Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Testimonio

"Intentamos salvar al niño con maniobras de reanimación hasta que llegó el SAMU, pero no pudo ser"

Ninguna de las maniobras de reanimación sirvió para salvar al niño fallecido en Campanar, tras atragantarse con anacardos que le ofreció oro crío

Habla una de las personas que intentó salvar al pequeño: "Salimos a socorrer al niño sin pensarlo"

Germán Caballero

Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

"Entró un hombre con un niño, desesperado, pidiendo ayuda y un desfibrilador, y no nos lo pensamos, salimos de inmediato a ayudar". Quien habla es Santiago Celis, propietario de un centro de formación próximo al lugar del incidente, quien el pasado martes trató, durante casi diez minutos y hasta que llegó el equipo médico del SAMU, de salvarle la vida al niño de dos años atragantado con anacardos en un parque de Campanar, frente a su colegio. "Fue un momento muy complicado, muy tenso y finalmente muy triste, ya que al final no pudo ser", explica, ya que el pequeño murió finalmente a pesar de los esfuerzos de Santiago, del personal de una clínica cercana, de los policías locales que acudieron y, sobre todo, de los médicos, que estuvieron más de media hora intentando devolverle a la vida.

Tal como adelantó este jueves Levante-EMV, el pequeño, alumno del colegio Vilavella, ubicado en la calle Padre Diego Mirón, estaba con su madre en el parque frente al centro escolar, jugando con otros niños tras haber finalizado la jornada escolar. Eran las 17.30 horas. En un momento determinado, otro de los chiquillos que estaban en el parque le ofreció anarcados al pequeño, que había cumplido los dos años en septiembre, sin ser consciente de que los menores de tres años corren serio riesgo de atragantamiento con los frutos secos, especialmente con los cacahuetes y los anacardos.

"No, suelta eso, tíralo"

La madre se dio cuenta y trató de evitar que los ingiriese. "Le dijo 'no, suelta eso, tíralo', pero no llegó a tiempo", explica Santiago. El niño ya los había metido en la boca. La mujer intentó sacárselos con los dedos, pero no pudo. Para entonces, los frutos secos ya habían obturado las vías respiratorias y el niño caía desplomado al suelo. "Cuando el hombre vino a pedirnos ayuda, no había pasado ni un minuto. El niño estaba inconsciente, pero aún reaccionaba".

Santiago, en cuyo centro también se imparten cursos de primeros auxilios, inició las maniobras de reanimación y la de Heimlich, que consiste en realizar compresiones rápidas en el pecho para tratar de desobstruir las vías respiratorias, "pero no respondía". A continuación, lo intentaron con un desfibrilador aportado por los empleados de una clínica próxima, pero tampoco lograron que recuperase la respiración, porque seguía teniendo taponadas las vías aéreas.

"Todas las respuestas fueron muy rápidas, la Policía Local no debió tardar más de tres o cuatro minutos, y la ambulancia del SAMU, unos diez", explica el dueño del centro deportivo. "Los policías locales incluso le aplicaron una ventosa de desobstrucción, una herramienta que cuesta nada en Amazon y que deberíamos tener todos en casa porque salva vidas", agrega. De hecho, gracias a esa ventosa, le extrajeron uno de los anacardos. Y otro más, con las maniobras de Heimlich aplicadas por el equipo del SAMU, pero nada surtió efecto, ya que, al parecer, había más frutos secos atorados.

Finalmente, el niño fue evacuado a urgencias de Pediatría del Hospital La Fe, pero instantes después, a las 18.40 horas, los médicos tuvieron que rendirse y certificar la muerte del pequeño.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents