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Crimen en Carcaixent

"Hace un año que mataron a Petar en mitad de la calle como a un perro y seguimos sin saber quién lo hizo"

La familia del hombre de 42 acuchillado de madrugada en Carcaixent el 1 de agosto de 2024 clama Justicia y se queja de "falta de información": "No queremos que no caiga en el olvido"

Petar Krasimirov con su hermana Dinka, días antes de su asesinato en Carcaixent.

Petar Krasimirov con su hermana Dinka, días antes de su asesinato en Carcaixent. / Levante-EMV

Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

Petar Krasimirov cayó muerto, desangrado, entre la calzada y el alcorque de una palmera en el cruce de la avenida Joan XXIII con la calle Alacant de Carcaixent. Eran las 0.42 horas del 1 de agosto del año pasado. La vida se le fue en segundos por las cuchilladas abiertas en su cuerpo por alguien que aún no tiene nombre. Una de ellas le abrió el cuello en canal, de abajo a arriba, buscando una muerte cierta. Sin escapatoria. Nadie vio nada. Nadie escuchó nada. Había salido de casa solo 22 minutos antes, en teoría, para controlar con quién se iba a ver su hija de 14 años. Lo que ocurrió entre las 0.18 y las 0.42 sigue navegando en el mar del misterio. Igual que la identidad de su asesino. O asesinos.

El próximo viernes se cumple el primer aniversario del asesinato de Petar, que deja una hija, hoy de 15 años. Pero también una madre, un padre, tres hermanas y un hermano. Y varios sobrinos. La desesperación de no saber nada 365 días después espolea el ya de por sí insuperable dolor por la pérdida. José Antonio, el marido de una de las hermanas, Dinka, se ha erigido, desde el principio, en el portavoz de la extensa familia. "Estamos desesperados, esto es insoportable. No nos dicen nada, ni si va bien la investigación ni si no. Si hay sospechosos, si han encontrado algún hilo del que tirar... Cuando preguntamos, no hay respuestas. No podemos más. Ha pasado un año y seguimos sin un culpable, sin un detenido".

Los Krasimirov llegaron a Carcaixent, la primera ciudad española que vieron, en 2006. Se vinieron con sus cinco hijos y aquí han hecho su vida en estas dos décadas. Aquí se integraron, aquí han trabajado y aquí ha nacido buena parte de la siguiente generación, la tercera. Pero ya no viven en este municipio de la Ribera Alta. Hace meses que lo abandonaron. "Ahora estamos en Madrid, aunque algunos siguen viviendo en otros puntos de Valencia". La casa la dejaron por las amenazas, anteriores y posteriores al crimen, de los anteriores propietarios, desahuciados por el banco.

El caso ha sido archivado..., pero no todo

El caso está en manos desde el primer momento del grupo de Homicidios de la Guardia Civil de València. La tasa de resolución de casos de este equipo hace augurar que el de Petar también será resuelto. Pero su familia se impacienta, sobre todo, por lo que creen falta de información y de confianza. Les cuesta conformarse con un hecho incontestable: cuanto mayor sigilo rodee una investigación criminal, más posibilidades de salir bien en menos tiempo tiene. "Eso lo entendemos", defiende José Antonio, "pero es que ha pasado ya un año y no hay visos de que se vaya a resolver. No queremos que caiga en el olvido".

Minuto de silencio por el asesinato de Petar Krasimirov cometido en Carcaixent

Teresa Domínguez

Cierto, pero a medias. La jueza de Instrucción 7 de Alzira archivó provisionalmente la causa el pasado 7 de julio, pero no toda. Hay una pieza separada secreta de la que investigadores, jueza y fiscal esperan que salga la resolución del crimen. Sobreseer el resto no deja de ser un formalismo legal al que obliga la Ley de Enjuiciamiento Criminal y que incluso viene bien a los intereses de la acusación, porque los plazos no corren. En cuanto llegue cualquier mínima actualización, el caso se reabrirá. Es el procedimiento penal.

