Triple crimen en la Devesa
La declaración de un sicario ante el juez cierra el círculo de la narcomasacre del Saler
Uno de los pistoleros admite que estuvo con el segundo asesino en un pequeño pueblo de Barcelona en las mismas fechas que la víctima y su guardaespaldas
Un testigo niega ahora que La Negra Dominga le diera dinero para pagar los preparativos del asesinato de Vega Daza

Fernando Bustamante
Escuchando una nueva declaración de inocencia, pero también la admisión de movimientos y actuaciones que están cerrando el círculo de lo que ocurrió antes, durante y después de la narcomasacre del Saler en la que fueron ejecutados de 14 tiros Roberto Carlos Vega Daza, alias Beto, su fiel guardaespaldas, Tarit José Salazar López, y un amigo de este, Harold Hugo Jaramillo Rodríguez, barranquillero como los otros dos, a las nueve y pocos minutos del 27 de febrero de 2024, a los pies del número 7 del tranquilo complejo residencial conocido como los Bloques de Aparejadores, en pleno parque natural valenciano. De este modo ha retomado este martes el juez de Instrucción 14 de València la toma de declaraciones voluntarias a los implicados en ese triple crimen del Saler, que adelantó en su día Levante-EMV.
Tras tomarle declaración el pasado viernes a Álvaro Luis Ospino Illera, alias La Negra Dominga, encausado por haber ordenado, planeado y financiado el asesinato de su archienemigo Roberto Carlos Vega Daza, el último superviviente del clan costeño de los Vega Daza, exterminado se cree que por Ospino en venganza por la muerte de su sobrino preferido, Jonathan José Ospino Illera, en su fiesta por su 23 cumpleaños en octubre de 2023-, este martes ha sido el turno de Víctor Hugo H. M., uno de los dos sicarios que presuntamente ejecutó el asesinato; el otro, Juan Diego M. H., huyó de Valéncia a los pocos días de la ejecución entre narcos, consciente de la inminencia de su detención. Y, como ya había hecho su jefe, ha proclamado su inocencia. Él no apretó el gatillo, asegura.
Después de un absoluto silencio, que ha durado lo mismo que el secreto dictado sobre el sumario, medio año, los tres detenidos por el grupo de Homicidios de la Guardia Civil, Álvaro Luis Ospino, Víctor Hugo H. M. y la novia de este, Luz Marina M. A. -los otros dos implicados, el segundo pistolero, Juan Diego M. H., y la pareja de este, María Alejandra P. R. continúan en paradero desconocido tras su fuga después del crimen- pidieron comparecer ante el magistrado para contar su versión de los hechos. Lo han hecho a través de sus defensas y solo después de conocer qué había o no en el sumario en su contra.

Ficha policial antigua de Álvaro Luis Ospina Illera, alias La Negra Dominga. / L-EMV
Las piezas encajan
En contra de lo que cabía esperar, los dos que ya han declarado por voluntad propia -la comparecencia de Luz Marina fue suspendida en el último momento por cuestiones de agenda de su abogada-, lo han hecho respondiendo no solo a las preguntas de sus respectivos letrados, sino también a las del fiscal y a las del magistrado. Quizás por ello, además de reiterar que nada tienen que ver con la masacre montada, presuntamente, para vengar aquella muerte en la fiesta cerca de Barranquilla, han acabado asumiendo idas y venidas, encuentros, conversaciones y situaciones que, sin ser su pretensión, han afianzado el relato de los hechos que trazó la Guardia Civil en su atestado a partir de las evidencias reunidas durante los 14 meses de investigación, desde justificantes de pago, a movimientos de los investigados, conocidos gracias al análisis de geolocalización y conexión a las antenas de sus teléfonos móviles, pasando por tiques de establecimientos, billetes de transporte público o alquileres de vehículos y viviendas, sin olvidar determinados movimientos de dinero.
En otras palabras, el hecho de que hayan reconocido viajes, encuentros y estancias ha servido para apuntalar el mapa de hechos avanzado en el atestado policial y que ha sido la base para el relato de la Fiscalía en el escrito de imputación de delitos. Incluso las exculpaciones revestidas de explicaciones faltas de lógica han acabado por inclinar la balanza, o eso parece ahora, hacia el lado de la acusación, aunque la última palabra la tendrán, evidentemente, los nueve miembros del jurado que los juzgará.
