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Narcomasacre en el Saler

La Negra Dominga al juez: "¿Para qué meterme en una guerra con los Vega Daza si la iba a perder?"

Álvaro Luis Ospino Illera, presunto autor intelectual del triple crimen del Saler, centra su declaración voluntaria ante el juez en negar su implicación en la narcomasacre: "Yo nunca dije que iba a vengar la muerte de mi sobrino"

Agentes de Criminalística y el forense proceden al levantamiento de uno de los cadáveres del triple crimen del Saler

Fernando Bustamante

Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

Álvaro Luis Ospino Illera, conocido en su tierra, el norte de Colombia, como la Negra Dominga, no solo ha negado ante el juez de València su implicación en el triple crimen del Saler perpetrado a las 21.00 horas del 27 de febrero de 2024, en el que el archienemigo del acusado, Roberto Carlos Vega Daza, Beto, y dos hombres más murieron acribillados de 14 tiros, sino que se ha dibujado a sí mismo como un gran empresario encarcelado injustamente, víctima de un complot orquestado por la Guardia Civil y acusado de unos crímenes que nunca ha cometido, ni aquí, ni en Colombia. Por negar, ha negado incluso que él sea la Negra Dominga, alias que atribuye a la manipulación en las redes sociales.

El acusado de encargar, planear y financiar esa narcomasacre, adelantada en exclusiva por Levante-EMV, fue detenido el 13 de mayo pasado por agentes del grupo de Homicidios de la Guardia Civil de València, que le dieron caza tras meses de paciente espera. Desde ese momento, Ospino Illera, considerado en su país como jefe de la banda de Los Piloneros y socio ocasional del temible clan de Los Costeños, ha permanecido en la cárcel, clasificado como preso de especial seguimiento (FIES), un honor reservado a narcos, terroristas y delincuentes de bandas organizadas.

Hasta ahora, no ha querido hablar nunca ante el juez de Instrucción 14 de València, que lleva el caso, pero una vez levantado el secreto ha pedido voluntariamente comparecer ante el magistrado y contestar a cualquier pregunta. Esa comparecencia se celebró ayer, por videoconferencia desde prisión por razones de seguridad y el objetivo era "contar su verdad", en la que se declara inocente y afirma que la Guardia Civil ha manipulado pruebas y se ha dejado llevar por la versión más fácil, la que le imputa el asesinato de Beto y de los otros dos hombres en las redes sociales para vengarse del asesinato, también a tiros, de su sobrino preferido, Jonathan José, el día que cumplió los 23 años en una lujosa y multitudinaria fiesta pagada por Ospino allá, cerca de Barranquilla, origen de todos los conflictos posteriores.

No buscó venganza porque se refugió "en la religión"

"¿Para qué empezar una guerra contra los Vega Daza, si la iba a perder?, se preguntó cuando el fiscal especial de jurado que asume la acusación pública le expuso que ese era el móvil. E insistió en que tras la muerte de Jonathan se refugió "en la religión" y lo único que hizo tras ese crimen fue "agachar la cabeza" y asumirlo, ya que, asegura, atravesaba un delicado momento que se agravó con la grave enfermedad de su padre y el fallecimiento de su madre. E insistió en que "nunca dije que quería vengar esa muerte", aunque admitió que al chico "lo quería como un hijo"; de hecho, llevaba sus mismos apellidos, Ospino Illera.

Pese a que insistió mucho en esa idea de no buscar venganza -empezar una guerra no era manera de "proteger a mis seis hijos", reflexionó-, acabó admitiendo, también a preguntas del fiscal, que sabía que el autor material del asesinato de su sobrino fue Roberto Carlos Vega Daza, miembro, según él, de la principal oficina de cobros -eufemismo para designar los grupos de sicarios- del norte de Colombia y reyes del narco como jefes del llamado Cártel del Norte. ¿Y cómo lo sabía? "Porque lo vi en videos que me mostraron. El le disparaba desde dentro de la camioneta", respondió.

La respuesta al asesinato de Jonathan fue, según los investigadores, el exterminio de la familia Vega Daza ocho meses después, cuando hombres encapuchados de Los Costeños, financiados por Ospino según la acusación en Colombia, armados con fusiles y munición de guerra, asaltaron el domicilio del clan y ejecutaron a todos los varones menos al que buscaban, Roberto Carlos. Era junio de 2023 y ahí empezó la fuga de Beto hasta llegar a València.