Eso también lo entienden, pero les suena a fiarlo al destino. "Con que nos dijeran que las cosas van bien, que tienen materia para resolverlo, nos conformaríamos, pero nada", insiste el cuñado de Petar.

Reunión con los investigadores

En enero, cuando casi se había cumplido medio año del crimen, lograron que el responsable de la investigación los recibiera. Viajaron de Madrid a València esperanzados. Incluso, ilusionados. "Fue un jarro de agua fría. Todo fueron buenas palabras, pero nada de contenido. Le pedimos que confiara en nosotros, que no íbamos a compartir con nadie la información que nos dieran, que solo queríamos un poco de paz, pero nada; salimos de la Comandancia de València peor que entramos". Para los familiares es duro, pero los investigadores solo tienen un objetivo: resolver el caso reuniendo las pruebas necesarias que sustenten una detención hasta sus últimas consecuencias, la condena.

¿Y cuáles son las preguntas? "Pues muchas... Desde saber si realmente las cámaras de seguridad que revisaron les han dado algún resultado, si captaron algo de interés, a saber si han localizado algunas pertenencias de Petar, por ejemplo. Es que, por no tener, ni siquiera tenemos aún el informe de la autopsia ¡un año después!", enfatiza José Antonio. "Sabemos el número de cuchilladas, o creemos saberlo, pero no por lo que nos hayan dicho los investigadores o el juzgado. ¡Es que ni siquiera sabemos cómo murió!", se desespera.

Pero, ¿la familia está colaborando? "Por supuesto. Desde el principio. En todo", proclama el cuñado de Petar. Cuando declararon -todos y cada uno de ellos desfilaron ante el grupo de Homicidios; algunos, más de una vez-, aportaron cada información que consideraban relevante, cada posible foco de conflicto en la vida de Petar.

¿A dónde fue Petar realmente?

La falta de información, de conocimiento de a dónde han llevado las vías que ellos señalaron, hace que se les dispare la especulación. "Mi cuñado se arregló aquella tarde, la del 31 de julio, y quedó con un amigo para tomar cervezas", rememora José Antonio. Lo saben porque subió fotos a sus redes sociales y porque le mandó a su expareja una imagen con un amigo a las 20.30 horas.

A las 22.30 horas ya estaba en casa. Cuando faltaban unos minutos para la medianoche, su hija anunció que se iba a dar una vuelta con una amiga para despedirse de ella, ya que al día siguiente se iba de viaje y quería despedirse. Petar tuvo unas palabras con la adolescente, porque temía que le estuviese mintiendo. La desconfianza tenía cierta base: apenas un mes antes, la menor estuvo casi 24 horas desaparecida, lo que llevó a la familia a buscarla desesperadamente y a recurrir a la Guardia Civil, ante el temor de que le hubiese ocurrido algo grave, ya que no solo no respondía a las llamadas, sino que su móvil incluso dejó de funcionar. La localizaron en casa de un chico, en Carcaixent. Petar se oponía de plano a esa relación, entre otras razones, porque su hija era apenas una niña.

22 minutos sin respuesta

Once minutos después de la medianoche, la niña salió de casa. Siete minutos más tarde, a las 0.18 horas, lo hizo Petar. "Lo sabemos con exactitud porque la abuela le mandó un mensaje a la nieta advirtiéndole que su padre iba a por ella". Quería, había dicho Petar, comprobar que su hija estaba donde decía, acompañando a su amiga mientras esta paseaba a su perro en un parque no lejano. El hombre salió en chanclas y bermudas. No llevaba ni el móvil ni las llaves. La niña regresó casi a la misma hora que su padre caía muerto en la avenida, justo 22 minutis después de haber salirdo de casa. Nunca se cruzó con él, porque había decidido regresar callejeando.

¿Fue un crimen de oportunidad? ¿Una encerrona? La clave está, muy probablemente, en esa pieza secreta que sigue su curso. Solo es cuestión de paciencia.

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