Juicio por el asesinato de la maestra de Rafelcofer: "Fue un crimen despiadado con un ensañamiento desproporcionado"
El fiscal pide 28 años de cárcel para Antonio 'Toni' S. E., de 46 años, y Rubén Ú. P., de 44, por asesinar a Rosa Carmen Pous en su casa para robarle la cartera para comprar droga
Declaran, protegidas, las hijas de la víctima ara no tener contacto visual con los presuntos asesinos de su madre

J.M. López
Un crimen "despiadado" con "un ensañamiento desproporcionado". Así describe la abogada de la familia de Rosa Carmen Pous Escrivà, la maestra jubilada asesinada a cuchilladas en su casa de Rafelcofer la noche del 27 de abril de 2024, la violenta actuación de los dos hombres que se presentaron en su vivienda para robarle la cartera. Un jurado popular formado por seis hombres y tres mujeres deberá decidir ahora si Antonio 'Toni' S. E., de 46 años, y Rubén Ú. P., de 44, los dos delincuentes politoxicómanos de la Font d'En Carròs detenidos y encarcelados por su presunta participación en el crimen, son culpables o inocentes. El trabajo del jurado del juicio que ha comenzado este martes, y que se prolongará hasta el viernes, se verá facilitado por el rosario de evidencias que dejaron ambos toxicómanos tras de sí.
La primera sesión de la vista oral celebrada en la Ciudad de la Justicia de Valencia ha estado marcada por las declaraciones de las hijas de la víctima, quienes han subrayado que su madre "era una persona muy desconfiada" que, han remarcado, esa noche abrió la puerta porque detrás de ella había una persona conocida. Este testimonio refuerza uno de los principales argumentos de las acusaciones, que sostienen la culpabilidad de los dos acusados, para los que piden penas para cada uno de ellos que oscilan entre los 28 y los 30 años de cárcel. "Uno la acuchilló, pero sin la participación del otro acusado no se podría haber cometido el crimen", ha incidido el fiscal.
"Si hubiera llamado un desconocido no hubiera abierto"
Las hijas, por deseo expreso de ambas, han declarado detrás de un parabán y con los acusados sentados en un lugar adecuado para evitar mantener contacto visual con los presuntos asesinos de su madre. Ambas han coincidido en que Rubén es un antiguo conocido de la familia, no solo porque vivía enfrente, sino porque durante unos años su mujer fue la encargada de cuidar a su abuela. Desde que la anciana falleció en 2016 la relación con su vecino se volvió "cordial", "de hola y adiós", aunque, según ha señalado una de las hijas, "si él hubiera ido a buscarla le habría atendido". Una afirmación que respaldaría no solo la implicación de su vecino en el asesinato, sino que su participación fue clave para consumar el crimen.

Los dos acusados de matar a la maestra de Rafelcofer, en el banquillo al inicio del juicio. / José Manuel López
A este respecto, han remarcado que desde que su madre quedó viuda se había vuelto una mujer "muy recelosa" y "muy desconfiada", que no abría la puerta a cualquier persona y que incluso "estaba pensando en poner una caja fuerte para guardar sus cosas" porque "era muy consciente de los riesgos. A nosotras siempre nos inculcaba que pasaban cosas malas", han afirmado. "Mi madre no habría abierto la puerta si no conociera a uno de sus asesinos", han incidido las hijas. Fue una de ellas la que se encontró el cadáver. Sabía que había pasado algo porque no respondía ni a sus llamadas ni a sus mensajes. No sabía nada de su madre desde la tarde de antes, cuando la dejó en su casa, sobre las 20.00 horas, después de pasar el día en la playa y de ir de compras a un centro comercial de Ondara. Una hora después la mujer era asesinada en su casa.
"Le escribí a las 11.00 porque habíamos quedado para comer, pero no me contestó. Al principio pensé que era raro, pero luego pensé que se habría dejado el móvil en casa y que se habría ido a misa". Al entrar en la vivienda vio "cosas raras" que le hicieron sospechar que había pasado algo, pero hubo un detalle que le hizo saltar todas las alarmas: "Encima de la mesa estaba el plato con la cena. Me giré y vi que la mecedora estaba del revés, y ella detrás tirada en el suelo. Pensé que se había atragantado. Era lo que quería pensar porque mi cabeza no quería creer otras opciones", ha declarado. Así, llamó al servicio de Emergencias 112 y seguidamente avisó a su pareja y a su hermana, a la que le dijo: "la mamá se ha matado". Horas después, uno de los vecinos, al que le pidieron que entrara a la vivienda con los médicos y los policías, les confirmó que su madre había sido asesinada.