La narcomasacre, cometida ese 27 de febrero de 2024, junto a los Bloques de Aparejadores, en pleno parque natural, tenía su origen, por tanto, en una cruenta guerra entre clanes del narco y la venganza por esa sangrienta fiesta de cumpleaños que acabó a tiros el 24 de octubre de 2022.

Gran empresario ganadero y del automóvil

La Negra Dominga, que se describe como un "gran empresario del ganado en Colombia y de la venta de coches, en Venezuela", fue capturado nada más poner sus pies en España, en Madrid el pasado 13 de mayo, y acusado formalmente de los asesinatos de su considerado archienemigo, Roberto Carlos Vega Daza, alias Beto -el último superviviente del clan costeño de los Vega Daza, pacientemente exterminado por Ospino en venganza por la muerte de su sobrino preferido en aquella fiesta de cumpleaños-, de su fiel guardaespaldas, Tarit José Salazar López, y de un amigo de este, Harold Hugo Jaramillo Rodríguez, barranquillero como los otros dos, y cuyo único delito había sido acompañar ese día a Beto y a Tarit y haberlos acogido en su casa, en Picanya, porque su mujer había sido novia de otro hermano de Beto.

Ospino Illera, que ayer reclamó su excarcelación inmediata "porque yo no he cometido ningún delito", no fue el único detenido. Los agentes de la Guardia Civil habían identificado a la perfección a los cinco presuntos implicados en esa narcomasacre, pero solo lograron apresar a tres. Además de La Negra Dominga, fue capturado en Barcelona uno de los presuntos sicarios que ejecutaron el triple crimen, Víctor Hugo H. M., -que declarará este martes- y a su novia, Luz Marina M. A. -que debía declarar hoy y lo hará más adelante, al renunciar a comparecer hoy, acusada de haber colaborado en la logística de la encerrona, alquilando coches, apartamentos y efectuando pagos con dinero recibido de La Negra, algo que este también negó este viernes en el juzgado. Los otros dos sospechosos, el segundo sicario, Juan Diego M. H., y su pareja, María Alejandra P. R., huyeron al día siguiente de los crímenes y todavía no han podido ser localizados.

Ficha policial antigua de Álvaro Luis Ospina Illera, alias La Negra Dominga.

Ficha policial antigua de Álvaro Luis Ospina Illera, alias La Negra Dominga. / L-EMV

14 tiros en mitad del Saler

Roberto Carlos Vega Daza, Tarit José Salazar López y Harold Hugo Jaramillo Rodríguez fueron acribillados de 14 tiros pasadas las nueve de la noche del 27 de febrero de 2024, cuando iban a entrar en su coche, un Volkswagen Passat, tras una reunión mantenida con la ex cuñada de Beto, María Alejandra, y su entonces novio, Juan Diego, en un apartamento de la torre 7 del complejo de Aparejadores, en el parque natural de la Devesa del Saler.

Fue una vecina de esa torre del Saler quien dio el aviso a Emergencias 112 cuando se topó con el cadáver ensangrentado de un hombre, tendido en el suelo, a lo largo de la parte trasera del Passat negro con las puertas delanteras abiertas, aparcado ante el edificio. Al fijarse, vio otro cuerpo caído sobre su propia sangre, junto a la portezuela del conductor y un tercero, cosido a tiros como los otros dos, semitumbado en el asiento trasero. Los forenses contabilizaron 14 disparos, todos, con balas del calibre 9 mm. El que peor parado salió, Tarit Salazar, el guardaespaldas que acompañó a Beto desde el instante en que escapó de Colombia porque se sabía diana de La Negra: se llevó siete tiros. A Ospino, le descerrajaron cinco y a Harold Hugo, ajeno a la trama, dos, lo justo para asegurarse de su muerte por estar en el peor momento y en el sitio equivocado.

Esta es la primera vez que València se convierte en un escenario criminal de esas características, así que Homicidios tuvo claro desde el primer momento que lo que tenían ante sí era la exportación de una ejecución por encargo, una 'balacera' habitual en el ecosistema del narco en Colombia, Ecuador o Venezuela, pero absolutamente extraño en nuestro país. La Negra se erigió en principal sospechoso desde el principio, pero había que reunir las pruebas y hacerlo sin ruido, sobre todo, sin que ese ruido llegase a las autoridades de Barranquilla, el feudo de Ospino y de Los Costeños.

