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Investigación

Alunizajes en València: la moda criminal que aterra a comerciantes

La 'banda del extintor', compuesta por delincuentes 'locales', lleva una veintena de golpes el más importante en Chapeau, la mítica tienda de lujo de València de donde se llevaron 130 bolsos; el botín roza el medio millón de euros

En el último asalto, a una joyería de Sagunt, imitaron una campaña de publicidad: alunizaron dos Fiat 500, como en la promo '500 by Diesel'

Asaltan una tienda de electrónica en València y huyen en un Panamera

Levante-EMV

Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

Tardan entre dos y cinco minutos. Si es menos, el botín se queda corto. Si es más, el riesgo a que los pillen se multiplica por mil. ¿Dificultad técnica? Poca. Saber robar el vehículo adecuado y conducirlo al límite, hacer un mínimo trabajo de preparación (vigilancia y control del objetivo, casi siempre, simulando ser un cliente más) y tener la firme voluntad de hacerlo de manera decidida y rápida. Los alunizajes no requieren ningún ingrediente más. Por esa razón, pero sobre todo por el altísimo rendimiento coste-beneficio, esos asaltos se han convertido en uno de los métodos de robo a los que los ladrones les tienen más querencia. Y los comerciantes, más miedo. Por lo primero, cada vez hay más grupos que se dedican a estos golpes -no solo en España, sino por toda Europa-, que se imitan entre sí y que llevan de cráneo a las fuerzas de seguridad, porque todos parecen clones de todos. Por lo segundo, los dueños de las tiendas -eligen las que venden mercancía con buena salida: de lujo, de marcas premium, electrónica, móviles...; cuanto más caras, mejor- exigen más seguridad y viven con la agonía de saber que pueden volver en cualquier momento.

Pero hay sutiles diferencias, preferencias y manías entre ellos que son oro para los investigadores de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. En València, de hecho, se cree que hay, desde hace un par de años, entre dos y tres grupos de aluniceros, cuyos miembros se entremezclan en ocasiones. Por encima de todos destaca uno, formado por delincuentes de l'Horta Sud y de barrios del norte de la ciudad de València, que se ha ganado a pulso el sobrenombre de 'la banda del extintor'. ¿Por qué? Fácil. Porque utilizan el polvo que contienen esos productos antiincendios para rociar los coches cuando los abandonan -borran así los escasos vestigios que hayan podido dejar y que servirían para identificarlos- e incluso para generar una nube entre ellos y los coches policiales durante las persecuciones que se suelen dar después de muchos de los asaltos o para arrojarles los cilindros ya vaciados para frenarlos y perderlos.

A ese grupo criminal, dos de cuyos miembros fueron detenidos el 18 de octubre y el 1 de noviembre pasados, después de sendos golpes -a un estanco de Torrent y al almacén central de la cadena de perfumerías Druni, en Carlet-, se les achacan, de momento, cerca de una veintena de alunizajes y decenas de robos de coches, casi siempre BMW y Audi, con especial tendencia a los X3, X5, Q5 y Q7. Los dos robos estrella, los perpetrados el 16 de julio en la mítica tienda valenciana de lujo Chapeau, en Hernán Cortés, de donde se llevaron 130 bolsos -y unos pocos pares de zapatos- de marcas como Prada, Gucci, Miu Miu, Valentino, Yves Saint Laurent, Bottega Veneta, Jacquesmus, Jimmi Choo, Chloé, dejando un agujero económico de entre 250.000 y 400.000 euros (según se tenga en cuenta el precio de coste o el de venta) y el 18 de octubre en la histórica tienda valenciana de fotografía Fotopro, donde el botín supera los 200.000 euros, ya que se llevaron equipos enteros, la mayoría de ellos de uso profesional, de marcas como Nikon o Canon.

