Apuñalado en Jacinto Benavente
Los vecinos, ante el asesinato de Kouider: "¿Que han matado al hombre del carrito? Pero si no le hacía mal a nadie..."
Homicidios pide las imágenes de una cámara de Tráfico de València que enfoca directamente al banco en el que el migrante sintecho, de 55 años, fue apuñalado por la espalda
La víctima, que murió desangrada frente a dos colegios a la hora de entrada del alumnado, llevaba viviendo en el parque de Jacinto Benavente "desde antes de la pandemia"

Restos de sangre en la tierra, al pie del banco en el que fallecio Kouider A. tras ser apuñalado por la espalda. / Teresa Domínguez

"¿El hombre del carrito? ¿Asesinado? Pero si no le hacía mal a nadie... Lo único que hacía ese hombre era estar en esos bancos, sentado, y rezar cada mañana mirando a La Meca... ¿Quién puede haberle hecho algo así? ¡Hay que ser desalmado...! No se merecía algo así, pobre hombre". Es la reacción de un vecino de la finca de la calle Jacinto Benavente que se alza justo enfrente del parque infantil en uno de cuyos bancos murió apuñalado este lunes Kouider A., tal como adelantó Levante-EMV.
El migrante sintecho, de 55 años y originario de Argelia, había convertido en su 'hogar' ese pequeño espacio verde encajonado entre los carriles de los coches, hasta el punto de que su figura ya no extrañaba a nadie en ese entorno. Tanto los vecinos de las fincas más próximas, como los propietarios de perros del resto del barrio que pasean a sus mascotas por ese parque o el alumnado de los dos colegios concertados religiosos, Maristas y Loreto, que tienen sus entradas a escasos metros de ese punto, recuerdan verle en alguno de los bancos o caminando entre los setos con su carro de supermercado, con el que salía cada día a recoger chatarra o cualquier objeto que pudiera después vender para sacarse unos euros.
"¿Desde cuándo? Ufff... Muchísimo tiempo. Ese hombre llevaba durmiendo y viviendo en esos bancos desde, por lo menos, antes de la pandemia", coinciden dos vecinos". Pese a ello, nadie había llegado a conversar con él. "Era un hombre muy discreto y reservado. A veces ni te dabas cuenta de que estaba ahí. Le veías poner una alfombra en el suelo y rezar a primera hora, y poco más", describe una usuaria del parque que aún sigue sin creer que alguien haya podido darle muerte a Kouider, a quien había visto la tarde del domingo acostado en otro banco diferente a ese en el que lo encontraron muerto.
Ahora, es fundamental el análisis de las imágenes captadas por las cámaras de seguridad, que el grupo de Homicidios de la Policía Nacional ya ha reclamado. Además de las imágenes de los negocios de esa manzana y de las calles aledañas, los investigadores han solicitado las almacenadas por Tráfico del Ayuntamiento de València, ya que una de las cámaras enfoca directamente al banco en el que murió Kouider.
Ni siquiera pidió ayuda
Ese carácter introvertido marcó incluso su muerte. Pese a saberse apuñalado y malherido, Kouider no pidió ayuda. Murió solo y desangrado, en un banco de ese parque, dentro del recinto de juegos infantiles, a plena luz del día, a la hora en que el lugar se llena de dueños de perros y a la hora en que esos dos colegios abren las puertas para el alumnado más mayor. La agresión, de la que no hay testigos, debió producirse entre las 7.30 y las 8.00 horas del lunes, 30 de marzo, en esos jardines medianeros de la calle Jacinto Benavente, justo frente al número 25 de la citada vía, al pie de la zona de Cánovas, una de las consideradas como más nobles de la ciudad de València.
Kouider, que había cumplido los 55 hace poco más de un mes antes, recibió la puñalada por la espalda, en la parte alta del muslo izquierdo, con tan mala fortuna que la hoja del arma seccionó uno de los vasos sanguíneos principales. De hecho, no debió ser consciente de la gravedad de la lesión ni de sus implicaciones, ya que se quedó sentado en el banco. La herida provocó una importante pero lenta hemorragia de cuya importancia nadie se dio cuenta, ni siquiera él, algo a lo que contribuyó el hecho de quedarse sentado, ya que eso debió comprimir parcialmente la herida, ralentizando la pérdida de sangre. Lo único que sintió Kouider fue frío: su cuerpo estaba tapado con su manta, probablemente por la pérdida de temperatura generada por el desangramiento que fue concentrando un pequeño charco a sus pies, junto al parque infantil, vacío a esas horas.
Una vecina llamó al 112
Fue esa sangre la que alertó a una mujer que paseaba a su perro a primera hora de la mañana por la zona ajardinada de la mediana de Jacinto Benavente y que reparó en que el hombre no se movía en absoluto. La llamada a emergencias 112, poco antes de las nueve de la mañana, activó el protocolo sanitario y policial. Al cabo de pocos minutos llegó el primer coche patrulla de la Policía Nacional y enseguida, una ambulancia con un equipo SAMU.
Sin embargo, sus esfuerzos ya no iban a servir de nada, porque en ese momento Kouider ya había fallecido por un shock hipovolémico, que es lo que se produce cuando hay una pérdida de sangre severa.
Además, acudió al lugar el forense de guardia, enviado por el titular de la plaza 14 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de València, en funciones también de guardia. En ese primer momento, el forense no detectó la lesión de arma blanca, por lo que, dado que era un hombre de mediana edad en situación de calle, con posibles patologías asociadas a esas circunstancias de vida, se atribuyó la muerte a causas naturales derivadas del agravamiento de una dolencia anterior, a la espera de que la autopsia determinase el origen del fallecimiento.
La profunda herida en el muslo
Y así fue. Los médicos forenses que le practicaron la necropsia al día siguiente en el Instituto de Medicina Legal (IML) de València detectaron el origen de la hemorragia al examinar el cadáver: una pequeña y profunda lesión infligida con un arma blanca en la parte trasera del muslo, casi en el glúteo.
A partir de ese momento, el caso fue puesto en manos del grupo de Homicidios de la Policía Nacional, que ya ha iniciado las gestiones para ver con quién tenía trato Kouider A. y establecer si tenía problemas o enemistades con alguien, ya que todo apunta a una venganza o agresión de otra persona sintecho en la que el homicida, muy probablemente, solo quería darle un toque de atención, pero no causar la muerte.
En cuanto a la posibilidad de que se trate de un robo, en principio estaría descartada, dado que la víctima continuaba teniendo en su poder los escasos objetos de valor que poseía: un teléfono móvil y un reloj. A su lado, además, continuaba el carro de la compra donde atesoraba lo que recibía en donación o se encontraba en las islas de contenedores, en estado aún de aprovechamiento.
En busca de testigos
Los agentes están revisando la historia personal de Kouider y su trayectoria en nuestro país -cuándo llegó, en qué situación se encontraba y dónde había estado trabajando y residiendo antes de acabar sobreviviendo en la calle- y también han empezado a entrevistarse con los responsables de un hotel boutique próximo, para averiguar si alguien vio al ahora fallecido discutir o, al menos, hablar con alguien a primera hora de la mañana del lunes.
Así mismo, la Policía y el juzgado han iniciado las gestiones para localizar a su familia más cercana a través del Consulado General de Argelia en Alicante, para que puedan hacerse cargo del cuerpo.
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