La jubilada de 91 años que sufrió un robo en la 'Castellón vacía': «En Cirat nunca me había pasado nada así, yo confié en la chica»
La jubilada de 91 años que sufrió la pasada semana un violento robo en su pueblo, una pequeña localidad nada habituada a hechos criminales, cuenta a ‘Mediterráneo’ la rabia que le dio caer en la trampa de los ladrones

El punto exacto de Cirat donde la vecina de 91 años sufrió el presunto robo con violencia el sábado pasado. / Google Street View
La Castellón vacía, donde los pueblos son auténticos paraísos de interior entre las sierras, suele ser además un remanso de paz. Localidades pequeñas con vecinos que se conocen de toda la vida, pocos turistas más allá de las épocas más turísticas... Si algo positivo pareciera que tiene la despoblación crónica es que la criminalidad es casi inexistente. Y es necesario poner el «casi» por robos como el que sufrió el sábado de la semana pasada la jubilada R. C. C, de 91 años, en su municipio, Cirat.
«Nunca me había pasado nada así en el pueblo», dice a Mediterráneo R. C. C., quien prefiere no dar su nombre. Junto a su nieta, N., preocupada todavía por el estado de salud de su abuela, la anciana, que se encuentra lúcida y activa a pesar de su avanzada edad, ha explicado en reiteradas ocasiones ya a su familia lo que pasó.
«Yo iba al súper a comprar el pan y a tirar la basura y vino una mujer. Ella bajó con una carpeta grande y me dijo que si quería colaborar para los niños del África», comienza el relato R. C. C. Eran cerca de las 11.30 horas. En ese momento, la anciana respondió amablemente a su interlocutora, una desconocida en el pueblo, que ella no sabía «ni leer ni escribir» y que por tanto no sabría decirle lo que estaría firmando en caso de acceder a colaborar en algo.
La extraña cambió de táctica acto seguido y comenzó a ejecutar la técnica que todos los agentes de la autoridad conocen a la perfección: el tirón mientras se realiza una muestra de afecto a una persona mayor, generando una falsa confianza y aprovechándose de su situación de vulnerablidad.
«Te pareces a mi madre»
La mujer comenzó su burda actuación, esa que tantas otras víctimas han sufrido en la provincia de Castellón y en todo el mundo, en realidad: «Ay, qué bonita y qué guapa es, se parece mucho a mi madre, me recuerda muchísimo a ella y la echo tanto de menos... ¿Le puedo dar un abrazo?».
Ahí, con la víctima desarmada emocionalmente y siendo además vecina de un pueblo donde la confianza plena de las antiguas generaciones todavía está vigente, alejada de los potenciales peligros de la gran ciudad, fue cuando la suerte de R. C. C terminó de cambiar definitivamente para mal.
«Yo notaba que me tocaba cuando me abrazó, hasta que me empujó y me tiró al suelo», lamenta la anciana, desolada todavía por lo que pasó.
La presunta ladrona, entre tanto, le había conseguido arrancar una cadena de oro y una cruz de Caravaca a su víctima. La desconocida huyó en un coche que estaba esperándola a pocos metros y, por el camino, se le cayó un medallón de oro también robado a R. C. C. que por fortuna ha podido ser recuperado por la familia.
Una detención
La Policía Local de Montanejos y la Guardia Civil detuvieron al hombre que conducía el coche en el que escaparon como presunto cómplice de la ladrona. Activaron de inmediato un dispositivo de localización del vehículo presuntamente implicado en los hechos.
Pocos minutos después, los agentes lograron localizar un turismo cuyas características coincidían con las facilitadas, por lo que procedieron a su interceptación en las inmediaciones de la estación de servicio del municipio. Tras realizar las comprobaciones, se procedió a la detención del conductor. Según las investigaciones, el detenido estaría buscado por su presunta vinculación con una organización delictiva.
Sin embargo, la mujer que efectuó supuestamente el robo y la agresión a R. C. C. continúa en paradero desconocido.
Ingresada en el hospital
En cuanto a la víctima, se propinó tal golpe contra el asfalto que sus gafas se estamparon contra la cabeza. Todavía, casi una semana después, tiene el ojo morado a causa de ello. Las gafas se rompieron. «Además, me duele la cadera por la caída», se queja R. C. C., quien fue ingresada en el Hospital La Plana de Vila-real pero, por fortuna, ya ha recibido el alta, demostrando que es de hierro.
«Yo había confiado en la muchcacha y me engañó más que cuando yo le digo a la perra que la voy a sacar a la calle», lamenta, ya bromeando pese a lo vivido.
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