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Sentencia

Condenado a pagar 113.000 euros por "torturar" a sus vecinos de Palma con unas obras que duraron tres años

El propietario del inmueble tendrá que indemnizar a los dueños del piso de abajo por el daño moral sufrido

Condenado por «torturar» a sus vecinos con unas obras que duraron tres años. PERE JOAN OLIVER

La Audiencia de Palma ha condenado a un ciudadano alemán a indemnizar a los vecinos que viven en el piso de abajo de su casa, por el calvario que sufrieron durante los casi tres años y medio que duraron las obras de reforma de su inmueble, ubicado en la calle Cataluña. El extranjero tendrá que indemnizar a los perjudicados con la cantidad de 113.000 euros, una cantidad inédita hasta la fecha al cuantificar el daño moral sufrido por unas víctimas.

Es la cantidad que solicitaba la abogada Eva Munar, a quien los tribunales le han dado la razón, al estimar en su totalidad la demanda que presentó en nombre de sus clientes. La indemnización se debe abonar en concepto de daño moral.

Este ciudadano alemán adquirió dos pisos de una céntrica finca. Fueron las dos viviendas situadas en lo más alto del edificio. Su deseo fue juntar los dos domicilios, convirtiéndolas en un único inmueble en forma de dúplex. Pero para ello era necesario una reforma completa.

Antes de iniciar las obras el nuevo propietario quiso conocer a los que iban a ser sus vecinos. Se presentó en cada vivienda y regaló a los propietarios una botella de champan francés. Era una especie de compensación por las molestias que iban a ocasionar las obras.

Ninguno de los propietarios sospechó nunca que la reforma de los dos pisos superiores iba a durar casi cuatro años. Un tiempo en el que los vecinos que vivían en el piso de justo debajo del inmueble en obras sufrieron un auténtico calvario. Fueron meses de ruidos por golpes, que también afectaron a su propia vivienda. Se les cayó parte del techo (aunque sin heridos) y algunas ventanas quedaron desencajadas, de tal manera que cada vez que llovía, se inundaba su casa.

El propietario alemán contrató una grúa para subir el material que necesitaba para la reforma a su piso. La grúa solo alcanzaba la séptima planta, es decir, se situaba a la altura de los vecinos a los que más perjuicios ocasionaba la reforma. Estos propietarios temían que, a través de la grúa, cualquier persona podía entrar en su domicilio, de tal forma que no se atrevían ni siquiera a salir a la calle, para poder vigilar su casa. También renunciaron a marcharse de vacaciones, por el mismo motivo.

La sentencia de la Audiencia describe el calvario que tuvo que sufrir este matrimonio durante los meses que duraron las obras. El tribunal incluso utiliza la palabra tortura para explicar la situación que tuvieron que padecer los dos perjudicados.

El matrimonio que padeció esta situación llegó a sentir, según detalla el tribunal, una sensación «anímica de inquietud, pesadumbre, temor e incertidumbre» porque las obras del vecino no terminaban nunca. No tuvieron más remedio que buscar la ayuda de la abogada, que les aconsejó que presentaran una demanda y reclamaran al vecino germano todos los daños morales que les había ocasionado esta reforma.

Se da la circunstancia que el ciudadano alemán no contestó a la primera demanda. Sin embargo, al dictar sentencia en su contra alegó ante la Audiencia que los hechos que habían prescrito, afirmación que el tribunal ha rechazado. Ahora, además de los gastos de la reforma, tendrá que indemnizar a sus vecinos de abajo.

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