Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Juicio con jurado

El testigo del crimen del puente de las Moreras: "Le dio en el cuello con el cuchillo, se giró y me miró, no dijo nada, guardó el arma y se fue andando tranquilo"

El testigo clave del asesinato reconoce en la sala a Felipe B. B., que se ha reído en buena parte de la primera sesión del juicio, como el hombre que estuvo a punto de decapitar de dos cuchilladas a José Andrés Peña en julio de 2024: "Sí, es él"

El fiscal y la acusación particular, que piden 20 y 22 años de cárcel, respectivamente, hablan de un crimen "frío eficaz, brutal, y absolutamente cruel"

Comienza el juicio por el crimen del puente de las Moreras

Germán Caballero

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
València

"Eran las ocho de la tarde, y aún era de día porque era verano. Yo iba por el carril bici del puente, junto a la vía del tranvía. Escucho gritos de auxilio. Veo que suben la escalera y llegan corriendo hacia mí por la parte peatonal dos hombres, uno perseguía al otro con un cuchillo grande en la mano. El de delante iba desesperado pidiendo auxilio, iba herido, bastante diezmado, agotado y por eso el perseguidor le dio alcance rápidamente. Le lanzó con el cuchillo acá, en la parte derecha del cuello y el chico cayó. Sangraba demasiado. Luego, se voltea y se encuentra de frente conmigo. Él me ve la cara y yo también a él. No dice nada. Se guarda el cuchillo en una maletica que traía y se va andando tranquilo hacia el mismo sitio, hacia las escaleras. Nadie le persiguió".

Es el relato preciso y detallado que ha realizado este martes en la primera sesión del juicio con jurado el testigo clave del crimen del puente de las Moreras, en el que un hombre de 40 años, José Andrés Peña, fue "casi decapitado" por motivos que se desconocen por el ahora acusado, Felipe B. B., en la tarde-noche del 30 de julio de 2024. Pese a ese recuerdo fotográfico del testigo y de la carga dramática de su relato, el acusado se ha mantenido impertérrito y, en ocasiones, hasta se ha reído. Incluso ha mantenido la mirada con frialdad cuando los reedactores gráficos y cámaras de televisión han tomado imágenes de la sala al inicio de la sesión.

Un turista intentó frenar la hemorragia

El testigo, que ha reconocido sin ningún género de dudas al acusado como el autor del crimen -"Sí, es él", ha dicho-, ha rememorado, a preguntas del fiscal, Antonio Gastaldi, y de la abogada que ejerce la acusación particular en nombre de la madre, la hermana y la hija de la víctima, la letrada María Jesús Romero Bella, que vio sangrar al herido a borbotones y que enseguida una mujer llamó a la policía. "Yo me quedé allí, de pie. Venía [de frente, desde Natzaret] un señor con su esposa, eran guiris, como dicen ustedes, y parecía que venían de la playa. El hombre trató de ponerle la toalla en la herida, porque botaba mucha sangre. La señora llamó a la policía, que vino casi de inmediato".

El de ese hombre, que aquel día iba a echar una mano en el bar de un amigo, ha sido el único testimonio que se ha escuchado en esta primera sesión de un juicio que llega año y medio después del asesinato de José Andrés Peña Moro, por el que el la Fiscalía pide 20 años de cárcel y la acusación particular, 22 años, mientras que su abogado defensor, Joaquín Ródenas, ha solicitado al jurado la absolución de su defendido.

Matan a un hombre de una puñalada en el puente de Natzaret en València

Miguel Angel Montesinos

El acusado declarará al final

El otro testimonio previsto para este martes, el del acusado, no ha podido escucharse porque su letrado ha pedido que comparezca el último, es decir, el próximo viernes, justo antes de la prueba documental. Se trata de una estrategia habitual, refrendada recientemente por el Tribunal Supremo, por el que a los reos se les permite declarar al final del juicio, lo que les permite escuchar las pruebas y acusaciones en su contra.

Tal como ha venido informando Levante-EMV, la brutalidad del crimen, que han destacado las acusaciones, fue tal que el presunto asesino le abrió a José Andrés un tajo de 24,5 centímetros en el cuello, seccionándole no solo la yugular, sino incluso una vértebra de manera parcial. El acusado, que nunca ha querido declarar, llega a la vista oral con jurado con un rosario de pruebas en su contra y un informe de Psiquiatría Forense del Instituto de Medicina Legal de València demoledor, ya que los médicos estiman que sus capacidades estaban en perfecto estado cuando cometió el crimen.

Su abogado, sin embargo, apuesta buena parte de esa petición de absolución a una supuesta enfermedad mental de Felipe B. B. y por ello apeló a que los nueve miembros del jurado, seis hombres y tres mujeres, tengan en cuenta no solo "lo que dice la Medicina, sino también a lo que no dice y sí dice la ciencia". Para ello, les ha pedido que tengan en cuenta "la vida difícil, el aislamiento, las vivencias de calle, la salud mental frágil y las pérdidas de seres queridos" que han llevado al acusado a ser una persona "rara", pero "no un monstruo. No confundan rareza con maldad, ni vulnerabilidad con monstruosidad", les instó.

El acusado del crimen del puente de las Moreras, Felipe B. B., este martes, el primer día del juicio.

El acusado del crimen del puente de las Moreras, Felipe B. B., este martes, el primer día del juicio. / Germán Caballero

"Degolló sin piedad a un buen hombre"

Para Gastaldi, sin embargo, José Andrés fue "asesinado de forma brutal, degollado por el señor que se sienta aquí, quien de manera fría, eficaz y absolutamente brutal, asesinó, sin motivo alguno a un buen hombre que no había hecho nada, y que en ningún momento tuvo oportunidad de defenderse".

