Entrevista

El 'abogado de los narcos': "Con la represión no se acaba con ellos"

La 'Marbella' de Movistar Plus+ ha convertido a Ricardo Álvarez-Ossorio en uno de los abogados más famosos, y mediáticos, de España. Y la defensa de Cándido Conde-Pumpido Varela, hijo del presidente del Tribunal Constitucional, ha sido la guinda del pastel

Ricardo Álvarez-Ossorio.

Ricardo Álvarez-Ossorio. / AF

Salvador Rodríguez

Aunque en la cartera de su bufete con sede en Cádiz, se tramitan toda clase de delitos penales, a Ricardo Álvarez-Ossorio (Vigo, 1972) ya se le conocía, desde los años 90, por haberse “especializado” como abogado defensor de algunos de los más destacados narcotraficantes que operaban, y operan, en la costa andaluza, particularmente emanadora de noticias en los últimos meses, sobre todo a raíz del asesinato de dos guardias civiles en Barbate. En algunos círculos lo apodan “el abogado del diablo”, y aunque no esté de acuerdo, disimula la molestia recurriendo al humor (galaico-gaditano) y a los datos: y es que las estadísticas le encantan, será por aquel lejano trabajo, que durante un verano, desempeñó en una entidad bancaria: “Cuando yo empecé -cuenta- en los años 90, es cierto que el 95 por ciento de mis clientes estaban metidos en el crimen organizado, pero eso ha ido cambiando. Después de 30 años de trayectoria profesional, en nuestra cartera figuran directores de bancos, interventores, oficiales de la policía y la guardia civil, grandes empresarios…”

¿En porcentaje?

Pues, ahora mismo, tengo un 60 por ciento de clientes relacionados con el crimen organizado y un 40 por ciento de los otros. Pero me siguen llamando “el abogado del diablo”. ¿Qué le voy a hacer?

Álvarez-Ossorio, con el actor Hugo Silva, protagonista de “Marbella”.

Álvarez-Ossorio, con el actor Hugo Silva, protagonista de “Marbella”. / Netflix

¿Qué le parece su presunto “alter ego”, el actor Hugo Silva, protagonista de la serie Marbella. ¿Se ajusta a la realidad?

Cuando la serie estaba en fase de pre-producción, me llamaron y me dieron a entender que requerían mis servicios como asesor del guion para explicar cómo funcionaban ciertas cosas, sobre todo las concernientes a los procesos jurídicos. El problema es que, subrepticiamente, fueron tomando nota de algunas de mis señas de identidad, principalmente las estéticas, y hasta me llevaron a Marbella a Hugo Silva para presentármelo y que le pudiese aportar algo sobre su personaje. Pero, cuando me di cuenta, me topé con que estaban replicando mi vestuario, mis coches, ciertos aspectos de mi vida…y, claro, el efecto, muy propio de estas series calificadas de “realidad ficcionada”, es que la gente enseguida identifique al personaje conmigo mismo.

Y no es así…

No, qué va. Ese personaje hace cosas y cruza líneas que yo nunca he cruzado ni cruzaré jamás. Y yo no me comporto con la fachatez con la que se comporta el personaje que ha creado Hugo.

¿Cómo pudo escapársele así su imagen?

¡Ya te digo! A mí se me presentaban los guiones, me preguntaban por las cuestiones judiciales, por puntos de referencia…pero no tuve ningún control. De hecho, no conocí el contexto completo hasta que vi el primer episodio.

Y eso, aparte de lanzarle mediáticamente, ¿le ha dado problemas?

Desde luego, ha sido mucho más mediático de lo que me esperaba (ríe). Y, bueno, mi hijo ve la serie y me pregunta. Y, por supuesto, tengo que decirle que yo no hago ni actúo como lo hace ese “abogado”.

Y a usted ¿qué le ha parecido la serie?

Como espectador me ha gustado mucho. Pero sólo como espectador.

Ricardo Álvarez-Ossorio.

Ricardo Álvarez-Ossorio. / AF

Cuénteme entonces la historia real: ¿Cómo empezó su carrera como abogado especializado en defender a personas implicadas en casos de narcotráfico?

