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Varios testigos alimentan las dudas sobre el crimen del canónigo al contradecir a la Policía

El agente especializado en recuperaciones informáticas no logra aclarar por qué nunca se hizo una copia de los wasaps del acusado, que pidió su defensa para probar la existencia del señalado como autor material del asesinato

Comienza el juicio por el crimen del canónigo de la Catedral de València

Comienza el juicio por el crimen del canónigo de la Catedral de València / Germán Caballero

València

La tercera sesión del juicio por el crimen del canónigo emérito de la Catedral de València, Alfonso López Benito, ha sido claramente un tanto para la defensa, al conseguir que el jurado escuchase las numerosas contradicciones en lo que se afirmó en la investigación y lo que han dicho en la sala testigos como la recepcionista del hostal donde fue detenido el acusado, una vecina del 22 de la calle Avellanas donde se produjo el crimen o le gestor cultural de la Catedral. Pero también porque han comparecido los agentes de la Policía Científica que realizaron tanto la inspección ocular del cuerpo durante el levantamiento del cadáver, en la mañana del 23 de enero de 2024, como esa misma tarde, cuando ya fueron en busca de posibles evidencias dejadas por el autor. Todos ellos han explicado al jurado que durante los registros encontraron 31 vestigios tanto de ADN como huellas en distintos muebles y estancias del domicilio, en la funda de la almohada, la sábana de la cama en la que yacía el cuerpo desnudo del cura y en un cepillo de dientes, entre otros.

Una vez analizadas ninguna resultó ser de Miguel Tomás V. N., el único detenido por el asesinato del cura, un sintecho de esos a los que la víctima solía llevar a su casa para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero, comida o cobijo por unas horas, quien e se enfrenta a 28 años de cárcel por los delitos de asesinatorobo con violencia y estafa. La defensa, ejercida por el letrado Jorge Carbó, pide un año de prisión por el único delito que reconoce su representado, el de estafa.

La jefa del Equipo de Inspecciones Técnico-Policiales de la Policía Nacional que dirigió las intervenciones de la Policía Científica ha explicado que practicaron una tercera inspección "más exhaustiva" en el despacho del cura, en el piso de la calle Avellanas, porque así se lo pidieron sus compañeros de Homicidios. Lo hicieron porque ya habían averiguado que faltaban unas tarjetas "así que nos ceñimos a la búsqueda de huellas de personas que hubiesen pasado por ese despacho". Allí encontraron 21 vestigios, todos ellos impresiones dactilares, sobre el cristal del escritorio, "una superficie muy buena para obtener huellas". Tampoco ninguna de estas 21 huellas pertenece al único acusado.

La agente cuestionó que el acusado hubiera podido limpiar sus huellas, como introdujo en algún momento el responsable de la invesigación policial. En este sentido, describió que el piso "tenía un orden adecuado, pero no como si hubieran limpiado [para borrar las evidencias], sino que estaba ordenado; no estaba revuelto o sucio, ni había cajones abiertos o puertas forzadas", matizó.

La no copia del Whatsapp del acusado, sin respuesta

Un agente de Homicidios ha explicado que, mientras sus compañeros de Científica buscaban esas evidencias, ellos inspeccionaron el resto del domicilio y que fueron ellos quienes confiscaron los dispositivos electrónicos -el teléfono Oppo que estaba dentro de la especie de capilla que López Benito tenía en un cuarto cerrado con llave, en el que la policía tuvo que emplear un ariete para entrar, y los siete pendrives que nunca se analizaron porque el juez de Instrucción se negó a ello.

El último policía en declarar ha sido el agente que hizo la recuperación del Whatsapp de Alfonso López, la víctima. La defensa ha centrado el interrogatorio en por qué no recuperaron la copia de seguridad del teléfono del acusado, que este perdió o se lo robaron en la noche en que estuvo tomando copas en un bar, 24 horas después del crimen, para probar la existencia de Manuel, un temporero colombiano al que el investigado señala como el autor material del crimen. El experto ha dado distintas versiones de por qué no hicieron esa copia. Una de ellas, porque no tenían el correo electrónico y la contraseña de la cuenta con la que Miguel Tomás V. N. instaló la aplicación, algo que el abogado de la defensa le rebatió diciéndole que sí la tenían porque el acusado aportó ambas informaciones a Homicidios tras su detención.

