Tribunales
El acusado de matar a mazazos a un sintecho en Gandia: "Me dijo que lo mejor para beber vodka era comer hígado humano mientras intentaba acuchillarme"
El autor, un hombre de nacionalidad rusa que se enfrenta a trece años de cárcel por un delito de homicidio, alega que golpeó "dos o tres veces" a la víctima "en las costillas" para defenderse
La víctima, que era de Ucrania, falleció como consecuencia de los golpes a 10 metros de la tienda de campaña que compartían en un cañar

El acusado de matar a mazazos a un sintecho en Gandia con su intérpetre durante la primera sesión del juicio celebrado en València. / A. Pérez

Trece años de cárcel. Esa es la pena a la que se enfrenta el acusado de matar a mazazos a un hombre durante una discusión entre indigentes en una zona de chabolas de Gandia, a escasos 100 metros del campus que la Universitat Politécnica de València (UPV) tiene en la capital de la Safor. Durante las tres sesiones que durará la vista que ha arrancado este lunes en la Sala del Tribunal de Jurado de la Audiencia Provincial de Valencia, los once miembros del jurado popular deberán deliberar si el homicida, un hombre sintecho de 56 años y nacionalidad rusa que reconoció haber matado a un ucraniano de 51 años, también en situación de sinhogarismo, actuó de manera intencionada y abusando de su superioridad, como sostiene la acusación pública, por atacarle con un martillo mientras la víctima estaba indefensa, o si, por el contrario, la muerte se produjo en defensa propia para "quitarse de encima" al hombre que había comenzado a agredirle, como sostiene la defensa, que remarca que su representado actuó influenciado por el alcohol y la marihuana que había consumido antes de la agresión.
El primero en declarar ha sido el acusado, quien ha accedido a responder a las preguntas de todas las partes y ha reconocido que causó la muerte del hombre al que conoció unas horas antes de los hechos. Según su versión, ambos estuvieron en su chabola, en la que llevaba asentado medio año, bebiendo vodka y cerveza que él había comprado con el dinero que ganaba de la venta de chatarra. El encuentro se estaba desarrollando con normalidad, "hablando de deportes y del tiempo", hasta que, según ha alegado, su invitado cogió un cuchillo que había en la mesa y se lo puso en el cuello mientras él rellenaba las copas. "Me dijo que lo mejor para beber vodka era comer hígado humano mientras intentaba acuchillarme", ha alegado.

La tienda de campaña en la que vivían víctima y autor en el marjal de Gandia. / Sergi Sapena
Fue así como, según afirma, comenzaron a forcejear completamente a oscuras. A este respecto, asegura que la única luz que había en la chabola salía de una linterna que el llevaba en la mano, y que cayó al suelo tras el enfrentamiento. A pesar de ello, el homicida confeso sostiene que pudo apañarse para esquivar el cuchillo y reducir a su agresor, al que dio un rodillazo y cayó al suelo. Así, ha confesado que mientras la víctima estaba boca abajo y él lo sujetaba los brazos con sus piernas, cogió una maza que había en el suelo, y que usaba para limpiar la chatarra, y le dio "dos o tres" golpes. Así con todo, niega que le atacara en la cabeza y sostiene que los golpes que le propinó fueron en las costillas. Asimismo, remarca que le pegó "con la intención de quitármelo de encima, de quitarle el cuchillo y sacarlo a la calle" con la intención de que se lo llevara la policía "porque pasa mucho por esa zona".
"No paraba de decir 'killer'"
El acusado, que se escuda en el consumo de alcohol que estuvo bebiendo, niega que hubiera fumado marihuana. Alega, también, que al ver que la víctima no se movía se fue a pedir ayuda al campus de la UPV en Gandia, a escasos cien metros del lugar del suceso. "Creía que se había herido con el cuchillo que me estaba amenazando. No sabía si estaba vivo o muerto", ha señalado. Asimismo, asegura que se fue con una botella de vodka, de la que iba bebiendo para curarse las heridas que se había hecho con el cuchillo con el que, asegura, estaba siendo amenazado. Una versión que ha esgrimido este lunes por primera vez y que, ha esgrimido, nunca la había contado "porque mi abogado me aconsejó no hablar".
Durante la primera sesión también han declarado los dos vigilantes del Campus donde acudió el hombre que ahora estaba siendo juzgado. Ambos trabajadores han coincidido que el acusado apareció sobre las 00.15 horas pidiendo ayuda con la mano y la ropa ensangrentada. "Estaba nervioso, como que había tenido una pelea y estaba exhausto de energía. Cayó al suelo e intentaba incorporarse, pero no podía", han testificado. Así con todo, coinciden en que el hombre no olía a alcohol. "No paraba de decir 'killer' (asesino en inglés) mientras apuntaba al parking", han remarcado. Finalmente, llamaron a la policía y a una ambulancia, quienes se hicieron cargo de víctima y agresor.

Restos de sangre de la víctima, Alexander, en el marjal de Gandia. / Sergi Sapena
Los agentes del Grupo Delitos Violentos Policía Judicial de Gandia que acudieron al aviso, han recordado que a su llegada los agentes de policía que estaban en la zona les dijeron que el acusado estaba pidiendo ayuda y decía que había un hombre muerto. Ambos llegaron a ver al fallecido con vida mientras los sanitarios trataban de reanimarlo, aunque nunca pudieron hablar con él porque "estaba en parada". Durante la inspección ocular de la chabola donde se produjo la agresión, una zona de acampada de indigentes, "había mucha basura, mucho desorden y un martillo con restos de sangre debajo de una silla", ha descrito el agente. Este martes continuará el juicio con las declaraciones de los médicos forenses que practicaron la autopsia de la víctima y el informe psicológico del acusado.
Falleció por los golpes en el cráneo
Los hechos ocurrieron la medianoche del 21 de mayo de 2024, sobre las 00.05 horas, en un descampado junto a la Sequia de Vir de Gandia. Según el escrito de conclusiones previas de la Fiscalía, víctima y agresor empezaron a discutir cuando el acusado "con ánimo de acabar con su vida, o al menos aceptando la posibilidad de que tal desenlace se produjera", comenzó a golpear en la cabeza Oleksander utilizando una maza con mango de madera y cabeza de hierro, causándole varias fracturas.
En el momento de los hechos el procesado presentaba sus facultades cognitivas y volitivas ligeramente afectadas por el alcohol que estuvieron consumiendo las horas anteriores a la agresión. De ahí que el Ministerio Fiscal, que le imputa un delito de homicidio por el que le pide trece años de cárcel, aprecie la circunstancia atenuante analógica de embriaguez. Sin embargo, considera que el agresor actuó con la agravante de su superioridad, "por la diferencia de medios" utilizada para atacar a su víctima, quien trató de parar los golpes con sus brazos y repeler la agresión sin éxito al estar desarmado. Como consecuencia de las lesiones el hombre terminó falleciendo por un shock provocado por un traumatismo craneal severo. Asimismo, la acusación pública pide que se indemnice a los familiares del fallecido con 100.000 euros a la mujer y 60.000 a la hija, quienes no han acudido al juicio al residir ambas en Ucrania.

Lugar donde se produjo el crimen, a 10 metros de la tienda de campaña que compartían en el marjal de Gandia. / Sergi Sapena
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