Cuando acabé la carrera de Derecho en la Facultad de Jerez de la Frontera, comencé enviar curriculums a todas partes, buscando un curre con el que al menos ganar unas pesetillas para el verano. Un día me llegó una propuesta de sustitución en la sede de una entidad bancaria en Rota, y ahí me apunté, sin saber muy bien qué iba a hacer exactamente, aunque supuse que, como yo hablaba inglés, les venía muy bien para atender a los clientes de la base americana de Rota. Era una plaza de cajero de ventanilla. Pero, claro, yo, que vivía con mis padres en Cádiz, me tenía que levantar a las 6 de la mañana, porque la oficina abría a las 7 y media, y como era el novato, me encomendaban que preparase todo para que se pudiese abrir al público. El curre lo acababa a la 3 de la tarde pero, de allí, luego me iba a un despacho de pasantía en Arcos de la Frontera, sin cobrar nada, solo por adquirir experiencia, con lo cual regresaba a casa a las 11 de la noche y totalmente derrengado. ¡Y encima tenía que volver a madrugar al día siguiente! La verdad es que aquel fue uno de los veranos más duros de mi vida… Porque también estaba apuntado al turno de oficio, donde se cobraban 25 mil pesetas por caso…y yo estaba dispuesto a aceptar cualquier tipo de caso.

¿Cuál fue el primero?

Uno de divorcio. ¡Menudo lío! Era un matrimonio que me llamaba constantemente, a cualquier hora, quejándose el uno de la otra y la otra del uno. Y no lo aguanté. Es más. Creí que lo mejor sería que asimilase que mi futuro estaba en la banca donde, a fin de cuentas, y aunque no me gustase, no se cobraba del todo mal.

Y fue entonces cuando…

Cuando me llegó un segundo caso. Se trataba de defender a un chaval de unos 21 o 22 años acusado de tráfico de 200 kilos de hachís. Evidentemente, en principio no era un caso para mí, que apenas tenía experiencia, sino para un abogado veterano, pero me lancé, accedí a defenderlo y, cuando fui a visitarle a prisión, no sé exactamente por qué, le caí en gracia a aquel chico, y desde entonces confió totalmente en mí. Creo que tuve varios fallos técnicos, pero también mucha suerte, pero conseguí su libertad pagando una fianza de 500.000 pesetas. Cuando le comuniqué al chaval que al día siguiente podría salir de la cárcel, no veas lo contento que se puso, ni se lo podía creer. ¡Daba botes de alegría! Me estaba profundamente agradecido.

Y a partir de ahí…

A partir de ahí me percaté de que disponía de un buen campo de acción para ejercer de abogado defensor, porque el chaval me pagó muy bien, así que descubrí que podría dejar el trabajo en el banco, que detestaba cada vez más, y encima poder ganar mucho más dinero, muchísimo más. Y como supongo que mi defendido habló bien de mí a sus colegas, imagino que, gracias al boca a boca, me aparecieron más clientes de ese tipo. Total, que yo tenía 23 años y, cinco después, a los 28, mi cartera se amplió muchísimo porque se me abrió un mercado enorme en el que trabajar. A esa edad (28) fue cuando asumí la defensa de El Nene (Mohamed T.A, hispano-marroquí, todo un mito pionero del narcotráfico en las costas sureñas).

En el despacho de su bufete en Cádiz.

En el despacho de su bufete en Cádiz. / FDV

Cuando acepta un caso de narcotráfico ¿le da igual que el acusado, su cliente, sea culpable o inocente?

A mí lo que me importa es que el caso me atraiga. Si el caso no me gusta o por alguna razón me hace sentir incómodo, lo rechazo directamente. Y si lo acepto, el segundo paso es quedar con el cliente para que me se me sincere. Esto es muy importante, porque me resulta básico saber en qué campo estoy jugando. Los casos en que me dicen que son inocentes son especialmente estresantes para mí, porque como los asuma y los condenen….me caigo con todo el equipo ¿sabes? Porque es que desde fuera se cree que el sistema va a hacer su trabajo por inercia, casi sin que intervengas, y que si de verdad es inocente va a salir libre, pero hace falta que esté alguien al lado del acusado para ir “tallando la figura”.

O sea, que si su defendido le confiesa que es culpable de lo que se le acusa, se estresa usted menos.

¡Claro! Porque si lo condenan … era lo que le tocaba. Y si lo absuelven pues ¡no veas! “¡Eres el mejor!”, te dicen . Por otra parte si, por ejemplo, el fiscal pide diez años de condena, y sólo lo sentencian a tres, también es un triunfo mío. Por el contrario, si la condena es la misma que pide el fiscal, para mí es un fracaso. Y yo en estos círculos no puedo permitirme ciertos fracasos, ya me entiendes: se pierde prestigio entre la clientela.