Un ejemplo. El presunto asesino a sueldo ha terminado admitiendo en diciembre de 2023 estuvo junto al otro pistolero, Juan Diego M. H. pasando unos días en Sant Pol de Mar, un pequeño pueblo de Barcelona de apenas 5.800 habitantes, casualmente los mismos días en los que el líder de los Vega Daza, Beto, y su guardaespaldas se encontraban en esta misma localidad. Faltaban dos meses y algo para que ambos cayeran tiroteados en el Saler, de cinco tiros el primero y de siete, el segundo. Admitió, también, que de ahí se fue a Madrid, donde pasó unos días con Juan Diego. Y, de nuevo la causalidad, quiso que fuese en los mismos días en que Ospino Illera admitió el viernes que estuvo en casa de Juan Diego en la capital madrileña.
Los viajes en compañía
Las coincidencias no acaban ahí. Víctor Hugo ha asegurado al juez que viajó en compañía del otro presunto sicario a Colombia el día 21 de diciembre, un viaje relámpago, ya que el día de Navidad ya estaba de regreso en Madrid. También quiso el azar que tanto él como su novia, Luz Marina -acusada de haber colaborado en la planificación y ejecución de la encerrona alquilando coches, viviendas, gestionando pagos y realizando alguna otra gestión de logística-, estuvieran justamente en el Saler, bajo la cobertura de la misma antena que da servicio a los Bloques de Aparejadores, la tarde anterior al asesinato e, incluso, el mismo día del crimen. Los dos teléfonos posicionan en ese punto entre las seis y las siete de la tarde, curiosamente, a la hora en que llegaron las tres víctimas en un Volkswagen Passat. ¿Y cómo lo ha explicado al juez? Refugiándose en que buscaban, su pareja y él, un escarceo amoroso en un paraje que, afirmó, se presta a ello más que el apartamento turístico del que disponían en València.
Respecto a los dos billetes de alta velocidad que le sitúan viajando de Madrid a València a primera hora de la víspera del crimen, ha esgrimido que los compró Luz Marina para él, pero ha asegurado que solo utilizó uno, y que el otro lo adquirió por error. Eso sí, para un tren distinto que salía dos horas después. Según él, la Guardia Civil se equivoca al inferir que uno era para él y el otro, para Ospino Illera, y que ambos viajaron de Madrid a València con ese lapso de diferencia para que no los relacionaran entre sí. Lo malo, para sustentar esa tesis, es que los dos billetes fueron validados, así que alguien más que él hizo ese viaje. Y otro detalle más: en la compra de ambos billetes se usó el mismo teléfono: el de un hijo de La Negra Dominga que reside en la capital española.
Tras Víctor Hugo, prestó declaración un testigo, a propuesta también de las defensas. Se trata de un hombre de nacionalidad colombiana que ante la Guardia Civil declaró haber recibido algo más de 2.000 euros en Madrid, de manos de Ospino Illera, con la orden de entregárselos a Luz Marina. Este martes, sin embargo, ha asegurado que se había equivocado en la declaración en sede policial y que, en realidad, ese dinero procedía de su propia cuenta bancaria. Incluso ha aseverado bajo juramento que la mujer le había devuelto el dinero, aunque no supo explicar muy bien ni cómo, ni cuándo. Homicidios aporta en su atestado justificantes de distintos pagos realizados por Luz Marina, relativos a un coche y a una vivienda relacionados con el plan criminal que, ha querido de nuevo el azar, sumen la misma cifra, esto es, esos dos mil y pico euros.
Una encerrona criminal poco habitual
Esta es la primera vez que València se convierte en un escenario criminal de esas características, así que Homicidios tuvo claro desde el primer momento que lo que tenían ante sí era la exportación de una ejecución por encargo, una 'balacera' habitual en el ecosistema del narco en Colombia, Ecuador o Venezuela, pero absolutamente extraño en nuestro país. La Negra se erigió en principal sospechoso desde el principio, pero había que reunir las pruebas y hacerlo sin ruido, sobre todo, sin que ese ruido llegase a las autoridades de Barranquilla, el feudo de Ospino y de Los Costeños.

