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Toxicología ya analiza las muestras para averiguar si la joven de Requena murió por el envenenamiento

El cuerpo de Ángela, de 33 años, que falleció por un derrame cerebral en Sicilia mientras estaba de viaje con su novio, ya ha sido sometido a una segunda autopsia en València

La jueza de Requena ha ordenado que se busquen todos los venenos, fármacos y tóxicos agrícolas y domésticos que solicitaba el abogado de su prometido

Fachada del Palacio de Justicia de Requena, donde se investiga el presunto envenamiento de Ángela y de su novio.

Fachada del Palacio de Justicia de Requena, donde se investiga el presunto envenamiento de Ángela y de su novio. / Levante-EMV

València

El cuerpo de Ángela, la joven requenense de 33 años fallecida de un derrame cerebral en Sicilia y cuyo tío fue detenido en mayo de este año por presuntamente envenenarla a ella y a su novio inyectando a escondidas un tóxico en sus alimentos, ya está con su familia en Requena. El féretro con los restos mortales de la joven viajó la semana pasada desde el aeropuerto de Catania al de Madrid y ya se le ha practicado la segunda autopsia en València, tal como había solicitado su familia a la jueza, durante la cual se le han tomado muestras que han sido remitidas al Instituto Nacional de Toxicología, en Barcelona. Ese es el laboratorio de referencia que deberá analizar el material biológico, tanto de fluidos como de tejidos de los "órganos diana" que pudieran haber almacenado alguna de esas sustancias y que pudiesen haber influido en el desenlace final, a pesar del tiempo transcurrido desde la ingesta, ya que la joven llevaba desde mayo sin contacto alguno con el investigado, por lo que este no ha tenido la oportunidad de continuar envenenándola, ni a ella, ni a su novio, que permaneció cinco días en la UCI de un hospital y tres meses más postrado en una cama como consecuencia del primer episodio, el más grave hasta ahora, en septiembre del año pasado.

Tal como adelantó en exclusiva Levante-EMV, Ángela falleció a primera hora del pasado 6 de noviembre, en un hospital de Catania, la segunda ciudad más importante de la isla, pocas horas después de sufrir un accidente cerebrovascular en mitad de la calle, desde donde fue evacuada de urgencia en una ambulancia al centro sanitario. Tal como ha venido informando este diario, la joven acababa de cenar en un restaurante con su novio. Momentos después, cuando caminaban juntos por la calle, la chica se sintió repentinamente indispuesta y mareada, y cayó desplomada. Su prometido, Eduardo, intentó ayudarla y llamó enseguida pidiendo ayuda médica urgente, pero las lesiones eran letales y poco después de llegar al hospital, los médicos acabaron declarando su muerte.

La primera autopsia confirmó el derrame

Desde el primer momento, el joven advirtió de los antecedentes en España, es decir, de que ambos habían pasado varios episodios de intoxicación aguda por los que había sido detenido un tío de Ángela por supuestamente envenenarlos a ambos inyectando algún tipo de veneno en sus alimentos, tras colarse en su domicilio de Requena cuando ambos estaban ausentes, algo que no descubrieron hasta mayo, después de colocar una cámara para ver qué sucedía en su ausencia y por qué cada dos o tres semanas, uno de ellos o ambos, enfermaban sin explicación hasta requerir constantes visitas al Hospital de Requena.

La primera autopsia, practicada en el Instituto de Medicina Legal de Catania, confirmó el diagnóstico inicial de los médicos del hospital: Ángela había fallecido como consecuencia de una hemorragia cerebral masiva. La explicación dejó a su familia con más interrogantes que respuestas, ya que la joven nunca había padecido enfermedades de tipo vascular ni había dado síntomas que ahora se explicasen en patologías no detectadas.

Así las cosas, esa muerte tan súbita como inesperada les ha llevado a sospechar que tal vez la ingesta de aquellos tóxicos, cuya composición aún no se conoce porque el laboratorio de Química de la Guardia Civil no ha dado los resultados -agentes del Equipo de Policía Judicial de Requena se llevaron todos los botes abiertos y cerrados de la nevera, así como los alimentos susceptibles de haber sido contaminados.

Amplia lista de posibles venenos

Precisamente porque no se conocen esas sustancias, el abogado del novio ha solicitado a la jueza de Instrucción 4 de Requena, y la magistrada así lo ha acordado, que se sometiese el cuerpo de la joven a una segunda autopsia para confirmar el dictamen de los forenses italianos y tomas muestras de todos los órganos diana de una amplísima lista de componentes químicos de todo tipo, desde los de uso farmacológico -entre ellos, por ejemplo, la warfarina, el principio activo de un fármaco anticoagulante archiconocido, el Sintrom, cuyo abuso puede provocar hemorragias masivas-, hasta los empleados como pesticidas, herbicidas o abonos en agricultura o jardinería, pasando por los de higiene y desinfección domésticos, los que se emplean para exterminar plagas o los venenos clásicos, como el arsénico o el cianuro, que también se encuentran en muchas de las formulaciones de compuestos plaguicidas.

Una vez cumplimentada la documentación legal para poder volver con Ángela a casa, los padres y el prometido de la joven regresaron en el mismo vuelo que el féretro, desde el Aeropuerto de Catania-Fontanarossa al de Madrid-Barajas Adolfo Suárez, y desde allí al Instituto de Medicina Legal de València, donde el pasado jueves se le practicaron las pruebas forenses, según fuentes cercanas a ambas familias.