"Me han propuesto varias veces entrar en el “negocio”, pero siempre lo he rechazado: hay líneas rojas que no se deben cruzar”

¿Algunos de sus defendidos con éxito le han propuesto entrar en el “negocio”?

Al principio me lo proponían muchas veces, pero a medida que avanzaba en mi trayectoria, cada vez menos, porque saben que siempre lo rechazo. Puedo aceptar regalos, eso sí, pero, mira, yo vivo muy bien tal y como estoy, no necesito meterme en otros líos. Por experiencia de haber defendido incluso a profesionales de la justicia, y a policías, que cayeron en el peligroso juego de los malentendidos, sé perfectamente, y lo aplico, que hay líneas que nunca se deben cruzar.

Los clanes de la droga suelen tienen sus diferencias entre sí, y a veces se manifiestan muy violentamente. ¿Ha temido por su vida alguna vez? ¿Ha recibido amenazas de muerte un clan adversario del de su defendido?

No, nunca. En mi cartera coexisten defendidos de varias bandas abiertamente enfrentadas. A veces me cuentan sus “diferencias” pero yo les digo que soy su abogado, no su psicólogo, así que no me vengan con sus cuitas. Yo trato igual de bien a todos y nunca tomo partido en sus reyertas. Y ellos lo saben.

¿Alguna vez le ha querido contratar un “capo” gallego?

(ríe). De los históricos, ninguno.

¿De los nuevos sí?

Puede ser.

"Defiendo a clientes de bandas enfrentadas entre sí, quizás esa sea una de las razones por las que no he recibido amenazas de muerte”

¿Cuáles son los límites de su ética profesional? ¿Por dónde, por quién o por qué no pasa?

Tengo mis límites, pero no son tanto éticos como personales. A mí me gusta trabajar a gusto con el cliente, así que no llevo casos que no me apetezcan, pero eso no tiene que ver con el perfil del delito. Rechazo casos en los que no tenga un mínimo margen de opción o de decisión. Por ejemplo, si es un asesinato por ajuste de cuentas entre bandas, lo acepto porque si te matan es porque te has metido en un juego peligroso. Pero en asesinatos de otra naturaleza, en los que la víctima es absolutamente ajena, no defiendo al acusado; es que, aunque en realidad sea inocente, como pasó con la gente de Barbate que tuvieron detenida, y de la que al final se demostró que no fueron quienes asesinaron los guardias civiles, no los defiendo. En esas tesituras no me siento nada cómodo y, a estas alturas, no necesito una cucharada adicional de estrés.

Se dice que hay gente que, pese a que ha ganado mucho dinero, persiste en el narcotráfico, aunque sus mejores días ya hayan pasado. ¿Por qué se resisten a salir del círculo? ¿Por miedo?

No, no, eso del miedo a salirse del círculo por si hay represalias es una leyenda cinematográfica. Mucha gente lo ha dejado sin mayor problema, y eso sucede en el 95 por ciento de los casos en España, porque aquí no pasa lo que pasa en los cárteles de Colombia. Aquí quienes se quieren ir, se van, lo que ocurre, y esto sí que es que es cierto, es que cruzar la línea roja y hacerlo de forma exitosa varias veces, tiene un componente de adrenalina muy grande que engancha, engancha mucho. Conozco a muchas personas que no lo dejan porque sin esa sensación adrenalínica no son capaces de vivir. Les pasa como a esos a los que les gustan los deportes de riesgo.

Ricardo Álvarez-Ossorio trabajando... hasta desde uno de sus coches.

Ricardo Álvarez-Ossorio trabajando... hasta desde uno de sus coches. / FDV

Volviendo a Barbate. Detrás de estas situaciones se esconde, o no tanto, un problema social ¿y qué más?

El problema es muy complejo y está plagado de ramificaciones. Aunque prima una cuestión central: que hay mucha gente que consume droga, y que lo hace a pesar de las detenciones, de las incautaciones, o de la aplicación de una política penal dura. La Guardia Civil y la Policía han realizado muchísimas incautaciones y han metido a mucha gente en prisión, pero no se ha eliminado, ni siquiera reducido, la presencia de droga de la calle. En cualquier parte de este país, si una persona quiere comprar hachís, o marihuana, o cocaína, la va a encontrar sin problemas; eso, hoy, en el 2000, y en los años 80. Por mucho que se llenen los depósitos de incautaciones de droga, el resultado final no lo percibe el ciudadano; los narcos no dejan de traficar y la gente no deja de consumir. Si echamos la vista atrás, no ha habido en las últimas décadas ninguna variación a este respecto.

