El joven que mató a su tío a cuchilladas junto a la Finca Roja condenado a ocho años de cárcel
José Yücel G. K., de 28 años, confiesa que esperó a su familiar escondido entre los coches y que al verlo le asaltó por la espalda y le asestó 25 puñaladas por tratar mal a su madre

Foto: M. Á. Montesinos | Vídeo: Ignacio Cabanes
Una explosión de ira mezclada con un fuerte sentimiento de protección hacia su madre. Esa fue el cóctel que motivó el brutal asesinato de Javier Gómez, de 64 años, junto a la Finca Roja de València, que recibió veinticinco cuchilladas a manos de su sobrino, José Yücel G. K., de 28 años, con quien mantenía un enfrentamiento a causa de una herencia. Tras una década de desencuentros, convencido de que su tío trataba mal a su madre y ante el temor de que pudiera causarle algún daño, la tarde del 21 de mayo de 2024, armado con un cuchillo y un hacha que jamás llegó a utilizar, se presentó a las puertas del despacho en el que se encontraba su familiar, en la calle Albacete, se aproximó a él por la espalda y empezó a apuñalarlo en la cabeza y el corazón con una saña inusitada hasta acabar con su vida.
Así lo confesó el propio acusado durante el juicio celebrado este jueves en la Audiencia Provincial de Valencia. Gracias al acuerdo de conformidad alcanzado entre las partes, el asesino confeso no tendrá que ser juzgado por un jurado popular y tendrá que pasar menos tiempo entre rejas. En concreto, el tribunal lo condena a ocho años de cárcel por un delito de asesinato al apreciar las atenuantes de alteración psíquica y de reparación parcial del daño, al haber consignado antes del juicio parte del dinero con el que deberá de indemnizar a la familia. La sentencia incluye cinco años de libertad vigilada a cumplir a partir del vencimiento de la pena privativa de libertad.
La mala relación entre tío y sobrino se remonta a hace más de una década. Durante los últimos años la tensión entre familiares fue en aumento, viviéndose momentos especialmente tensos, incluido un supuesto desalojo de Yücel y de su madre de un piso familiar por parte de Javier. Según los hechos declarados probados, y reconocidos por el ahora condenado, la tarde del 21 de mayo de 2024 se presentó en el despacho del abogado al que había ido un día antes su madre para firmar el reparto de una herencia, donde suponía que ese día y a esa hora debía ir a firmar Javier.
Le esperó agazapado ente los coches
Sobre las 17.15 horas, al verle llegar y mientras lo esperaba agazapado entre los coches, lo sorprendió por la espalda cuando se disponía a entrar en el portal, se abalanzó sobre él y, sin dar oportunidad a que pudiera defenderse comenzó a apuñalarle con alevosía un cuchillo de 18 centímetros de hoja. La autopsia que le fue practicada a la víctima en el Instituto de Medicina Legal de València determinó que el fallecido murió por las lesiones que tenía en la cabeza, el tórax, el abdomen... Todas infligidas con el cuchillo que su sobrino le clavó hasta en 25 ocasiones y que le afectaron al corazón, el hígado y los pulmones, hasta que finalmente se quedó clavado en su pecho, mientras su sobrino trataba de huir. El hacha que llevaba en la mochila ni siquiera tuvo tiempo de usarla.
La encontró dentro de ese bolso el policía local de barrio que atendía la salida de los escolares del colegio y que lo atrapó, ayudado por varios ciudadanos, cuando se iba a paso ligero del lugar y con las manos ensangrentadas. No opuso resistencia.
Las pruebas testificales y materiales contra José Yücel eran irrefutables, ya que cometió el crimen a una hora, las 17.15 horas, y en punto de la ciudad, el número 17 de la calle Albacete, muy cerca de la Finca Roja, especialmente concurridas porque coincidió con la salida del alumnado del colegio Santo Tomás de Villanueva-Agustinos y las gestiones habituales del vecindario, como hacer recados, ir a la compra o, simplemente, pasear o tomar algo en una terraza tras una jornada laboral.
Por ello, fueron numerosos los testigos directos del ataque letal. Pero, el principal fue el abogado que estaba ayudando a los hermanos Gómez a alcanzar un acuerdo en el reparto de la herencia de la madre de ambos y abuela del agresor, fallecida recientemente. Ese letrado, a cuyo despacho acudía la víctima esa tarde, estaba hablando por el videoportero con el tío del agresor, ya que acababa de llamar al timbre. El asesor jurídico asistió, impotente y horrorizado, al momento en que José Yücel G. K. empezó a acuchillar con una saña inusitada a su tío por la espalda. De hecho fue él quien alertó al 112 y bajó a intentar ayudar a su cliente.

El cuerpo sin vida de Javier Gómez, de 64 años, yace sobre la acera de la calle Albacete. / Miguel Ángel Montesinos.
Síndrome de la silla turca vacía
Aunque nunca hubo sombra de duda acerca de la autoría, las responsabilidades en este proceso judicial se jugaban en el tablero del estado mental y conductual que José Yücel tenía, sobre todo, en ese momento, pero también en los meses anteriores. Antes del juicio se sabía que el homicida tenía diagnosticada una enfermedad conocida como síndrome de la silla turca vacía, que causa un importante engrosamiento óseo de la parte del cráneo más próxima a la hipófisis, y acaba ejerciendo una fuerte presión sobre esa glándula.
En adultos, ocasiona fortísimos dolores de cabeza, trastornos sexuales y otros problemas. En el caso de Yücel G. K., los médicos tenían previsto intervenirle en breve para, entre otras cosas, descartar que tenga tumores cerebrales como consecuencia de esa anomalía, ya que un reciente TAC le había detectado una lesión en la silla turca. La pregunta del millón es si esa patología podía haber alterado (o ayudado a alterar) su conducta y si agudizó la situación de estrés emocional que le generaba el constante conflicto familiar, que conocía sobre todo a través de la versión de su madre, a la que parece estar especialmente unido.
Finalmente, los informes psiquiátricos que le fueron practicados por los forenses acreditan que el asesino confeso "tenía su capacidad intelectiva ligeramente disminuida" en el momento del crimen a causa de los problemas causados desde años antes por su carácter retraído, así como por la percepción que había desarrollado de la actitud de su tío en relación con su madre y con él". De ahí que el tribunal haya apreciado la atenuante de alteración psíquica y haya aceptado rebajar la pena de cárcel de once a ocho años.
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