Por ello, el grupo de Homicidios de la Guardia Civil de València tuvo fácil descubrir al sospechoso: los medios colombianos llevan años, desde aquella fiesta de cumpleaños, publicando la guerra para acabar con el monopolio del narco que ejercía el clan de los Vega Daza en el Norte, en el área de Barranquilla, capital del departamento del Atlántico. Lo difícil era reunir las pruebas en una investigación compleja y arriesgada, y después, conseguir atrapar a Ospino en cuanto pusiera un pie en España.

En esa investigación reconstruyeron cómo Beto cometió los primeros errores que dejaron su escondrijo en València al descubierto, sobre todo después de entrar en contacto con María Alejandra, de la que, recuerda el fiscal, se fiaba porque había sido novia de su hermano, asesinado en junio de 2023, cuando los hombres de La Negra Dominga vengaron a su sobrino acribillando a todos los Vega Daza menos a Roberto Carlos. A partir de ahí, iniciaron el plan, en el Ospino habría puesto el dinero y los medios para que los dos ejecutores lo asesinaran. La encerrona consistió en citarlo a esa reunión a casa de Alejandra, en el Saler, de donde ya sí que no salió vivo.

La fiesta teñida de sangre

El origen de todo se sitúa en los sucesos del 24 de octubre de 2022, cuando Jonathan José Ospino Illera, sobrino e hijo adoptivo de La Negra Dominga y su ojito derecho, celebraba su 23 cumpleaños con amigos, familiares y dos orquestas en un lujoso rancho de Salgar, una pedanía de Puerto Colombia.

Avanzada la fiesta, en la que Jonathan recibió como regalo dos camionetas Toyota Hilux adornadas con globos dorados, y sin que nunca se haya aclarado cómo empezó, se inició un cruce de disparos en el que los guardaespaldas de Roberto Carlos Vega Daza acribillaron al cumpleañero: seis disparos llevaba en el cuerpo, uno más que los que mataron a Beto en el Saler. Y ocho el otro invitado que murió cuando lo llevaban a toda prisa a un hospital al que nunca llegó, también uno menos que el guardaespaldas de Roberto Carlos.

Tras un entierro cargado de tensión, la venganza, jurada en público y en privado, era solo cuestión de tiempo. Distintos medios colombianos aseguran que Ospino se alió en ese momento con el líder de Los Costeños para acabar con Beto. Y, de paso, exterminar al clan entero de los Vega Daza, líder indiscutible del narcotráfico en el departamento del Atlántico desde que el fundador del cártel del Norte, Wildron Gabriel Daza Mejía, alias el Gabi Daza, el abuelo de Beto, se puso al servicio de los carteles de Medellín, con Pablo Escobar al frente, y Cali, con los hermanos Rodríguez Orejuela al mando, para controlar las rutas de salida de la cocaína a través del Caribe. De hecho, las malas lenguas dicen que, por encima de la venganza personal, estaba el deseo de quitarle el mercado a los Vega.

La familia Vega Daza, acribillada en su mansión

Roberto se había librado dos veces de la muerte: la primera, tras ser tiroteado en un centro comercial, y la segunda, el 29 de junio de 2023, ocho meses después del asesinato de Jonathan, cuando su familia fue acribillada en su mansión por hombres de Los Costeños que los ejecutaron mientras tomaban algo en el porche de la vivienda, y él se salvó porque justo había entrado a la cocina a por un vaso de agua. Después de eso, Roberto tuvo claro que su vida pendía de un hilo, así que huyó de Colombia a Venezuela y de allí, con pasaporte falso, se trasladó a España y, finalmente a Valencia.

Sobrevivió apenas ocho meses, otra vez el mismo lapso de tiempo. El 27 de febrero de 2024, sicarios enviados por Álvaro Ospino Illera, alias la Negra Dominga, según la acusación que ejerce la Fiscalía sobre este, lo mataron en la narcomasacre del Saler de cinco tiros en el asiento trasero del Volkswagen Passat en el que sus guardaespaldas lo llevaba al apartamento del Saler, justo a los pies del Mediterráneo, paradojas del crimen, el mismo nombre, Mediterrané, que tenía la lujosa cabaña alquilada por Ospino para cumplimentar a su hijo-sobrino en el día de su 23 cumpleaños, que acabó siendo también el de su muerte.

Los medios colombianos identifican al narco Roberto Vega Daza como uno de los asesinados en el Saler

Los medios colombianos identifican al narco Roberto Vega Daza como uno de los asesinados en el Saler / Levante-EMV

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