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Crimen resuelto

La Guardia Civil detiene a dos amigos de "El Merengue" por su asesinato ocho meses después de su desaparición en Sueca

Los investigadores hallan los restos calcinados de José María Guarinós, que tenía 72 años, en un quemador agrícola, cerca de la caseta de campo donde lo estrangularon, gracias a la confesión de uno de los arrestados

El crimen tuvo un móvil económico: los presuntos asesinos usaron la tarjeta del Merengue y su teléfono móvil varios días después de su muerte

La Guardia Civil detiene a dos amigos de "El Merengue" por su asesinato ocho meses después de su desaparición en Sueca

Guardia Civil

Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

El 24 de febrero de 2025, José María Guarinós, de 72 años y alias El Merengue, desapareció de la caseta de campo donde vivía, en las afueras de Sueca, sin dejar rastro. Como si se lo hubiera tragado la tierra. Este lunes, 1 de diciembre, ocho meses y una semana más tarde, agentes del grupo de Homicidios de la Guardia Civil han resuelto lo que se suponía desde un principio como un crimen, con la detención de dos amigos del Merengue como presuntos autores de su asesinato. Al menos uno de ellos habría confesado el homicidio, de cuya autoría acusa a su compinche, y revelado el lugar donde ocultaron el cuerpo después de prenderle fuego. Al parecer, el crimen tuvo un móvil económico: los ahora arrestados habrían usado su tarjeta bancaria para realizar pagos y extracciones y se habrían llevado su teléfono móvil para extraer datos y borrar conversaciones.

La detención de los presuntos homicidas, Juan Francisco C. C. y Emilio Blas N. H., ambos vecinos de la pedanía sueca de Les Palmeres, se materializó el lunes, después de que el segundo, asistido por su abogado, confesara los hechos ante los agentes que le habían tomado declaración como testigo, uno una, sino varias veces, a lo largo de estos ocho meses. Según Emilio Blas, ha decidido contar lo que sucedió y explicar lo que hicieron con el cadáver "por arrepentimiento" y porque ya no podía seguir viviendo con ese secreto.

Según las investigaciones policiales, que han estado dirigidas desde el principio por el Juzgado de Instrucción 4 de Sueca, de guardia el día que se produjeron los hechos, José María habría sido estrangulado por Juan Francisco en la caseta de campo donde residía la víctima, al norte del casco urbano, después de que el ahora detenido se presentara en su casa para, supuestamente, reclamarle una deuda. Al ver que lo había matado, habría pedido ayuda al segundo presunto implicado, Emilio Blas, para trasladar el cuerpo y deshacerse de él sin que nadie los viera.

Imagen de archivo de un quemador agrícola en llamas durante una quema de poda.

Imagen de archivo de un quemador agrícola en llamas durante una quema de poda. / Unió de Llauradors

Denunció la inquilina

Gracias a la colaboración de Emilio Blas N. H. con los investigadores, se sabe que ambos acudieron a casa del Merengue y cargaron el cadáver, ya de noche, en el maletero de su coche. Después, se fueron hasta un campo de cultivo no muy lejano, donde sabían que había un quemador agrícola de bloques de hormigón, en cuyo interior arrojaron el cuerpo sin vida de José María, tras lo cual le habrían prendido fuego para acelerar su destrucción.

Después se fueron y guardaron silencio. La desaparición del Merengue, que llevaba una vida solitaria salvo por las quedadas con sus amigos, tardó varios días en ser descubierta, y lo fue gracias a la denuncia interpuesta por una conocida, alertada porque no respondía a las llamadas a su teléfono móvil. La mujer incluso se desplazó a la casa donde vivía el hombre y, al no obtener respuesta tampoco, pensó que algo le había sucedido y acudió al cuartel de la Guardia Civil de Sueca, donde dio cuenta de la desaparición. Ya era 14 de marzo: llevaba 18 días desaparecido.

Ese mismo día, como es habitual cuando se denuncia una desaparición, se generó el cartel de búsqueda que publicaron el Centro Nacional de Personas Desaparecidas (CNDES) y la plataforma Sos Desaparecidos. Apenas aportaban datos, más allá del nombre de pila y la descripción física, dado que ya había sospechas de que se trataba de un crimen.

Búsquedas infructuosas

Desde ese primer momento, agentes de la Guardia Civil abrieron una investigación que enseguida detectó señales inequívocas de que se trataba de una desaparición forzosa y, casi con toda seguridad, de un asesinato, así que el caso fue atribuido al grupo de Homicidios de la Comandancia de València. Aún así, se organizaron varias búsquedas a lo largo de los siguientes meses, con la participación de perros adiestrados en rastreo de cadáveres, drones, el helicóptero del Instituto Armado y decenas de agentes de la Unidad de Seguridad de la Comandancia (Usecic), del Seprona y de la compañía de Sueca. Peinaron toda el área agrícola más próxima al domicilio de José María, pero no hubo suerte. Hasta que, este lunes, en la enésima ocasión en que fue citado a declarar, uno de los presuntos responsables de su muerte decidió contar lo que había ocurrido.

Gracias a esa confesión, los especialistas de Homicidios y del laboratorio de Criminalística encontraron, dentro del quemador agrícola señalado por Emilio Blas, los restos calcinados del Merengue. El juez de Instrucción 4 de Sueca ordenó el traslado de los mismos al Instituto de Medicina Legal (IML) de València, donde este miércoles se le practicará la autopsia. Mientras, los dos detenidos, serán entregados este jueves al juez, que casi con toda seguridad dictará prisión provisional comunicada y sin fianza por un delito de homicidio y otro de estafa (por el uso fraudulento de la tarjeta de la víctima).

Este martes, tras la confirmación del hallazgo del cuerpo, el juez autorizó sendos registros, en casa del Merengue y en la de los dos detenidos, en presencia de estos y de sus abogados, ambos de oficio, sin que haya trascendido si los agentes han encontrado objetos que los vinculen directamente con la víctima, como su teléfono móvil y la tarjeta con la que realizaron, al parecer, pagos y extracciones de diversas cantidades.

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