La letrada de la familia de José Andrés, que pide una indemnización conjunta de 210.000 euros, ha abundado en esa idea en su alegato inicial. "El acusado le atacó con tanta brutalidad que casi lo decapitó y después se fue tranquilamente a esconder su ropa. Degolló sin piedad a un buen hombre. Yo soy la voz de la madre, la hija y la hermana de José Andrés, la voz de la familia, que ahora necesitan esta condena para cerrar un capítulo, porque una cosa es perder a un ser querido porque esté enfermo y otro que te lo arrebaten de la forma más cruel. ¿Cómo explicarle esto a esa niña, que hoy tiene 12 años y que sigue creyendo que su padre está trabajando en el extranjero para mantenerla? Yo conocía a José Andrés desde hacía siete años, y sé que era una buena persona, un hombre que hacía chapuzas para sacar adelante a su hija".

Un caso resuelto en tiempo récord

El grupo de Homicidios de la Policía Nacional resolvió el asesinato de José Andrés en tiempo récord acabando así con las especulaciones xenófobas interesadas que desplegó en su momento el concejal de Vox del Ayuntamiento de València, Juan Manuel Badenas.

Así, el presunto asesino, que tiene una personalidad esquizotípica que no influyó en absoluto en su acción criminal, han dictaminado los forenses, fue detenido apenas 48 horas después del crimen, por agentes uniformados de la Policía Nacional que lo reconocieron cuando estaba sentado en un banco del Paseo de Neptuno, gracias a la descripción precisa facilitad por Homicidios en un señalamiento en el que se interesaba a todas las patrullas que lo detuvieran y que extremaran las precauciones, dado que se trataba de un delincuente "violento y antisocial" con un "comportamiento impredecible" y especial inquina contra los agentes de la Policía Nacional.

Su primera detención la materializaron agentes de ese Cuerpo durante las movilizaciones estudiantiles de la conocida como primavera valenciana, en febrero de 2012, cuando Felipe, entonces de 19 años, estudiaba segundo de Bachiller en un IES de València.

120 metros de rastro criminal

Tal como recoge el fiscal en su escrito provisional de acusación, el asesinato de José Andrés Peña fue cometido sobre las 20.15 horas del 30 de julio de 2024 cuando la víctima se disponía a subir las escaleras del puente, en la calle Eduardo Primo Yúfera -la del Oceanogràfic- para cruzar hasta la calle Barraques del Figuero, ya en el barrio de Natzaret. El de Peña fue un crimen en dos tiempos. La primera cuchillada se la asestó su presunto asesino justo al inicio de esa escalera. El hombre gritó y se sujetó con fuerza el cuello. Subió los escalones y trató de correr, aunque las fuerzas empezaban a fallarle. Aún recorrió unos cuantos metros, perseguido por su verdugo, como contarían primero a la Policía y luego al juez varios testigos, que también están citados al juicio.

El asesino le dio alcance y le remató con una segunda cuchillada. Exactamente en el mismo sitio. Ese testigo clave, quien declararía a la policía que "nunca podrá olvidar lo que vio" porque lo sigue teniendo clavado en su mente, vio cómo le clavaba el arma en la parte derecha del cuello y le vio la cara cuando se giró hacia él después de que le preguntase "qué pasa". También, que guardó silencio tras ser increpado y que se fue andando "tranquilamente".

José Andrés aún avanzó un tramo más, hasta casi alcanzar la escalera de bajada hacia Natzaret, donde vivía. No lo logró. Cayó desplomado, muerto, al pie del murete que separa el paseo peatonal de las vías de la línea 10 de Metrovalència, el tranvía que enlaza ese barrio con el centro de la ciudad. Tras él dejaba un macabro rastro de sangre, con salpicaduras y gotas en proyección a lo lago y ancho de 120 metros que un día después nadie había ordenado limpiar aún.

La camisa, con sangre y ADN

No fue el único testigo. Un policía local de Boadilla del Monte (Madrid) vio al sospechoso entrar, en su huida, en una caseta, enfrente casi del Oceanogràfic y fue testigo de cómo arrojó su camisa blanca, de manga larga -pese al calor del 1 de agosto- y con unas características que la hacían única, al interior de unos bidones. Gracias a él, la Policía Nacional recuperó esa camisa, en la que hay sangre de la víctima y ADN del presunto autor, y extrajo casi una veintena de huellas del acusado del interior de esa caseta que le servía de vivienda.

Y hay más pruebas: otros dos testigos -un trabajador turco y un policía islandés que visitaba València y ahora declarará por videoconferencia desde su país- y, sobre todo, las zapatillas deportivas que Homicidios le intervino tras su detención, y cuya suela quedó marcada sobre la sangre de su víctima en los escalones y travesaños de madera de esa escalera donde José Andrés encontró una muerte aún no explicada. Dicen, los testigos, que los observaron caminar tan cerca uno del otro antes de la agresión que alguno creyó incluso verlos hablar, pero nadie ha sido capaz de establecer si se conocían de antemano, si llegaron a cruzar unas palabras que despertaron el instinto criminal del acusado o si su acción fue fruto de una decisión sobrevenida y casual cuya motivación no ha revelado. Y no lo ha hecho, entre otras cosas, porque ni siquiera ha asumido la autoría del crimen pese a la abrumadora cascada de evidencias en su contra.

El juicio continuará este miércoles con la declaración de otros testigos del crimen.

Tracking Pixel Contents