Incongruencias y contradicciones
Durante la primera sesión del juicio por el asesinato de la maestra de Rafelcofer también ha declarado la vecina, la última persona que la vio con vida, quien ha señalado que se fue de su casa veinte minutos antes de producirse el crimen. Antes que ella declaraba, la pareja de Antonio, el presunto autor material de los hechos, quien ha tratado de introducir la idea de que la sangre que hallaron en su casa los agentes del Grupo de Homicidios era de su pareja, por un corte que se hizo al tirar un jarrón contra la pared la noche anterior. La mujer ha tratado de encubrir a su novio, con el que mantiene una relación desde 2015, y ha asegurado que este toma medicación para tratarse un trastorno de personalidad que tiene diagnosticado, y que en algunas ocasiones combinaba con cocaína, metadona y alcohol.
Con un testimonio plagado de contradicciones, con afirmaciones incongruentes y cambiantes, ha reconocido que su pareja es una persona que sufría brotes psicóticos, que se ponía muy nervioso y que era muy agresivo. También ha asegurado que la tarde de antes su pareja sufrió dos crisis de epilepsia mientras que Rubén, al que conocía desde hacía "dos o tres meses" porque era amigo de su novio, también se desmayó. El día del crimen, ha asegurado, su pareja estuvo en casa hasta las 19.00 horas, cuando le llamó Rubén y ambos se fueron supuestamente a casa de la madre de Antonio. No supo nada de ellos hasta las 23.00, cuando le llamó "porque estaba preocupada porque no sabía nada de ellos".
Al rato llegaron a la casa, cuando presuntamente ya habían acribillado a cuchilladas a Rosa Carmen y le habían robado la cartera para quedarse el dinero y comprar drogas. Sin embargo, la pareja del acusado niega que su novio llegara con marcas de sangre a casa. "Volvió igual que se había ido. Llevaba la misma ropa. Un chándal negro. No llevaba sangre", ha repetido para tratar de encubrir a su pareja, un hombre extremadamente violento con un amplio historial delictivo. De hecho, en una de las últimas detenciones antes del arresto por el asesinato de la maestra, se arrancó los grilletes tras haber sido esposado y la emprendió a golpes con los guardias, lo que obligó a estos a emplearse a fondo para poder reducirlo y meterlo en uno de los calabozos.
Tanto Antonio como Rubén están acusados de un delito de asesinato y otro de robo con violencia e intimidación en casa habitada, por los que el fiscal les pide 28 años de cárcel -23 por matarla y 5 por el asalto- y la acusación, dos más, 30, ya que exige que por darle muerte paguen con 25 años de cárcel, la máxima pena por ese delito, a los que se suman los cinco del robo con violencia. Ambas acusaciones consideran que existe una agravante: abuso de superioridad, porque eran dos contra una, porque ella pesaba 54 kilos y ellos bastantes más y porque la mujer tenía 20 años más que sus presuntos asesinos, así que su capacidad de defensa era nula.
La acusación particular, ejercida por la letrada María José López Martínez, añade además las agravantes de alevosía y ensañamiento al considerar que el asesinato de la maestra de Rafelcofer "fue un crimen excesivamente violento" cometido "con un ensañamiento desproporcionado. La abogada confía que las pruebas periciales que se van a mostrar en las próximas sesiones van a "evidenciar la participación de ambos acusados". Las defensas, por su parte, representadas por el penalista Juan Carlos Navarro y Diego Verdú, solicitan la absolución de sus representados.
Aunque ambos están acusados en concepto de autores, es Antonio S. E. a quien se considera presunto autor material del acuchillamiento mortal de la mujer, del que informó en exclusiva Levante-EMV. Su abogado considera que la calificación no se ajusta a los hechos y alega que su cliente actuó con sus capacidades volitivas alteradas por un trastorno psicótico y por el consumo de drogas y alcohol. El segundo detenido, Rubén Ú. P., y su letrado, tratarán de convencer al jurado de que todo el asesinato fue obra de su compinche, y que él se vio sorprendido por la acción sin poder hacer nada por detenerle.
