El incendiario de La Fe se escapó del hospital tres veces en 12 días para ir a acosar a su exmujer y a sus hijos
Héctor G. M., vestido con el pijama del hospital, se coló en casa de su ex durante una de las fugas y aterrorizó a sus hijos

Miguel Angel Montesinos

Héctor G. M., el maltratador de 34 años que provocó el incendio en Psiquiatría del Hospital La Fe en el que falleció una paciente de 54 años, ocho trabajadores resultaron intoxicados y 80 personas ingresadas tuvieron que ser reubicadas en ese centro y en el Hospital Clínico, tenía un fin cuando provocó ese siniestro: ir, una vez más, a casa de su exmujer para acosarla, como llevaba haciendo desde el 4 de mayo, un día después de que cesara la orden de alejamiento respecto de su hija que le había sido impuesta en febrero, tras ser condenado en firme por agredir a la niña, de 10 años, a quien causó una herida en la cabeza al arrojarle una videoconsola solo porque se vestía demasiado lentamente a su juicio.
Que la motivación el presunto acosador cuando provocó el incendio era encontrar una vía de escape para seguir con su obsesión particular, hostigar a su exmujer y a sus hijos -estuvo todo el día intentando estrategias para escapar del hospital, hasta que encontró el modo: robándole un mechero a su compañero de habitación y prendiendo fuego a su colchón para huir durante el obligado desalojo, como hizo- no es una hipótesis sin más, sino la última secuencia de una sucesión de fugas previas con ese único fin: ir a casa de sus víctimas para acosarlas. Así lo hizo hasta en cuatro ocasiones -incluida la que siguió al incendio mortal- desde que fue ingresado el 12 de junio, en contra de su voluntad, por la psiquiatra de guardia de La Fe tras ser detenido en el aeropuerto de València intentando parar el tráfico aéreo, con signos evidentes de haber consumido cocaína y alcohol, lo que habría desencadenado uno de sus brotes psicóticos.
Según ha podido confirmar documentalmente Levante-EMV, Héctor G. M., diagnosticado desde 2023 de un trastorno bipolar asociado al abuso de drogas y alcohol,se fugó de la planta de Psiquiatría de La Fe, un área con un nivel de seguridad superior al de otros departamentos y con fuertes restricciones tanto para los pacientes como para las visitas que reciben, los días 13, 21, 22 y, finalmente, el 23, instantes después de causar el fuego prendiendo papeles arrugados sobre su colchón con el encendedor de su compañero, localizado después en el asiento trasero del coche patrulla en el que fue trasladado de nuevo al hospital tras ser detenido. Eso sí, en cada una de las ocasiones, el hospital alertó de inmediato de las escapadas a la Policía, lo que facilitó su detención pero no evitó que llegase adonde quería.
Una fuga detrás de otra
El 13, un día después de su internamiento, fue atrapado cerca de la Gran Vía Fernando el Católico. Iba vestido con el pijama del hospital La Fe y dos agentes lo pararon por esa razón. Fue apresado y llevado de nuevo al hospital. Ese mismo día por la noche, recibió la visita de un agente quien, en presencia del psiquiatra de guardia, le comunicó al presunto maltratador la orden de protección dictada un día antes por la jueza de Violencia sobre la Mujer 5 de València, en funciones de guardia, como consecuencia del riesgo extremo en la valoración policial que resultó de la denuncia interpuesta ese día, el 12, por su exmujer, por acoso y maltrato. La notificación de esa prohibición de acercamiento y comunicación respecto de los tres, cuya vigencia está en cuestión porque no se le dio a firmar (un agente tuvo que regresar cinco días más tarde, al detectarse el error, para que el presunto acosador la firmase), de poco sirvió, ya que siguió llamando y escribiendo sin parar, con distintos teléfonos, a sus víctimas.
Hasta la siguiente fuga, el día 21, hubo otros dos hechos relevantes: la segunda visita policial para que firmase el recibí de esa notificación -sin la rúbrica no tiene por qué darse por enterado, así que no se le puede acusar de haber quebrantado la orden- y otra visita de la policía un día después, el 19, dándole cuenta de otro auto más: el emitido por el juzgado de Primera Instancia 26 prorrogando las medidas civiles acordadas en la sentencia de febrero -la dictada por la agresión a su hija-, esto es, que la guarda y custodia seguía siendo solo de la madre y que seguiría sin tener derecho a visitas con los niños, a las que había renunciado él expresamente -fue una condena por acuerdo entre las partes-.