El enredo con este testigo hizo que incluso empezaran a preguntarle el magistrado-presidente del tribunal y hasta el fiscal, a pesar de ser la parte menos interesada en esta cuestión, planteada siempre por la defensa para tratar de encontrar pruebas de la existencia de Manuel. El juez y el fiscal insistieron varias veces para intentar aclarar el por qué, pero ni siquiera así dio una respuesta clarificadora el testigo. Carbó pidió leer, y lo hizo, la respuesta por escrito que dio Científica durante la instrucción tras requerirles hasta el juez que hicieran esa copia. En ese informe, firmado por el agente interrogado ayer en el juicio, se decía que no podían descargar la copia de la nube "porque no disponían del teléfono físico del acusado". Pese a ello, ese mismo agente contestó a Carbó que en realidad la ausencia del teléfono en sí no era un impedimento, y que esa vía de obtención era "solo una de las muchas posibles", por lo que toda la sala se quedó, tras el interrogatorio, con una pregunta sin respuesta: ¿Por qué la policía no accedió a descargar las conversaciones de Whatsapp del acusado, requeridas por este y su abogado para garantizar su defensa?

De hecho, el mismo grupo especialista de la Científica sí recuperó el Whatsapp completo de la víctima, usando ese método: descargando la aplicación en un teléfono puesto a cero -dejándolo con la instalación virgen original- mediante el uso del correo y la contraseña empleados en la instalación original de la aplicación. De esta manera, recuperaron 517 mensajes del cura.

"El guardaespaldas era intimidante"

Tras las comparecencias de los agentes de Criminalística y Homicidios han declarado seis nuevos testigos, todos ellos a petición de la defensa, entre ellos el encargado del garaje donde aparcaba su coche el religioso y una vecina del edificio del número 22 de la calle Avellanas. El primero ha relatado que hablaba "ocasionalmente" con el cura y que le había contado que tenía un apartamento en el Perelló, donde le consta que a veces iba con algunos hombres. Respecto al acusado, dice que lo vio "ocasionalmente" con el sacerdote, la última vez, en verano. La vecina, por su parte, no recuerda "haber escuchado nada particular" la noche del crimen y ha negado haber declarado a la policía que esa noche escuchara pararse el ascensor en el rellano de la víctima. "Yo les dije que el ascensor es ruidoso y se escuchaba a veces, pero no que lo escuchara ese día", ha matizado, lo que ha supuesto contradecir el relato del jefe de Homicidios, quien argumentó en la sala que la vecina había escuchado el ascensor pararse esa noche en el rellano y que quien se bajó, tardó en cerrar la puerta. La mujer lo dejó claro: "Yo no pude decir eso porque no escuché nada esa noche".

Alfonso López Benito

Alfonso López Benito / AVAN / A. Sáiz

El gestor cultural de la Ctedral de València, por su parte, ha explicado que solía ayudar a manejar cuestiones informáticas a los canónigos, y también a Alfonso López, "ya que, al ser personas mayores, no suelen ser muy diestras". En el caso de la víctima, le pedía ayuda "en cosas básicas". Recuerda que solía coincidir con gente dentro del piso cuando iba a arreglarle cosas edl ordenador al cura. "El más habitual es al que se ha calificado como su asistente o guardaespaldas", al que ha descrito como un hombre "extraño e intimidante". Sobre él, ha recordado que un día, "mientras yo trabajaba en el ordenador, durante unos 45 minutos, estuvo sentado enfrente de mí, mirándome fijamente y en silencio todo ese tiempo. Era intimidante". Recuerda a otros dos hombres con los que coincidió en el piso, "un chico de tez oscura, como de la India, y un tercero, al que apenas vi". Responde con un contundente "no" cuando la defensa le pregunta si alguna vez vio al acusado en el piso. Además, ratificó que el sacerdote le había comentado que había tenido problemas con algunos de los chicos que invitaba a casa. "De uno me contó que le había robado e incluso que había habido un forcejeo".

El registro en la habitación del hostal

La recepcionista del Hostal Abastos, donde fue detenido el acusado en la mañana del 24 de enero de 2024, dos días después del crimen, ha reconocido al acusado, quien "llegó sobre las once y pico de la mañana. Me pagó en mano y le di la ficha. A las dos horas, vinieron dos policías a recoger la ficha", algo que se hace cada día en todos los establecimientos hoteleros. "Luego vinieron otros policías, de Homicidios", alertados por sus compañeros al constatar que el hombre al que buscaban se había alojado en el establecimiento".

