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El maltratador del incendio mortal en La Fe pedía el móvil a desconocidos por la calle para acosar a su exmujer

El acusado llegó a realizar más de 100 llamadas y mensajes a su ex y a su hija de 10 años en apenas unos días, incluso estando en Psiquiatría

Los psiquiatras del Hospital General estabilizan en seis días a Héctor G. M., que ya ha pasado su primera noche en prisión

Un incendio intencionado obliga a desalojar la planta de Psiquiatría de La Fe

Miguel Angel Montesinos

Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

Héctor M. G., el hombre encarcelado por causar el incendio en la planta de Psiquiatría de La Fe en el que falleció una paciente y ocho trabajadores resultaron intoxicados, no solo deberá responder ante la Justicia por ese hecho, sino también por el acoso y maltrato al que presuntamente ha estado sometiendo a su exmujer y a sus dos hijos y que parece ser la motivación última por la que causó ese siniestro que acabó en tragedia. De hecho, la investigación desarrollada por el grupo de Homicidios de la Policía Nacional apunta a que prendió presuntamente fuego a su colchón a las 17.15 horas del 23 de junio, con un mechero robado a su compañero de habitación, en la séptima planta de la Torre D de La Fe, con la más que probable intención de huir, aprovechando el caos provocado por la alarma de incendio y el humo, para ir a casa de su exmujer y acosarla, como llevaba haciendo ininterrumpidamente desde el 4 de mayo.

De hecho, Héctor G. M. logró su propósito y huyó, aunque fue detenido antes de culminar su plan, cuando ya se encontraba en la avenida de Giorgeta, a casi tres kilómetros de La Fe. Llevaba solo el pantalón del pijama y tras su arresto fue reintegrado al hospital, donde había sido ingresado en contra de su voluntad por decisión médica el 12 de junio de madrugada, tras ser arrestado por saltar a la pista del aeropuerto de Manises con la intención de "parar el tráfico aéreo".

En esos once días, desde el 12 de junio hasta su detención definitiva tras el incendio, el 23, Héctor M. G. se escapó cuatro veces del hospital (incluida la posterior al siniestro) y en dos de ellas -los días 21 y 22 de junio, justo las vísperas del incendio- está acreditado que se presentó en casa de su ex, a pesar de que ya había en vigor sendas órdenes de protección para la mujer y sus dos hijos (una niña de 10 años y un niño de 6) que le impedía acercarse a menos de 500 metros y comunicarse con ellos por ninguna vía, órdenes que se ha saltado a la torera. La de la prohibición de acercarse, presentándose en la casa -los dos niños se aterrorizaron y sufrieron un episodio agudo de ansiedad ante su presencia-, y la de comunicarse, llamando a la madre y a la niña o enviándoles mensajes sin parar. Solo entre el 11 de mayo y ese 23 de junio, la exmujer ha presentado cuatro denuncias distintas por acoso y maltrato.

Más de cien llamadas y mensajes

En ese tiempo, la suma de mensajes y llamadas, realizadas a todas horas del día y casi todos los días, suman bastante más de un centenar. Ni siquiera durante los doce días que estuvo ingresado en Psiquiatría de La Fe paró, a pesar de que el uso de móviles, para algunos pacientes (y él era uno de ellos), está restringido. ¿Y cómo lo hacía? Fueron los agentes de la unidad de atención a la familia y a la mujer (UFAM) de la brigada de Policía Judicial quienes lo descubrieron: abordando a desconocidos por la calle (y después, en el hospital) y pidiéndoles que le dejaran un momento el teléfono porque tenía una urgencia.

El listado de números diferentes es casi inabarcable. Y fue una de las dificultades para denunciar, ya que había que acreditar que, tal como decía la víctima, se trataba de su exmarido. Los agentes de la UFAM llamaron a varios de esos números y descubrieron el patrón: un desconocido les abordaba alocadamente por la calle y les pedía el móvil con tanta insistencia que acababan cediendo. Y de esa manera también conseguía que su exmujer y su hija cayesen en la trampa y descolgasen o abriesen los mensajes, ya que nunca esperaban que se trataba de él.

En alguna ocasión, incluso llegó a utilizar la táctica habitual de los maltratadores de enviar un bizum a su víctima para aprovechar el micromensaje del concepto con el fin de enviarles frases amenazantes y sortear la prohibición de comunicación. Habitualmente, envían el mínimo, un céntimo, para hacer llegar el mensaje a su víctima; Héctor, ni siquiera eso: lo que hacía era una solicitud de dinero en vez de un envío.

Todas esas denuncias están ahora acumuladas en el Juzgado 3 de Violencia sobre la Mujer de València, mientras que el incendio es competencia del juez de Instrucción 15 de València, ya que se toman como dos causas judiciales distintas, aunque la motivación del segundo esté directamente relacionada con la violencia machista.

Ya se encuentra en prisión

De momento, las acusaciones más graves, dadas las consecuencias, son las que instruye el juzgado ordinario, cuyo titular lo acusa de un delito de incendio con grave riesgo para las personas, otro de homicidio (por la muerte de la paciente de la habitación de enfrente a la suya) y tres de lesiones (por los trabajadores de La Fe intoxicados durante la evacuación de las cuatro plantas afectadas). Esa es la causa por la que, desde este miércoles por la tarde, se encuentra ya en una celda de la cárcel de Picassent.

Así, en apenas seis días, la mitad del tiempo que estuvo internado involuntariamente en el Hospital La Fe, los psiquiatras del Hospital General no solo han conseguido estabilizar el trastorno bipolar de Héctor G. M., sino que han logrado que su estado mental sea el óptimo para poder cumplir con la orden del juez y ser ingresado en prisión. El miércoles, los psiquiatras del General decidieron darle el alta al presunto incendiario y maltratador, quien estaba ingresado desde el jueves por la tarde en la unidad de internos judiciales de ese centro, un recinto blindado y de régimen cerrado en el que son hospitalizados los presos que requieren ingreso médico o los detenidos que precisan atención hospitalaria prolongada.

Tal como informó este diario, el juez de Instrucción 15 de València dictó prisión provisional, comunicada y sin fianza, para Héctor G. M. después de desplazarse con el fiscal y un forense al hospital -tras su detención en Giorgeta fue enviado de nuevo a La Fe e ingresado bajo custodia en un box de urgencias, ya que Psiquiatría había quedado impracticable- para tomarle declaración. Eso sucedía a media mañana del 26 de junio, tres días después del incendio. Esa misma tarde, los psiquiatras de La Fe le dieron el alta y el detenido fue llevado en un furgón de la Guardia Civil al centro penitenciario València-Antoni Asunción, en Picassent.

Sin embargo, el estado de agitación del interno era tal, que los médicos de la prisión determinaron que la cárcel no era el lugar adecuado para Héctor M. G., dados los signos evidentes de desestabilización mental, así que lo enviaron de vuelta al hospital debido a las carencias asistenciales de la cárcel para un interno de esas características -en el centro penitenciario no hay psiquiatra desde hace años-. Pero ya no fue a La Fe, sino al Hospital General, precisamente porque este dispone de ese pabellón de judiciales, que equivale a un hospital penitenciario. Seis días después, ha vuelto a la cárcel y, esta vez, para quedarse durante un tiempo que se prevé prolongado.

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