El acusado del crimen del canónigo: "Si hubiera tenido algo que ver no habría llevado encima ni la tarjeta ni el teléfono"
Miguel Tomás V. N. se declara inocente y solo reconoce que usó las tarjetas y el móvil del sacerdote porque se las entregó su amigo Manuel, el temporero colombiano al que señala como autor del crimen

T.Domínguez/A.Pérez
Miguel Tomás V. N., el único acusado por el asesinato del canónigo emérito de la Catedral de València, Alfonso López Benito, ha negado este viernes su participación en el crimen y ha tratado de convencer al jurado de que es una víctima de una investigación policial mal ejecutada. "Reconozco que cogí esa tarjeta, pero no sabía que estaba muerto", ha alegado, en referencia a las tarjetas y el móvil del sacerdote que fueron robadas del piso de la víctima, y que, asegura, le entregó Manuel, un temporero colombiano al que conoció trabajando en el campo, quien "lo tenía todo planeado" y al que apunta como autor del crimen. La policía jamás localizó a este hombre y considera que se trata de un "amigo imaginario", mientras que el acusado, entre lágrimas, ha insistido: "Soy inocente en realidad".
La última sesión del juicio que se ha celebrado durante toda la semana en la Ciudad de la Justicia de Valencia por el procedimiento del jurado ha estado protagonizada por la declaración del acusado y la lectura de los informes de la Fiscalía y de la defensa. El fiscal considera que existen indicios suficientes que demuestran que Miguel acudió con otra persona que no ha sido identificada al piso del sacerdote la noche del 21 de enero de 2024 y "actuando de común acuerdo" mataron al cura. "No diré en ningún momento que él apretara el cuello de Alfonso (...) pero estuvo en el piso y sabía que lo iban a matar", ha remarcado el representante del Ministerio Público. De ahí que lo acuse como autor de los delitos de asesinato, robo con violencia y estafa por los que solicita una pena global de 28 años de cárcel. La defensa, ejercida por el letrado Jorge Carbó, solo reconoce el delito de estafa por el uso de las tarjetas, por el que acepta un año de prisión.
El acusado, en prisión provisional desde su detención, ha admitido este viernes por primera vez que sí conocía al canónigo, y que ante el juez instructor mintió diciendo lo contrario "por vergüenza por mi familia y por miedo a que me hicieran algo en la cárcel". Ha negado, además, haber mantenido ninguna relación sentimental con el religioso, al que conoció en julio de 2023 y al que describe como una persona "respetuosa: "Nunca me faltó el respeto ni me propuso nada extraño", ha afirmado, queriendo diferenciarse de los chicos vulnerables que el sacerdote subía al piso de la calle Avellanas para mantener relaciones sexuales a cambio de una propina o un plato caliente de comida. De hecho, alega que ese fue el motivo por el que Alfonso le bloqueó en el móvil el día 13, "porque no consiguió conmigo lo que hacía con otros chicos", y por el que le llamó 15 veces, porque le sorprendió que le bloqueara.
Se hizo pasar por el cura "para ganar tiempo"
Preguntado por lo que hizo el domingo, 21 de enero de 2024, ha explicado que sobre las 20.40 horas salió de casa de su prima, en Torrent, y que su cuñado le acercó al metro. Afirma que bajó en la estación de Plaza de España sobre las nueve y media de la noche del domingo (Alfonso López Benito fue asesinado en las horas finales del 21 y las primeras del 22) y que acudió a la Plaza de la Reina, donde había quedado con Manuel. Al llegar al centro, cuenta que se compró un kebab y se quedó dormido en un banco hasta las "tres o cuatro de la madrugada", cuando le llamó su amigo y lo citó en la parte trasera de El Corte Inglés.
Asegura que ahí, su amigo, al que ha descrito con una precisión sospechosa, le dio las tarjetas y el móvil desbloqueado de Alfonso y le propuso sacar dinero y repartírselo. "Primero me dijo que estaba dormido y luego que le había pasado algo", ha justificado. Asimismo, ha reconocido que llamó cinco veces a Cajamar para preguntar por el pin, que obtuvo finalmente al ver un papel con cuatro dígitos que tenía en el estuche del móvil. "Está mal haber cogido las tarjetas, pero yo no sabía que estaba muerto. Si lo hubiera sabido o hubiera tenido algo que ver, yo no llevaría encima ni la tarjeta ni el teléfono", ha esgrimido.