Sin embargo, las acusaciones consideran no solo que estaba al tanto, sino que fue un cómplice necesario porque gracias a que Rosa lo conocía de vista, porque era vecino de la misma calle -vivía justo enfrente, en el número 5-, les abrió la puerta cuando llamaron a su timbre a las nueve de la noche de aquel sábado, justo cuando la mujer se disponía a empezar a cenar. Por todo ello, además de las penas de cárcel, la Fiscalía y la acusación particular piden que sean indemnizadas las hijas, aunque la cuantía difiere de manera significativa: la primera solicita 30.000 euros por cada heredera, y la segunda eleva la petición a 130.000 por hija.
El juicio continuará este miércoles con la exhibición de pruebas clave que los jurados podrán ver y escuchar en la sala de vistas, entre ellas los resultados de los análisis de ADN de las muestras recogidas en casa de la víctima, en el número 10 de la calle Xiquet de Rafelcofer, que tendrán que ser cotejados con los perfiles de ambos acusados, y en otros escenarios, como las viviendas de los dos implicados, por ejemplo. Así mismo, está pendiente el análisis de varios cuchillos intervenidos por los agentes del laboratorio de Criminalística en los registros de las viviendas de ambos presuntos asesinos
Uno señaló a la víctima; el otro la acuchilló
En principio, de la investigación llevada a cabo en un tiempo récord por el grupo de Homicidios y la posterior instrucción judicial, se desprende que Antonio fue el ejecutor del crimen, pero Rubén habría sido quien le señaló a la víctima diciéndole que guardaba dinero en casa. Tal como han podido ser reconstruidos los hechos, los dos presuntos asesinos, ambos politoxicómanos y con antecedentes policiales importantes, estaban en casa de Rubén Ú. P. desde la media tarde del sábado, consumiendo alcohol y cocaína.
Avanzada la noche, cuando se quedaron sin droga, empezó la espiral de violencia y ansiedad, porque tampoco tenían dinero. Es en ese momento cuando se sospecha que decidieron robarlo para seguir con su fiesta y uno le dijo al otro que Rosa tenía dinero.
No tuvo tiempo para reaccionar
Ambos habrían cruzado la calle y llamado al timbre de Rosa Carmen, que estaba sentada en la mesa del comedor, empezando a cenar, tal como adelantó Levante-EMV. Dejó el plato a medias y abrió. La puerta estaba muy cerca de la mesa. Sin tiempo para reaccionar, el asaltante se le echó encima, describen las acusaciones en sus escritos provisionales. Ahí empezaron los gritos, el acoso y las amenazas. El presunto autor material del crimen la arrinconó contra la mesa, cogió el cuchillo que llevaba con él y se lo clavó una y otra vez: 22 veces totalmente profundas y otras cuantas, más superficiales. Le causó lesiones mortales en el corazón y en el pulmón. Él también se cortó. Y dejó su sangre en el suelo del comedor: el ADN lo confirma. Le quitó quitaron el batín, que quedó tirado junto al cuerpo sin vida de Rosa, al pie de la mesa del comedor. Luego, buscaron y encontraron la cartera y se fueron. Ese fue todo el botín del salvaje homicidio: el escaso dinero en metálico que la mujer tenía en el monedero.
Mentira, sangre y más evidencias
Luego, regresaron a la casa de Rubén. Por el camino dejaron gotas de sangre que llevaron a Homicidios a relacionar de inmediato ambos escenarios y los especialistas de Criminalística, a inspeccionarlos. En esa vivienda, encontraron el pantalón de chándal de Rubén con manchas de sangre. A la Guardia Civil, primero, y a la jueza, después, les dijo que su amigo de juventud, Toni, se había autolesionado en un ataque de ira porque se le había acabado la cocaína y que se había limpiado en su pantalón. Mentía.

Finalmente, a media mañana del martes, 40 horas después de que la hija de Rosa encontrase su cuerpo cosido a cuchilladas en el suelo del comedor de su casa y tras varios interrogatorios a ambos sospechosos, llegaron los primeros resultados obtenidos por Criminalística en al menos dos de los escenarios: una huella en una puerta y una pisada en el comedor. Homicidios, que había mantenido bajo control a los dos presuntos asesinos desde el domingo por la tarde, decidió que era el momento y los detuvo. Ahora un jurado decidirá si, efectivamente, los hechos sucedieron así y si los considera o no culpables de asesinato y robo con violencia. El veredicto, a partir del lunes de la semana que viene.
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