poco a poco en el mercado ‘blanco’.

Así funcionaba la red que se esconde detrás del mayor laboratorio europeo de producción de billetes falsos de 500 euros, de cuyo desmantelamiento informó en exclusiva Levante-EMV el pasado 22 de septiembre, tras producirse detenciones en Sagunt, Xirivella, la Nucia, Altea, Terriente (Teruel) y en los municipios barceloneses de Sant Cugat del Vallés y Cervelló.

Es precisamente en esta última ciudad, en una discreta y tranquila zona de campo a solo unos kilómetros del área metropolitana de Barcelona, donde comenzó una de las investigaciones policiales, en este caso la de los Mossos d’Esquadra, después de que el dueño de una tienda de bicicletas denunciara que un cliente le había pagado con dos billetes falsos de 500 una bici eléctrica, algo que descubrió cuando fue a ingresar el dinero en su banco y le advirtieron del engaño.

El líder, arrestado por otro laboratorio de falsificación en Gandia en 2009, creó la banda en la cárcel de Picassent

Dos días más tarde, otro vecino alertó a los Mossos del hallazgo de una mochila en un descampado en cuyo interior había 4,3 millones de euros en fajos de los mismos billetes.

El regreso de Tomás, el falsificador de Gandia

Al mismo tiempo, la Brigada de Investigación del Banco de España de la Policía Nacional llevaba un tiempo detectando billetes sueltos por todo el territorio nacional, de cuyo análisis se intuyó que habían sido fabricados por un viejo conocido: Tomás, un valenciano detenido en 2009 con un laboratorio de billetes de 500 euros que, desde Gandia, imprimía para toda España y con el mismo fin: comprar grandes partidas de cocaína. Tomás cumplió condena en la cárcel de Picassent, pero ahora ya llevaba un tiempo fuera. Y las nuevas falsificaciones llevaban su sello de calidad: habían sido creadas utilizando la misma técnica y conocimientos. 

La sospecha se vio definitivamente refrendada cuando especialistas de la Policía Científica hallaron en esos billetes vestigios no solo de Tomás, sino de seis de sus más estrechos colaboradores, precisamente con los que había hecho un grupo muy unido durante su estancia en la cárcel valenciana, donde cada uno de ellos había entrado por una especialidad criminal distinta.

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Desmantelado en València y Alicante el mayor laboratorio de falsificación de billetes de 500 euros

Una vez en la calle, volvió a reunirlos a todos y montó un nuevo laboratorio gráfico, esta vez en una nave de un polígono de Xirivella. La producción, que iba viento en popa, se cortó en seco a los tres meses, cuando ya había generado 8 millones en billetes de 500, que vendía, principalmente, a narcos tras aplicarles un 5 % de ganancia.

Fue la brusca irrupción en escena de la pandemia la que dejó a Tomás en el dique seco, ya que el cierre de fronteras le impidió seguir comprando la materia prima necesaria para imprimir y que traía de China, país donde también había adquirido la maquinaria.

Días de vino y de rosas

Durante ese ‘feliz’ trimestre, Tomás se dedicó a vivir y disfrutar de las ganancias con su mujer y la hija de corta edad de esta en una acomodada vivienda de la Nucia. En cuanto pudo, trasladó el laboratorio desde la nave de Xirivella a otra más pequeña y discreta en l’Alfàs del Pi, cercana a su domicilio, pero no lo puso en marcha, sino que dejó la maquinaria almacenada, a la espera de tiempos mejores para seguir fabricando dinero falso, al tiempo que seguía liberando billetes prepandemia, pero en cantidades más pequeñas.

A lo largo del siguiente año, buscó financiación para poder trasladar ese laboratorio a un lugar seguro –inicialmente, la idea era irse a Brasil, pero acabó desechándolo y apostó por Francia– y volver a producir a todo lo que diera la imprenta. Pero tuvo mala suerte.

Para entonces, el equipo conjunto de Policía Nacional y Mossos d’Esquadra ya había localizado el almacén de l’Alfàs y había reunido suficientes pruebas contra la organización como para diseñar la operación desplegada el pasado 21 de septiembre en València, Alicante, Teruel y Barcelona adelantada por este diario.

Finalmente, fueron doce los detenidos, acusados de falsificación de moneda y pertenencia a grupo criminal, y nueve los registros –seis viviendas, dos naves y una caravana–, autorizados por el juez de Instrucción número 4 de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona), que ha dirigido las investigaciones desde el inicio. Entre los arrestados está, por supuesto, Tomás como líder indiscutible del proceso de impresión, así como sus principales distribuidores en las varias provincias. Varios de ellos, incluido el líder, se encuentran ya en la cárcel por orden del citado magistrado.