Las fuentes antes citadas explicaron a este diario que Ángela y su pareja, Edu, viajaron a la isla italiana la primera semana de noviembre, para pasar juntos unos días y conocer Sicilia. El miércoles, día 5, después de cenar en un restaurante, se fueron del local paseando y, de manera repentina, la joven empezó a encontrarse mal y a marearse. Su pareja, con quien iba a contraer matrimonio el año que viene, trató de ayudarla enseguida, pero la chica acabó perdiendo el sentido. El novio pidió ayuda médica urgente a través del 112, lo que propició que enviaran una ambulancia y la trasladaran al hospital más próximo. Pese a los esfuerzos, los médicos no pudieron salvarle la vida. Fue la pareja quien alertó a los padres de Ángela de lo sucedido, y ambos tomaron el primer avión hacia la isla italiana, donde permanecen mientras recaban información y finalizan las gestiones para traer con ellos el cuerpo de la joven a Requena.

No tenía patologías vasculares

Lo cierto es que Ángela era muy joven para sufrir una hemorragia cerebral y no había presentado síntomas previos de sufrir patología circulatoria alguna, lo que ha avivado las sospechas de que el fallecimiento pudiese estar vinculado de algún modo con los presuntos envenenamientos por los que el tío carnal de Ángela continúa investigado por un juzgado de Requena. Las fuentes antes citadas también han dejado claro que la joven no se había quejado de mareos ni de pérdidas de conciencia o fallos propios de un accidente cerebral antes de ese miércoles. Y han agregado que no descartan que, como mínimo, haya una relación de causa-efecto por los meses de ansiedad y terror pasados, primero por las sucesivas recaídas, después, al enterarse de que su tío estaba entrando en el piso de los jóvenes sin su permiso y, más tarde, por la falta de acción de la primera jueza que instruyó la causa y que no quiso someter al investigado a ninguna medida cautelar.

Los hechos fueron detectados por Ángela y Edu en mayo pasado, pero comenzaron mucho antes, en septiembre de 2024, cuando la pareja se fue de viaje a Santiago de Compostela para asistir a una boda. En esa ocasión, fue Eduardo quien estuvo a punto de morir. Comenzó a sentirse muy indispuesto en su casa, pero decidió viajar igualmente. Fue durante el vuelo cuando sufrió una crisis aguda que obligó a su hospitalización en la UCI en Santiago nada más tomar tierra. En esa unidad pasó cinco días, al borde de la muerte, y luego, tres meses más en cama. Nadie lo atribuyó a un envenenamiento, así que no buscaron tóxicos en los sucesivos análisis.

Seis meses sin resultados de tóxicos

El siguiente episodio se produjo en diciembre, cuando ya estaban viviendo juntos en el piso de Requena, propiedad de la familia de la chica. En ocasiones enfermaba ella y en ocasiones, él. Pero seguían sin pensar en que alguien les estuviese intoxicando. Y así siguió, con incidentes, más o menos graves, cada dos o tres semanas. Y con constantes visitas a las urgencias del Hospital de Requena. Ya en mayo, convencidos de que lo que pasara ocurría en su ausencia en el piso de Requena, decidieron colocar una cámara, pero de escasa calidad. La primera vez que fueron a visualizar las imágenes (no permitía conexión con sus móviles), se quedaron demudados al descubrir que sí entraba alguien: el hermano de la madre de Ángela. Con un bote blanco en la mano. El ángulo no permitía verlo, pero sí escuchar cómo abría la nevera. Convencidos de que los estaba envenenando, denunciaron y la Guardia Civil tomó muestras de todos los botes, tarros y envases de alimentos abiertos. Seis meses después, esos análisis siguen sin llegar, así que se desconoce qué sustancia había en lo que comían.

Los agentes encargados de la investigación, pertenecientes al Equipo de Policía Judicial de Requena, aportaron al juzgado las imágenes de la cámara, así cómo las evidencias del conflicto familiar que tenía al tío enfrentado al resto de parientes: la asignación de la herencia de los abuelos. Según la información a la que ha tenido acceso Levante-EMV, el investigado era, desde hacía años, el administrador de todos los bienes de sus padres y no quería renunciar a ese papel, por lo que tenía un conflicto encarnizado no solo con la madre de Ángela, sino con el resto de hermanos y sobrinos.

Las llaves, en el cajón de su casa

De hecho, la tesis principal es que habría dirigido sus iras contra esta pareja porque disponía de las llaves del piso, ya que es una de las propiedades que administraba. Una copia de esas llaves, según han afirmado fuentes cercanas a la joven, habrían sido encontradas por los agentes de Policía Judicial en un cajón del mueble del recibidor del domicilio del investigado durante el registro practicado en su domicilio con autorización judicial.

Nada más descubrir que su tío había entrado en el piso y sospechar que había estado introduciendo algún tipo de tóxico en su comida -inicialmente se habló del bote de ketchup, pero el consumo esporádico de ese producto manifestado por ambos jóvenes y la frecuencia de las intoxicaciones llevan a pensar que había contaminación en muchos otros alimentos-, Edu y Ángela, muy asustados, decidieron irse de Requena, sobre todo al ver que no había consecuencias para el supuesto autor de esos episodios. "No se fiaban", asegura la fuente. Ahora, están pendientes de los resultados de loa análisis químicos de las muestras tomadas en mayo y, sobre todo, del resultado final de la autopsia de Ángela.

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