Reciben un encargo, lo cumplen y se ocultan

Normalmente, trabajan por encargo, así que se deshacen del material en horas. Es una de las reglas de oro. Por eso, para atender como merece al 'cliente', cuando se les frustra un objetivo, tienen otro de sustitución. Ocurrió, por ejemplo, con Druni, la cadena valenciana de perfumerías que lidera buena parte del sector y cuyo almacén central, que copa toda una manzana en el polígono industrial de Carlet, han 'visitado' hasta en tres ocasiones en poco más de tres meses, entre el 26 de julio y el 1 de noviembre. En los dos primeros robos, el del 26 de julio y el del 4 de agosto, se llevaron los palés con los perfumes, cremas y productos de maquillaje más caros del recinto. ¿Casualidad o información privilegiada? El propietario está convencido de lo segundo, de que cuentan con un topo. Y la Guardia Civil no lo desmiente.

Pero, en el tercero fracasaron estrepitosamente. Quizás, por variar el método. En lugar de atacar a la hora habitual, entre las cuatro y las cinco de la madrugada, lo hicieron a la una y media. Y se toparon con sobre los vigilantes, que ya estaban sobre aviso. No solo se fueron con las manos vacías, sino que, en la persecución, la Guardia Civil acabó atrapando a uno de los cacos, vecino de Benimàmet. Para paliar ese error, repitieron asalto durante la madrugada siguiente, pero sobre un nuevo objetivo: un almacén de perfumería de Riba-roja.

Lo mismo sucedió la madrugada del 18 de octubre. Esa noche, el plan era hacerse con determinadas cajas de cartones de marcas premium de tabaco. Primero, atacaron un estanco en Benimàmet -curiosamente, el barrio del segundo ladrón del grupo apresado-, pero como no consiguieron su objetivo, se fueron a Torrent, donde se hicieron con un botín de unos 40.000 euros desvalijando una expendiduría de tabaco ubicada en la entrada a la ciudad, un sitio perfecto para su método: robar y huir en tiempo récord. Esa noche tampoco fue perfecta: la Policía Local de Torrent y la Nacional acabaron atrapando a otro miembro del grupo -el primero en caer, cronológicamente hablando-, después que se estrellara con su coche en plena persecución, entre Picanya y Paiporta.

"Es muy duro, nos está costando mucho remontar"

Eso sí, tanto el primero, vecino de Benetússer, como el segundo, quedaron libres en cuanto pasaron por el juzgado. En ambos casos, porque la Fiscalía no compareció en el acto de pase a disposición judicial, por lo que nadie pidió prisión, y porque cada caso se analizó como individual, es decir, por el robo de esa noche.

Con anterioridad, habían cometido asaltos en tiendas de telefonía de València, como la desvalijada en la avenida del Puerto en la madrugada del 2 de julio, solo 14 días antes del alunizaje en Chapeau, y en otros establecimientos del Cap i casal y de municipios próximos. La falta de información de las unidades policiales investigadoras a las víctimas, el daño económico y emocional y el que a los dos únicos detenidos, no como consecuencia de esas investigaciones sino de la acción de las patrullas que estaban de servicio esas dos noches, los dejaran en libertad en los juzgados de Torrent y Llíria tiene a las víctimas sumidas en la desesperanza. Y en el temor.

Una de ellas, que prefiere no ser mencionada en este artículo, lo expresa con claridad. "Es muy duro y nos está costando mucho remontar. Además, vivimos acongojados, con el miedo metido en el cuerpo. No puedo dejar de pensar en que tal vez vuelvan. Que puede volver a pasar en cualquier momento". Hace unas pocas noches, la alarma de su establecimiento saltó por error en mitad de la noche. "Me desperté asustado, convencido de que eran otra vez los del alunizaje". ¿Y la policía, le mantiene informado? "Para nada. El primer día presenté la denuncia y les di las imágenes de las cámaras de seguridad, y hasta hoy. Yo supongo que están investigando y reuniendo pruebas para poder detenerlos", expone, confiado. Hace más de medio año, en su caso. Y el que los dos únicos detenidos volviesen a la calle a los dos días de su arresto, tampoco ayuda a ver las cosas con serenidad.

Investigaciones complejas

Realmente, no es fácil, porque los ladrones toman muchas precauciones para ocultar su identidad. Y para poder detenerlos, encarcelarlos, juzgarlos y condenarlos, debe haber pruebas irrefutables que los sitúan en las escenas de los robos que se les achaquen, ya sea con huellas, ADN, estudios antropomórficos, identificaciones faciales o cualquier otro elemento que no deje lugar a la duda.