"Me pidieron ver las grabaciones de las cámaras y cuando lo reconocieron [disponían ya de su imagen gracias a que fue captado por las cámaras de los cajeros donde había sacado dinero los dos días anteriores], me preguntaron en qué habitación estaba. Le tocaron a la puerta y cuando abrió, le pidieron la documentación y le dijeron que se lo tenían que llevar detenido y que iban a registrar la habitación. Sí, claro que la registraron: abrieron los armarios, los cajones, levantaron el colchón, todo. Una vez que registraron todo, me dicen que no puedo entrar y que volverán". El testimonio vuelve a ser contrario a lo que expuso el jefe de Homicidios, quien aseguró que "no registraron" la habitación. Para intentar contrarrestar esa contradicción, el fiscal le preguntó si realmente ella había visto cómo registraban. La testigo fue contundente: "Claro. Yo estaba al lado de la policía y lo vio todo".

La siguiente en declarar ha sido la que fue novia durante ocho años del hombre con discapacidad que vino de Extremadura a petición del cura. En el momento de los hechos,hacía dos años que ya no eran pareja, pero seguían teniendo una excelente relación. "El 26 de enero tenía una prueba médica en Valencia y yo le ofrecí que se quedase en mi casa. Poco antes de venir me dijo que se iba a quedar en casa de un amigo y que le había dado dinero para venir. Yo lo vi muy raro, que un desconocido le diera dinero a cambio de nada. Como había tenido sexo con hombres a cambio de dinero cuando estaba conmigo, me imaginé que era eso. Por esa razón, yo le pagué los billetes, para que no le debiera nada a ese señor". Cuando ya estaba en Valencia, "el sábado, me llamó para pedirme venir a casa porque el señor ese le había echado de casa porque decía que era muy infantil. Le dije que esa noche no podía ser, porque yo no podía". Al rato "me llamó de nuevo para decirme que al final sí que le dejaba quedarse. Al día siguiente, a las ocho de la mañana, fui yo a recogerle y ya se quedó toda la semana conmigo".

"Me pidió que buscásemos a Manuel"

La última en declarar ha sido la prima del acusado, en cuya casa residió desde su llegada a España, en abril de 2022, hasta que decidió abandonar ese domicilio, en julio de 2023. "Miguel nunca tuvo ni denuncias ni problemas con la familia", ha remarcado. La familiar ha explicado que su primo, de quien destacó que "nunca ha tenido ni una denuncia ni problema alguno con la Justicia, ni aquí, ni en perú, nuestro país natal", le dijo en julio de 2023 que quería independizarse porque le había salido un trabajo en una obra en Sagunt. La relación se hizo más distante, pero seguían hablando. "Me dijo que tenía una habitación en Torrefiel, pero nunca la vimos". Justo en las semanas anteriores al crimen, se intensificó la relación. Estuvo pasando la Nochevieja con ellos y "regresó al sábado siguiente". Miguel Tomás V. N. se quedó a dormir en su casa la noche del 20 al 21 de enero. "Nos estuvo cocinando ceviche, porque él en Perú siempre trabajó de chef. El domingo, después de comer, le dijimos que se quedara, que ya era tarde (sobre las 21.00 horas), pero él dijo que no, porque al día siguiente tenía que ir a trabajar al campo, así que mi marido lo bajó al metro y de ahí se fue a Valencia". Las cámaras de seguridad del chalé donde viven grabaron a ambos saliendo a esa hora, lo que confirma sus palabras.

A preguntas de la defensa, la mujer aseguró que su primo nunca le habló "de nadie que se llamara Alfonso. Tampoco de otros amigos, porque no tenía muchos, estaba centrado en trabajar en lo que fuera para que pasaran los dos años y obtener la documentación". En respuesta al fiscal, convino en que "claro que estaba muy necesitado en esa época, cuando trabajaba en la recogida de la naranja". La familia nunca supo, porque el acusado lo ocultó "por vergüenza", que desde hacía meses vivía en la calle porque no tenía para pagarse un alquiler. Respecto de Manuel, el temporero que al parecer habría matado al canónigo, y a preguntas del jurado, respondió que le habló por primera vez de él "cuando ya estaba en Picassent y sí me pidió que lo buscáramos, a través del abogado, porque a la policía se lo había dicho desde el principio, pero no lo estaban buscando".

En esas visitas en prisión, ha destacado que "siempre me ha dicho que él no fue, que fue Manuel quien cometió ese asesinato".

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