Matan a tiros a tres ciudadanos colombianos en un coche en la Gola de Pujol / Fernando Bustamante
Por ello, el grupo de Homicidios de la Guardia Civil de València tuvo fácil descubrir al sospechoso: los medios colombianos llevan años, desde aquella fiesta de cumpleaños, publicando la guerra para acabar con el monopolio del narco que ejercía el clan de los Vega Daza en el Norte, en el área de Barranquilla, capital del departamento del Atlántico. Lo difícil era reunir las pruebas en una investigación compleja y arriesgada, y después, conseguir atrapar a Ospino en cuanto pusiera un pie en España.
En esa investigación reconstruyeron cómo Beto cometió los primeros errores que dejaron su escondrijo en València al descubierto, sobre todo después de entrar en contacto con María Alejandra, de la que, recuerda el fiscal, se fiaba porque había sido novia de su hermano, asesinado en junio de 2023, cuando los hombres de La Negra Dominga vengaron a su sobrino acribillando a todos los Vega Daza menos a Roberto Carlos. A partir de ahí, iniciaron el plan, en el que Ospino habría puesto el dinero y los medios para que los dos ejecutores lo asesinaran. La encerrona consistió en citarlo a esa reunión a casa de Alejandra, en el Saler, de donde ya sí que no salió vivo.
La fiesta teñida de sangre
El origen de todo se sitúa en los sucesos del 24 de octubre de 2022, cuando Jonathan José Ospino Illera, sobrino e hijo adoptivo de La Negra Dominga y su ojito derecho, celebraba su 23 cumpleaños con amigos, familiares y dos orquestas en un lujoso rancho de Salgar, una pedanía de Puerto Colombia.
Avanzada la fiesta, en la que Jonathan recibió como regalo dos camionetas Toyota Hilux adornadas con globos dorados, y sin que nunca se haya aclarado cómo empezó, se inició un cruce de disparos en el que los guardaespaldas de Roberto Carlos Vega Daza acribillaron al cumpleañero: seis disparos llevaba en el cuerpo, uno más que los que mataron a Beto en el Saler. Y ocho el otro invitado que murió cuando lo llevaban a toda prisa a un hospital al que nunca llegó, también uno menos que el guardaespaldas de Roberto Carlos.
Tras un entierro cargado de tensión, la venganza, jurada en público y en privado, era solo cuestión de tiempo. Distintos medios colombianos aseguran que Ospino se alió en ese momento con el líder de Los Costeños para acabar con Beto. Y, de paso, exterminar al clan entero de los Vega Daza, líder indiscutible del narcotráfico en el departamento del Atlántico desde que el fundador del cártel del Norte, Wildron Gabriel Daza Mejía, alias el Gabi Daza, el abuelo de Beto, se puso al servicio de los carteles de Medellín, con Pablo Escobar al frente, y Cali, con los hermanos Rodríguez Orejuela al mando, para controlar las rutas de salida de la cocaína a través del Caribe. De hecho, las malas lenguas dicen que, por encima de la venganza personal, estaba el deseo de quitarle el mercado a los Vega.
La familia Vega Daza, acribillada en su mansión
Roberto se había librado dos veces de la muerte: la primera, tras ser tiroteado en un centro comercial, y la segunda, el 29 de junio de 2023, ocho meses después del asesinato de José Jonathan, cuando su familia fue acribillada en su mansión por hombres de Los Costeños que los ejecutaron mientras tomaban algo en el porche de la vivienda, y él se salvó porque justo había entrado a la cocina a por un vaso de agua. Después de eso, Roberto tuvo claro que su vida pendía de un hilo, así que huyó de Colombia a Venezuela y de allí, con pasaporte falso, se trasladó a España y, finalmente a Valencia.
Sobrevivió apenas ocho meses, otra vez el mismo lapso de tiempo. El 27 de febrero de 2024, sicarios enviados por Álvaro Ospino Illera, alias la Negra Dominga, según la acusación que ejerce la Fiscalía sobre este, lo mataron en la narcomasacre del Saler de cinco tiros en el asiento trasero del Volkswagen Passat en el que sus guardaespaldas lo llevaba al apartamento del Saler, justo a los pies del Mediterráneo, paradojas del crimen, el mismo nombre, Mediterrané, que tenía la lujosa cabaña alquilada por Ospino para cumplimentar a su hijo-sobrino en el día de su 23 cumpleaños, que acabó siendo también el de su muerte.

Los medios colombianos identifican al narco Roberto Vega Daza como uno de los asesinados en el Saler / Levante-EMV
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