El último asalto, por ahora, es el perpetrado en la madrugada del día de Navidad, cuando Papá Noel aún no había terminado de repartir regalos entre los niños (y adultos) buenos. Cinco encapuchados que no debían esperar regalo alguno -en cada golpe actúan entre cuatro y seis miembros del grupo, en función del peso y volumen de la mercancía que carguen y del número de coches- robaron esa noche tres vehículos, un BMW X5 blanco y dos Fiat 500 para cometer un nuevo alunizaje: en una joyería del centro comercial Carrefour, en el Port de Sagunt, tal como adelantó ayer en exclusiva Levante-EMV. Eran las 6.15 horas. Primero reventaron la puerta exterior del centro comercial con uno de los utilitarios, de color negro, y luego circularon con el otro, el rojo, por la galería comercial hasta descerrajar la segunda persiana metálica con el segundo 500. En tres minutos, arramblaron con todo el oro que pudieron -el metal que mejor salida tiene: una vez fundido, pierde toda trazabilidad y se convierte en pequeños lingotes anónimos- y se esfumaron en el Audi Q7 blanco que esperaba en la puerta con el motor en marcha.

"Es un palo brutal. Hacen muchísimo daño"

El dueño del establecimiento coincide a la hora de expresar lo que este robo supone para ellos. "Es un palo brutal, porque tenía más género del habitual debido a la campaña de Navidad y ahora no sé cuando podré volver a abrir, porque no tengo mercancía ni medidas de seguridad. Yo llegué 10 minutos después y la escena era dantesca".

De momento, no es capaz de plantearse un plazo para la reapertura de la joyería: "Por mí, abriría mañana, aunque fuera solo para poner a la venta un despertador". Sin embargo, admite que "la campaña de Navidad se ha ido al traste" y todavía queda mucho trabajo previo para recuperar cierta normalidad en su actividad comercial. Para hacer más llevadera esta situación, "tengo varios amigos, que han venido a echarme una mano, y estoy recibiendo bastante apoyo".

Establecimiento tras el paso de los ladrones.

Establecimiento tras el paso de los ladrones. / Levante-EMV

La promo que inspiró a los ladrones

Uno de los hechos diferenciales entre este alunizaje y los anteriores atribuidos tanto a la banda del extintor como a otras que han actuado y siguen actuando en València es el tipo de vehículo usado. Habitualmente, utilizan todoterrenos y berlinas, sobre todo de Audi y de BMW, para asegurarse varias cosas: que el peso y envergadura del vehículo garanticen la rotura rápida de la persiana metálica y de la luna, y la potencia del motor aventaje a la de los coches policiales para poder dejarlos atrás en la hipotética persecución que se produce tras muchos de los asaltos.

Sin embargo, en esta ocasión emplearon dos coquetos Fiat 500. ¿Por qué? Porque dadas sus pequeñas dimensiones eran los únicos capaces de pasar entre los bolardos que protegen la entrada del centro comercial. En pocas palabras, habían medido ese espacio. Pero hay más. El 16 de septiembre de 2009, los vecinos de las calles Fuencarral, en Madrid, y del Paseo de Gràcia, en Barcelona, se quedaron atónitos al descubrir, empotrado en el escaparate de las tiendas Diesel de ambas ciudades un Fiat 500. Ese alunizaje -en realidad, se trataba solo de un efecto óptico- era la impactante campaña publicitaria que promocionaba la colaboración comercial entre la marca de tejanos y la de automoción, con la salida al mercado de su modelo '500 by Diesel'.

En julio del año pasado, una banda de aluniceros hizo realidad esa campaña conjunta, bautizada, sin alegorías, como 'Alunizaje'. Fue también en el Paseo de Gràcia, pero en la tienda de Louis Vuitton. Los cacos se valieron, como los de Sagunt ahora, de las reducidas dimensiones del Fiat 500 para colarlo directamente y de un acelerón por uno de los escaparates del establecimiento, donde lo dejaron 'aparcado' para huir lo antes posible con otro botín millonario. Y quizás, en homenaje a esos otros ladrones, los de Sagunt entraron a la misma hora: las 6.15 horas.

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