Juicio con jurado
Crimen del puente de las Moreras: "Fue tan salvaje que tenía que haber una relación previa; no fue una víctima elegida al azar"
El jefe Homicidios de la Policía Nacional explica al jurado que nunca supieron el móvil y que identificaron al sospechoso gracias a los numerosos testigos, entre ellos un policía de Islandia y otro de Madrid

Germán Caballero
¿Por qué el asesino de José Andrés Peña, el hombre de 40 años degollado hasta casi la decapitación sobre el puente de las Moreras en julio de 2024, desplegó tanta saña contra su víctima? En pocas palabras, ¿cuál fue el móvil de ese asesinato? Casi dos años después, nadie conoce la razón: si lo sabía, la víctima no tuvo tiempo de decirlo, y el único acusado, Felipe B. B., de 33 años hoy, nunca ha querido hablar. "¿El móvil? No lo supe. Y se lo pregunté...", ha declarado este miércoles, en la segunda sesión del juicio con jurado, el jefe del grupo de Homicidios de la Policía Nacional en València. El inspector sí ha dejado que, por la forma en que se desarrollaron los hechos, "no era una víctima al azar. Un ataque tan salvaje debe tener un componente emocional, con una relación previa entre víctima y autor".
A preguntas del fiscal, Antonio Gastaldi, el jefe de Homicidios explicó que, en ese sentido, "se le tomó declaración a una ciudadana rusa que tenía relación con la víctima", en referencia a la exmujer de José Andrés, que no está citada para comparecer ante el jurado por su falta de colaboración desde el primer momento. La víctima y esa mujer, N. K., que tenían una hija en común, hoy de 12 años y que desde hace más de tres vive con su familia paterna en otra comunidad autónoma, se habían divorciado varios años atrás, pero al parecer se habían vuelto a ver poco antes del asesinato de José Andrés, quien había cumplido los 40 años solo cuatro días antes de su asesinato.

Juicio a Felipe B. B., acusado de cometer el asesinato del puente de Las Moreras el 30 de julio de 2024. / Germán Caballero
En ese sentido, el responsable de la investigación policial, ante la posibilidad "de que [el crimen] fuera algo pasional", exploraron esa posibilidad preguntándole a N. No sirvió de mucho. "Nos dijo que no tenía relación con el detenido, y nosotros tampoco pudimos averiguarlo", ha explicado el agente a los nueve miembros del jurado.
Creyó que era un ataque yihadista indiscriminado
Durante la sesión, el tribunal popular también ha podido escuchar los testimonios de los primeros agentes de la Policía Nacional que llegaron al lugar de la agresión y los de dos testigos más de los hechos, un policía islandés que estaba de vacaciones con su madre en València y un policía local de Boadilla del Monte (Madrid) que pasaba unos días con su familia en la ciudad y salía de visitar el Oceanogràfic, cuya entrada, en la calle Eduardo Primo Yúfera, está a unos 470 metros de la escalera que da acceso desde esa calle al paso peatonal del puente de Las Moreras, que se levantó para que el tranvía llegase desde el centro de València a Natzaret.
El primero ofreció un detallado relato a través de una videollamada con intérprete efectuada desde Islandia, en la que explicó, a preguntas del fiscal, de la acusación particular que ejerce la abogada María Jesús Romero en nombre de la familia de la víctima, y de la defensa, que lleva el letrado Joaquín Ródenas, que su madre y él regresaban aquella tarde del 30 de julio de 2024 de la playa, por lo que caminaban por el área peatonal del puente -lo comparten viandantes, el tranvía y un carril bici- desde Natzaret hacia el Oceanogràfic, es decir, en sentido opuesto al del presunto asesino y su víctima.
Al ver que les venían de frente, a paso rápido, un hombre sangrando "que se sujetaba el cuello con las manos" y, persiguiéndolo, un segundo hombre armado con un cuchillo, pensó que se trataba de un atentado yihadista y que los siguientes serían su madre y él. Por esa razón, confesó que "se puso muy nervioso porque solo pensaba en la seguridad de su madre" y que él "debía enfrentarse al agresor", y no se tranquilizó hasta que vio al hombre armado darse la vuelta e irse por donde había venido, por lo que ya se centró en taponar la herida a José Andrés.

Miguel Angel Montesinos
La camisa blanca con una rosa roja
El policía local, por su parte, rememoró el momento en que vio al sospechoso entrar en un descampado vallado y encaramarse a la azotea de una caseta de hormigón, donde fue testigo de cómo enrollaba y metía en un bidón metálico una camisa blanca. Esa prenda, de manga larga y con una rosa roja en la parte superior izquierda, en la que se aisló ADN de Felipe B. B. y abundante sangre de José Andrés Peña, es la misma que el presunto asesino vestía 26 días antes, el 4 de julio de 2024, cuando destrozó sin razón aparente un teléfono de gama alta en una tienda de El Corte Inglés, cuyas cámaras lo grabaron dentro del establecimiento.
Esa imagen, en la que también llevaba las mismas zapatillas y pantalones del día del crimen, fue fundamental para que Homicidios lo identificara y pidiera su detención en tiempo récord. Gracias a la difusión masiva de ese requerimiento policial, una patrulla de la Policía Nacional lo reconoció sin duda alguna dos días después, el 1 de agosto, cuando estaba sentado sobre el murete del paseo marítimo, junto al Balneario de las Arenas, y lo detuvo sin que opusiera resistencia.
En la tercera sesión declararán precisamente los especialistas de la Policía Científica que cotejaron las pisadas en sangre en el puente y en la caseta con la suela de las deportivas del acusado o aislaron su ADN en la camisa, y los forenses que practicaron la autopsia, que determinaron que José Andrés murió al serle seccionada la vena yugular y otros vasos del cuello de un solo tajo con un cuchillo que le dejó una herida de 24,5 centímetros y cuya llegó a penetrar hasta tres milímetros en una vértebra.
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