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"Primero me controlaba las redes, luego vinieron los insultos, las amenazas y las violaciones"

Un hombre se enfrenta 21 años de cárcel por supuestamente maltratar, amenazar y agredir, física y sexualmente, a su mujer durante tres años

Manifestación del 8M en Barcelona en una imagen de archivo.

Manifestación del 8M en Barcelona en una imagen de archivo. / L-EMV

Abraham Pérez

Abraham Pérez

València

Una relación tóxica, basada en los celos, la dominación y el control absoluto. Así describe una víctima de violencia machista los tres años que duró su relación con su presunto agresor, un hombre con el que contrajo matrimonio en el año 2019 y con el que convivía en un municipio de la Ribera que este diario no revela para proteger el anonimato de la víctima. Durante ese periodo los insultos, amenazas de muerte y agresiones fueron una tónica cada vez más frecuente y dieron paso a nuevas formas de violencia hasta forzarla a mantener relaciones sexuales de forma habitual. Por estos hechos ocurridos supuestamente entre 2019 y 2021 el procesado se enfrenta a penas que suman 21 años de cárcel acusado de los delitos de agresión sexual, maltrato habitual, lesiones y amenazas.

"Desde el inicio de la relación me controlaba las redes sociales, el dinero del banco y me decía cómo me tenía que vestir", ha relatado la mujer ante el Tribunal de la Sección Primera de la Audiencia Provincial Valencia durante el juicio celebrado este lunes. Con el paso de las semanas la relación fue volviéndose más tormentosa, donde la violencia era cada vez más habitual y más intensa, hasta que en agosto de 2021 decidió denunciar a su agresor "porque estaba harta de que me tratara como un trapo". Llevaba tiempo queriendo hacerlo, pero se resignaba, primero porque pensaba que iba a cambiar y más adelante "porque me amenazaba que si lo hacía me iba al cementerio".

"La lanzó como si fuera un saco"

Durante su comparecencia, la víctima ha descrito algunas de estas agresiones, que, según ha señalado, empezaron a producirse en enero de 2019. En aquella ocasión la discusión comenzó en el coche, donde el acusado habría a punto de causar un accidente porque echó el freno de mano y provocó que el coche subiera a una rotonda. Acto seguido bajó del vehículo y se fue andando a casa. Al llegar comenzó a aporrear la puerta mientras le gritaba todo tipo de insultos entre amenazas, hasta que al final le abrió la puerta y le dejó entrar. "Cuando entró nos miró de una manera que si pudiera habernos matado lo hubiera hecho. Escuché que le decía 'echa a esos cabrones. Te voy a matar", ha declarado una amiga de la víctima, que llamó a la policía después de presenciar la agresión.

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Meses más tarde, en verano, el acusado la habría encerrado en casa cuando ella tenía que ir a trabajar. "No me dejaba salir porque decía que me iba con otro tío", ha explicado. La mujer tuvo que llamar a su padre para que fuera al piso y convenciera al agresor de que la dejara salir. Según ha relatado el hombre, no fue el único ataque que presenció. "Muchas veces la dejaba fuera en el rellano con la llave echada para que no pudiera entrar". El hombre declaró a los agentes que no le constaba que existieran malos tratos en la pareja, a pesar de que en una ocasión vio que su hija llevaba un pañuelo en el cuello para ocultar las marcas que llevaba. "Lo dije porque me pidieron que no me metiera en nada", ha relatado sin poder contener el llanto.

En octubre de ese mismo año, cuando su marido había quedado con un compañero de trabajo para ver el fútbol, este comenzó a insultarla porque no quería que las niñas -hijas de una relación anterior de ella- estuvieran en casa molestando. "Le dije que no se iban a ir. Me empujó, me tiró al suelo y empezó a darme patadas. Yo estaba embarazada. Mi hija se metió y le dijo que me dejara en paz y la empujó". Tanto la hija como el propio compañero del agresor han ratificado la agresión. De hecho, este último ha contado que comenzó a escuchar los gritos cuando estaba en el ascensor. "Recuerdo que la cogió en alto y la lanzó al suelo como si fuera un saco", ha explicado el testigo. Una vecina que escuchó los gritos alertó al 112 y una patrulla asistió a la mujer y la llevó al hospital.