Eso es síntoma de que algo no funciona…

Es evidente que algo no está funcionando. He dicho en mil ocasiones que hay que ensayar otro tipo de alternativas. Por ejemplo ¿por qué no se empieza con la marihuana, legalizándola? ¿Y si se probase y se analizasen los resultados de una legalización controlada? ¿Por qué en cambio el tabaco es legal sabiendo que es una de las principales causas de muerte en el mundo? En lugar de eso, el Estado se está gastando unos recursos en algo que, al final, no da resultados, y conste que esto no es una crítica a los cuerpos de seguridad que luchan contra el tráfico de drogas, pero es un hecho demostrado que, a pesar de los planes especiales de represión del narcotráfico de hachís aplicados, por ejemplo, en el campo de Gibraltar, el “chocolate” nunca ha dejado de estar en la calle, y en abundancia. Y también es otro hecho que, cuando cae un narco, enseguida aparece otro que lo reemplaza.

"Sé lo que pasó en Galicia con la heroína, que mató a casi una generación de jóvenes, por eso nunca me hago cargo de casos que tengan que ver con esta droga”

Usted sabe que la droga (concretamente la heroína) casi se llevó por delante a toda una generación de jóvenes gallegos en la década de los 80. ¿Alguna vez ha pensado en esto cuando defiende a un acusado de narcotráfico?

¡Como no voy a saberlo! Tengo un hermano, mayor que yo, que es de esa generación y perdió a muchos amigos. La heroína es precisamente uno de esos asuntos en los que, como decía antes, yo no me siento cómodo, y es porque sé lo que ocurrió en Galicia. La heroína entra en el corte que aplico a la hora de elegir los casos. Yo creo que en el mundo de las drogas también hay que saber distinguir. El que se engancha a fumar porros es porque le apetece, igual que el que fuma tabaco, o bebe alcohol….y puede seguir haciéndolo toda la vida, o dejarlo. Pero con la heroína no pasa esto, si la pruebas una vez ya estás perdido. No te da margen ni a la curiosidad de experimentar, porque ahí caes seguro.

Sin embargo se ha argumentado que se llega a la heroína tras diversos pasos por las drogas “blandas”.

Ya, y el que empezó con el hachís, antes estuvo en el cubata…Esa “lógica” no tiene mucho sentido porque en España hay un consumo de cocaína bastante importante que no guarda ningún tipo de proporción con el consumo de heroína. Lo que dices es un argumento que yo puedo entender muy bien, y es normal que las asociaciones civiles antidroga legítimamente lo reclamen, pero desde el punto de vista estadístico, no hay una correspondencia. Y tampoco es cierto que se llegue a la cocaína porque antes has fumado porros. Los chavales que toman chupitos de whisky, cervezas, cubatas…y de repente en esos círculos alguien saca un porrito y fuman, y luego vienen las rayas de coca y esnifan…Sí, esa es la escalada del vicio pero ¿acaso no hay más relación entre el alcohol y la cocaína que entre la cocaína y la heroína? Entonces, qué hacemos: ¿Prohibimos el alcohol? ¿Para que haya una mafia como la que surgió por la Ley Seca en Estados Unidos? ¿Prohibimos el tabaco? Si es que tiene muchas narices que en las cajetillas de tabaco pongan “Fumar mata”, y que prohíban el tabaco en los bares, en los anuncios publicitarios…y, mientras, ellos (el Estado) se quedan con el 70 por ciento del dinero que se recauda por venta de cigarros o puros.

¿Nunca le ha tentado ser juez?

Juez no, pero fiscal…. Alguna vez lo he comentado con fiscales, y yo creo que eso de estar en el otro otro lado se me daría bastante bien, que sería muy efectivo. Pero mi vocación ya está bastante asentada en la defensa.

¿Va seguir mucho tiempo más defendiendo a este tipo de clientes?

Cada vez procuro diversificarme más, porque con esto de los narcos el ritmo de vida es inhumano, aquí en los horarios no hay límites. Yo espero que no me pase como a Jose María Stampa, que murió con la toga puesta pero, tristemente, me temo que igual me ocurre lo mismo, como a todos los autónomos abogados.

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