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Los padres de la niña de 11 años fallecida en un accidente de tráfico en Manises: "Sale muy barato matar con un vehículo"

Enrique Panadero y María Pilar Castro critican la condena de cuatro años de cárcel para el conductor ebrio que causó un accidente mortal en el que murió su hija Nerea y reclaman el endurecimiento de las penas para este tipo de infracciones

Los padres de Nerea, víctima mortal de un accidente de tráfico, reclaman endurecer las penas

Miguel Angel Montesinos

Abraham Pérez

Abraham Pérez

València

Justicia, que no venganza, es lo que llevan años reclamando los padres de Nerea, la niña de 11 años fallecida en un accidente de tráfico la madrugada del 19 de febrero de 2023. Justo el día en el que cumplía años, un conductor ebrio que triplicaba el límite de velocidad y la tasa de alcohol permitida invadió el carril contrario de carretera y embistió frontalmente al vehículo en el que viajaba la pequeña junto a sus padres.

La semana en la que se cumplen tres años del trágico suceso que sacudió la vida de Enrique y María Pilar, padres de la menor fallecida, el juez titular del Juzgado de lo Penal número 4 de València ha condenado a cuatro años de cárcel por un delito de homicidio por imprudencia grave, dos delitos de lesiones por imprudencia grave y otro de conducción temeraria a Eduardo H. M., el conductor de 20 años que como consecuencia de su imprudencia al volante mató a la pequeña.

Es la pena máxima a la que se enfrentaba por los hechos que se le imputaban -el homicidio por imprudencia está penado con entre uno y cuatro años de cárcel según el Código Penal-, algo que sus padres ven "insufienciente" al considerar que la muerte de su hija "no fue por una imprudencia, sino por una temeridad".

Triplicaba la tasa de alcohol

Esa noche, recuerdan los progenitores, volvían de Villar del Arzobispo de celebrar los carnavales. Se dirigían a su casa, porque al día siguiente tenían una fiesta en la falla, en la que iban a dar una fiesta por el cumpleaños de Nerea, que ese día cumplía once años. La fiesta jamás se llegó a celebrar. Cuando circulaban por la N-220, a la altura de Manises, un coche que circulaba a gran velocidad y en dirección contraria los embistió. El conductor arrojó una tasa de alcohol de 1,83 gramos por litro, triplicando el límite establecido. La pequeña fue evacuada al Hospital La Fe de València, donde los médicos solo pudieron confirmar su muerte.

En ese momento empezó "la peor pesadilla que puede tener un padre o una madre. Ver como tu hija se va de tus manos por culpa de un conductor ebrio que no respetó las leyes de tráfico", lamenta la madre. Fue ella la que la sacó del coche. Nerea estaba sentada en la parte de atrás, en su silla reglamentaria y con el cinturón de seguridad. No tenía ningún rasguño. Pero estaba inconsciente. "No contestaba, así que la saqué del coche y comencé a hacerle maniobras de RCP porque en ese momento solo piensas en las lesiones. Pensaba que había perdido el conocimiento y yo hice todo lo posible para intentar salvarla, pero las lesiones que le provocó el accidente la destrozaron por dentro", relata con frustración María Pilar.

El padre no pudo ir al entierro

Uno de los momentos más dolorosos fue cuando los médicos le confirmaron que su pequeña había muerto. Ella todavía estaba en la ambulancia en la que había sido traslada al mismo hospital que su hija. Sabe que los médicos hicieron todo lo posible por salvarla, pero cuestiona la forma en la que actuaron esa noche, privándole de la oportunidad de ver a su niña antes de que la trasladaran al Instituto de Medicina Legal de Valencia, donde le practicaron la autopsia.

"Cuando llegué nadie me bajó de la ambulancia. Yo pedía que me llevaran con mi hija y nadie me decía nada, hasta que subieron dos médicos, me dieron sus pendientes y el collar y me dijeron 'lo siento'. Me llevaron a una sala de observación, y es verdad que se portaron muy bien conmigo, pero se llevaron a mi hija sin dejarme verla. Creo que ninguna persona tiene por qué decidir por mí. Necesitaba darme un golpe de realidad y verla para saber lo que había ocurrido. Cuando fui a verla me dijeron que se la habían llevado al centro anatómico forense y que por mi bien no me dejaban verla. Me pareció de una poca humanidad increíble. No pude darle un abrazo. Mi último beso fue practicándole una RCP el día de su cumpleaños", denuncia todavía afectada.

Más complicado fue para Enrique, que no puedo ni despedirse de su hija. Tras el accidente quedó atrapado en el coche y tuvo que ser excarcelado por los bomberos. La ambulancia lo trasladó a otro centro hospitalario, donde permaneció ingresado durante quince días para ser intervenido de urgencia por las lesiones. "Es una espina que tengo clavada. No pude ir ni al entierro de mi hija. Mi mujer tuvo que hacer fotos para que lo viera y pudiera asumir la realidad de lo que pasó. En esos momentos no era consciente. Tardé más en asumir la realidad porque no pude despedirme de mi hija. Es algo que no me deja vivir. Se nos ha quedado el alma vacía, lloramos todos los días por ella. Es muy duro", narra conmocionado el padre de Nerea.

"Con víctimas inocentes las penas tendrían que ser de 15 años"

Enrique y María Pilar consideran "insuficiente" la condena de cuatro años de cárcel para el joven que causó el accidente y creen que en este tipo de casos "las leyes son demasiado benevolentes con los delincuentes de tráfico y no protegen a las víctimas". Así, cuestionan que la muerte de su hija se haya calificado como un homicidio imprudente cuando para ellos se trata claramente de un homicidio doloso que tendría que estar castigado con una pena mayor de cárcel porque. A este respecto, recuerdan que el conductor que causó el accidente mortal tuvo dos golpes previos en Manises y no paró. "Huyó y siguió conduciendo hasta que embistió nuestro coche. Paró porque no tuvo más remedio, porque se quedó atrapado en el interior".

Eduardo H. M., el joven que causó el accidente en el que murió una niña de once años, durante el juicio celebrado este lunes en València.

Eduardo H. M., el joven que causó el accidente en el que murió una niña de once años, durante el juicio celebrado este lunes en València. / A. Pérez

"Una persona puede cometer un error y provocar un accidente de tráfico por un despiste -agrega la pareja-. Pero cuando golpeas a dos coches y no paras, cuando conduces a 120 en una carretera que no puedes ir a más de 40, y cuando lo haces después de estar toda la tarde bebiendo, lo más probable es que tengas un accidente. Y no es que te mates tú. El problema es que has matado a mi hija, el día de su cumpleaños. No querría, pero lo ha hecho. Has cometido un delito y tienes que pagar por ello. Porque ha sido una negligencia de una persona que tiene absoluto desprecio por la vida, por la suya y por la de los demás. Y las leyes no deberían de tratarlo como un homicidio imprudente".

Así, reclaman un endurecimiento de las penas para evitar que en el futuro los infractores al volante se beneficien de condenas tan reducidas. "Cuando hay víctimas inocentes, las penas deberían de ser de 10 o 15 años de cárcel. Así se pensarían coger un coche antes de beber, porque tienes que ser consciente de lo que llevas en las manos. Mi hija no va a volver en cuatro años. Y a nosotros nos ha enterrado de por vida. Nos tenemos que medicar para levantarnos cada día. Es tanto el dolor y la pena que sientes", denuncia el matrimonio, que sentencia: "En España sale muy barato matar con un vehículo".

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