"¡Mamá, ten cuidado, papá está suelto!"
Y llegó el sábado, día de máxima afluencia de visitantes en el hospital y de menos personal. Héctor G. M. aprovechó ambas circunstancias para burlar la seguridad y escaparse. Poco antes de las siete de la tarde de ese día, 21 de junio, se presentó en casa de su exmujer, que en ese momento estaba fuera, por lo que había dejado a los niños a cargo de una cuidadora. Esta, ajena a toda la trama, abrió la puerta. La primera que vio a Héctor fue su hija, quien, desesperada, desde el fondo del pasillo, le gritó aterrada a la canguro: "¡¡¡Cierra!!! ¡Es mi padre, cierra rápido!". La mujer, como pudo, obedeció y dejó al presunto acosador fuera. El niño, que tiene seis años, salió corriendo y se escondió, aterrorizado, debajo de la cama.
La niña llamó de inmediato a su madre y luego le escribió mensajes suplicándole que "no volviese sola a casa". "Mamá, ten cuidado, papá está suelto!! Se ha presentado en la puerta de casa, estoy temblando", "que alguien te acompañe a casa", "tengo miedo". La madre habló con ella y trató de tranquilizarla.
Minutos después, a las 19.20 horas, una patrulla de la Policía Nacional detenía al sospechoso a menos de un kilómetro de distancia de la vivienda. Y lo volvieron a llevar a La Fe.
Pese a que en el hospital endurecieron la vigilancia sobre el paciente fuguista, Héctor G. M. volvió a escaparse a primera hora de la mañana siguiente, la del domingo. Y volvió a casa de su ex. Eran las 8.50 cuando logró rebasar de nuevo la portería del complejo residencial y plantarse en la puerta de la vivienda. Llamó al timbre. Su exmujer se asomó a la mirilla y lo vio. No dudó. Llamó al 091 y pidió presencia policial inmediata. Después, llamó al portero para saber si su ex seguía allí y, mientras el conserje se lo confirmaba, escuchó a Héctor gritar por detrás "¡te quiero!". Antes de eso, hubo cuatro llamadas y 16 wasaps desde cuatro teléfonos distintos en menos de seis horas.
Incendio y fuga. ¿A dónde iba?
Los primeros en llegar fueron dos agentes de la Policía Local, a quienes tuvo que mostrar el documento que acreditaba la orden de protección en vigor desde el 12, ya que, dijeron, ni en su base ni en la de la Policía Nacional "había nada registrado sobre la medida cautelar", recoge en la última denuncia interpuesta, aunque, al parecer, sí constaba ya en ese momento. Sea como fuera, acabó llegando una patrulla de la Policía Nacional que solicitó dos ambulancias, en una de las cuales fue trasladado el fugado de regreso a la Unidad de Psiquiatría del hospital La Fe. Un día después, provocó el incendio en el que falleció una paciente ingresada en la habitación ubicada justo enfrente de la suya, y volvió a escapar. Eran las 17.15 horas. Más de dos horas después, a las 19.30 horas, según información de la Jefatura Superior de Policía de València, fue detenido en la avenida de Giorgeta, vestido, esta vez, solo con el pantalón hospitalario, a pesar de lo cual recorrió sin obstáculos esos dos kilómetros y medio.
Ahora, su exmujer, a través de su abogado, pide explicaciones en esa última denuncia presentada el mismo día en que se produjo el incendio, cuando ella aún no sabía lo que su exmarido acababa de hacer, de por qué nadie advirtió a las víctimas de manera inmediata de la fuga de Héctor M. G., a pesar de saberse que estaban en riesgo extremo, tanto ella como los niños, y que había un elevado porcentaje de posibilidades de que atentase contra sus vidas, según recoge el propio informe policial. Y agrega que, precisamente porque sabían que estaba internado en el hospital "ella toma menos precauciones de seguridad para sí misma y para sus hijos", que habrían sido mucho mayores -no los habría dejado solos con una cuidadora, por ejemplo- de haber sabido, ese sábado, que su ex se había escapado.
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