"No recuerdo haberle amenazado"

Las agresiones se habrían sucedido en los siguientes meses. En junio de 2021 le amenazó con matarla y con quemar el piso con todos dentro después de discutir porque quería montarse un gimnasio en la habitación de una de las niñas. Un mes después el motivo fue "porque la vitrocerámica no estaba limpia como quería". Días más tarde, le hizo creer que iban a la playa y le llevó a una montaña, donde habría amenazado con matarle. "Me dijo que si lo contaba pagaríamos las consecuencias mis hijos y yo". A partir de ese momento, las relaciones sexuales que le obligaba a mantener eran cada vez más frecuentes, hasta que en agosto de 2021, después de producirse otra presunta agresión sexual, decidió denunciarle.

El acusado, que ha solicitado declarar el último y responder solo a las preguntas de su abogado, ha negado los episodios denunciados y atribuye las denuncias a "su obsesión de dominarme y de joderme la vida, a mí y a la familia que tengo". El hombre ha reconocido que mantenía una "relación tóxica" con su mujer, y que se casó con ella "porque me sentí obligado". Según su versión, es ella la que le manipulaba, a él y a su entorno, "por sus celos y su obsesión", algo que sabía su familia, aunque no ha aportado ningún testigo que lo acredite más que un amigo, que ha ratificado "una relación complicada por parte de ambos". "No recuerdo haberle pegado ni amenazado de tal manera", ha esgrimido el acusado, que asegura ser víctima de una denuncia falsa "porque empecé una relación con otra mujer".

Archivo - Una pancarta durante una concentración por el día de la Eliminación de la violencia contra las Mujeres

Una pancarta durante una concentración por el día de la Eliminación de la violencia contra las Mujeres / A. Pérez Meca - Europa Press

Una versión cuestionada por los médicos forenses que asistieron a la víctima, cuyos informes concluyen que la mujer era víctima de agresiones continuas, que su relación se sustentaba en el poder que él ejercía sobre ella, y que estaba predominada por una violencia que se mantenía en el tiempo, con una escalada de menos a más. Estos episodios derivaron en un cuadro de estrés postraumático de carácter leve por los que precisó tratamiento psiquiátrico, que mejoró durante el tiempo que el acusado estuvo en prisión. Asimismo, un informe pericial acredita que la mujer presentaba lesiones en los muslos compatibles con una agresión sexual, y que se podrían haber producido al abrirle las piernas a la fuerza. "Son compatibles, pero no exclusivas", ha matizado el médico forense.

Relación de dependencia

El abogado de la defensa ha centrado su estrategia en unos mensajes que la víctima habría enviado a su pareja en los meses posteriores a la denuncia, en los que le insultaba por estar conociendo a otras mujeres y le enviaba fotos y selfies. Víctima y agresor se han acusado mutuamente de haber sido los autores de estos mensajes. Un ingeniero informático contratado por la defensa analizó las comunicaciones y concluyó que los mensajes "no han podido ser manipulados". "Por el contexto debería ser ella, pero eso no se puede saber", ha matizado. A preguntas de la fiscal, la médica forense que pudo haber sido ella, pero matiza: "En este tipo de relaciones las cosas son más complejas, porque se establece una relación de dependencia en la que se van retroalimentando indefinidamente".

Tras escuchar a todos los testigos, el Ministerio Fiscal ha elevado a definitivas sus conclusiones al considerar que todas las pruebas reproducidas durante el juicio "han corroborado cada uno de los hechos enjuiciados". Así, ha mantenido la petición de 21 años de cárcel para el acusado por los delitos de agresión sexual, maltrato habitual, lesiones y amenazas que le imputa. La acusación particular, por su parte, eleva a cerca de 30 años la petición de cárcel al añadir un delito de detención ilegal por encerrarla en casa. Según ha remarcado, durante la vista oral se ha escuchado el testimonio de "una persona que ha sido sometida durante años a maltrato habitual y a situaciones degradantes y vejatorias".

En la contra, la defensa ha pedido la absolución de su representado al considerar que es inocente y que la mujer utilizaba la denuncia para someter y chantajear a su cliente. En este sentido, ve "desproporcionada" una pena que ronda los 30 años en base a los delitos que se le imputan. "No les pido que no atiendan a las pruebas que existen, pero sí que respeten la presunción de inocencia en aquellos delitos que no se han demostrado", ha sentenciado. En su turno de última palabra, el acusado ha acusado a todos los testigos de mentir en unas declaraciones que, alega, "están condicionadas y manipuladas por la víctima". El caso ha quedado visto para sentencia.

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