Alfonso López Benito / AVAN / A. Sáiz
Asegura que se enteró de que el cura estaba muerte entre el 22 y el 23 de enero, cuando lo vio por última vez para darle dinero por segunda vez. "Le di 900 o 1.00 euros", ha detallado. En ese momento se planteó acudir a la policía y entregarse "porque no había hecho esa muerte y no iba a comerme algo que no he hecho", pero asegura que no lo hizo porque su amigo "me amenazó si iba a la Policía". Preguntado por los mensajes que envió desde el móvil del canónigo haciéndose pasar por él, justifica que lo hizo "para ganar tiempo, para pensarme si iba a la policía o me deshacía la tarjeta". Sobre su móvil, asegura que lo perdió la noche anterior a su detención a la salida de un pub, y niega haber dicho a la policía que estuvo en el piso del cura y que lo vio muerto en la cama, como testificó el jefe de Homicidios.
De hecho, sostiene que la Policía "no investigó bien", que no le pidió permiso para acceder y registrar su habitación del Hostal Abastos, donde fue detenido el acusado en la mañana del 24 de enero de 2024, dos días después del crimen y que el caso se cerró "en falso". A preguntas del jurado, ha señalado que Manuel conoció a Alfonso porque él le dio el teléfono del cura a su amigo porque "me pidió si conocía a alguien que le pudiera ayudar". Sin embargo, afirma que ni le preguntó cómo había accedido a la casa ni sabe el motivo de la muerte. "Manuel no es amigo mío, solo lo conocía".
Cierre en falso
Durante la lectura de informes, el fiscal ha elevado a definitivas sus conclusiones y mantiene la petición de 28 años de cárcel para Miguel, al que no acusa de ser autor material del asesinato pero sí cómplice o colaborador. "Sabía que lo iban a matar, estuvo allí y lo vio aunque ahora diga que es mentira", ha remarcado, enumerando todas "contradicciones" que, a su juicio, ha pronunciado desde su detención. "Hay muchos indicios de que hubo otra persona, pero también de que él estuvo ahí". "No ha montado ni una sola versión coherente, no tenemos todas las piezas del puzzle, pero sí las suficientes para ver la figurita", ha apostillado.
Por contra, el abogado de la defensa, ejercida por el letrado Jorge Carbó, ha descrito la investigación policial como "un puzzle en el que han querido encajar las piezas a martillazos" y considera que los investigadores "no han hecho el trabajo exhaustivo que este caso merece" para encontrar al autor del crimen. En este sentido, ha recordado que no se halló ninguna huella de ADN de Miguel en el piso del canónigo y ha criticado que la policía no tratara de localizar a Manuel, ni recuperar el Whatsapp del acusado, ni investigara las llamadas de la víctima el día del crimen, ni todas las grabaciones de las cámaras de las calles.

Investigan la muerte por asfixia de un sacerdote en su piso de València / Daniel Tortajada
"Creemos que esta investigación se ha cerrado en falso porque no interesa la verdad", ha esgrimido. De hecho, la durante las inspecciones en el piso de la calle Avellanas los policías de Homicidios encontraron siete pendrives del cura que nunca se analizaron porque el juez de Instrucción se negó a ello. "Nadie merece 28 años de cárcel, como le piden a Miguel, por un caso que tiene demasiados flecos que generan demasiadas dudas", ha sentenciado dirigiéndose al jurado, que este lunes se reunirá para deliberar si Miguel Tomás V. N. es culpable o no de todos los delitos que se le imputan.
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