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La primera víctima del violador de los portales: el ataque de Halloween casi 5 años antes de su detención

La Fiscalía pide 12 años de cárcel para Iván C. V., hoy de 31 años, por el brutal ataque a su primera víctima conocida, en la madrugada del 1 de noviembre de 2021

El depredador sexual, acusado de 17 violaciones y que ha rogado no ser excarcelado porque sabe que reincidirá, ya acumula cuatro condenas que suman 14 años de prisión

Arrestan a un joven de Meliana por una decena de agresiones sexuales tras asaltar a sus víctimas en los portales

Policía Nacional

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Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

14 de abril de 2025. 18.30 horas. Agentes de una patrulla motorizada de la Policía Nacional que patrullaban por una calle de València reconocen y atrapan a Iván C. V., el delincuente sexual más buscado en ese momento por los especialistas de UFAM-Investigación, la unidad de atención a la familia y la mujer, integrada por un puñado de agentes, mujeres y hombres, adiestrados en la resolución de agresiones sexuales en València.

Sabían cómo era y cuál era su método, pero no tenían ni idea de su identidad: hasta ese día, había sobrevivido como un camaleón, de día, el antiguo alumno de danza del Conservatorio, el pacífico hijo que vivía con su madre en Meliana, ajena a las andanzas nocturnas de su hijo; de noche, un depredador de la peor especie, carcomido por el consumo obsesivo de porno, que salía con su bici, su mochila y sus ropas oscuras a acechar y, si se terciaba, a cazar a mujeres solas en la madrugada.

Había dejado ADN seminal en muchos de los escenarios, pero no estaba fichado, así que su perfil genético no estaba en la base policial. Una imagen de una cámara captada solo unos días antes, junto con una descripción detallada a partir del relato de las víctimas, habían sido la clave para emitir una difusión a todos los policías de València y áreas próximas instando su arresto, gracias a la cual los agentes de la unidad de motos supieron que estaban cazando al violador en serie.

Meses persiguiendo a un fantasma

En ese momento, los agentes de UFAM-Investigación llevaban meses intentando atrapar a un depredador sexual que repetía una y otra vez el patrón de ataque: se movía en bicicleta, acechaba a sus víctimas de madrugada, las seguía y, cuando llegaban al patio de sus domicilios, las atacaba por la espalda.

Primero, un mataleón -la táctica de causar una estrangulación sanguínea con el antebrazo atacando por la espalda- para dejarlas semiinconscientes. Luego, la sucesión de ataques sexuales. Y después, la huida, a veces llevándose un trofeo y otras, nada.

Ese día, cuando los compañeros de las motos llegaron a la Jefatura Superior con el detenido, hubo alegría y aplausos en el grupo: ya tenían al 'violador de los portales'. Le imputaban trece agresiones sexuales, cometidas entre el 27 de enero de 2024 y el 6 de abril de ese año, ocho días antes de su detención.

Les dio las gracias por detenerlo

Tres días después, el 17 de abril por la tarde, Iván C. V., en ese momento de 30 años, un delincuente sexual que no dejaba de agradecerle a la Policía haber frenado su cada vez más acelerada y violenta sucesión de ataques, comparecía ante el juez de guardia, el titular de la plaza 8 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de València. A la vista del atestado entregado por los investigadores de la UFAM, de la confesión casi desesperada del propio detenido y atendiendo a la petición de su fiscal, el magistrado dictó prisión provisional y sin fianza para el reo.

Para cuando los policías lo llevaron ante el juez, las 13 violaciones imputadas el día del arresto ya se habían convertido en 17. Gracias a que empezaron a remontarse en el tiempo más atrás de ese 27 de enero de 2024, buscando el patrón del violador de los portales, y a la propia confesión de Iván C. V.

No solo les lloró porque, decía, no podía contener su pulsión de tratar de dominar a mujeres jóvenes agrediéndolas sexualmente de una manera cruel y salvaje, pulsión provocada, según él, por su obsesivo consumo de pornografía -cada vez más extrema- desde que era un crío, sino que además les explicó con detalle la comisión de ataques que en ese momento los investigadores aún no le habían atribuido.

Entre ellos, el primer asalto sexual, uno de los más brutales de cuantos ha protagonizado. Les dijo que había sido en Halloween, su peculiar forma de celebrar el terror, al parecer. Los investigadores se quedaron boquiabiertos, porque ese episodio que narraba con pelos y señales se había producido muchísimo tiempo antes; concretamente, cuatro años y medio antes de su detención, dos años y tres meses antes del que los agentes creían su primero asalto.

12 años de cárcel (más) en el horizonte

El depredador, recoge ahora la Fiscalía en su escrito de acusación provisional, estaba agazapado aquella noche, a las 2.20 horas de la madrugada del 1 de noviembre, en un parque de la ciudad, que Levante-EMV no revela por razones obvias de preservación de la identidad de la víctima.

La vio llegar. Como el resto, era una chica muy joven, de poco más de veinte años. Venía de trabajar y se dirigía a su casa. Él empezó a seguirla. Discretamente. Iván quizás no lo sabía, pero ella estaba a solo tres minutos del portal. 245 metros. Cuando ella introdujo la llave en la cerradura, empezó la pesadilla.

La dejó casi sin sentido con un mataleón y la arrastró hasta la rampa de bajada al garaje comunal. Le subió bruscamente el suéter hasta dejárselo semiarrancado sobre la cara para dejarla inmovilizada y sin visión. Hubo una sucesión de violaciones. Unas intentadas y otras, fracasadas por su propia disfunción eréctil. En la última, la chica se resistió y él se masturbó, dejando su ADN en el lugar. Se sabía, mejor dicho, se creía a salvo porque la policía no tenía su perfil biológico. Aún.

La denuncia que durmió casi cinco años

Por fortuna, esa joven, hoy destrozada aún por las secuelas psicológicas y emocionales que, entre otras cosas, le dificultan disfrutar de una vida sexual plena y saludable con su pareja y que, cinco años y medio después de aquellos hechos, continúa recibiendo tratamiento psicológico, denunció. Eso permitió recoger y guardar ese vestigio biológico que hoy ha llevado a la Fiscalía a pedir 12 años de prisión para Iván C. V. por esa violación salvaje.

Y no solo eso. Además, solicita para él 10 años de libertad vigilada, a contar desde el día en que salga de la cárcel, donde permanece desde aquel 17 de abril de 2025 en que el juez lo ordenó, y otros 10 de prohibición absoluta de comunicación o acercamiento a menos de 500 metros de esa mujer. También, que la indemnice con 45.000 euros por los daños morales y otros 7.800 por las lesiones que le causó, y que durante 6 años no pueda desarrollar actividad alguna con menores, sea o no pagada.

Ya tiene cuatro condenas firmes

Esta podría ser su quinta condena. Las cuatro anteriores son firmes porque se ha conformado, es decir, ha asumido los hechos imputados y, a cambio, la pena se ha visto reducida. Las 17 agresiones sexuales imputadas se están convirtiendo en un goteo de juicios porque cada uno de esos 17 hechos fueron desperdigados por los 21 juzgados de que consta la ciudad de València por decisión judicial.

Hay quien lo defiende alegando que de este modo acumulará más condenas y quien lo critica, porque desdibuja extraordinariamente el patrón criminal: no es un violador cruel que ataca una noche, sino un depredador con un método que actuó durante, al menos, cuatro años y medio. 17 veces, que se sepa, porque nadie entiende el vacío entre noviembre de 2021 y enero de 2024. En este punto, los especialistas en agresiones sexuales recuerdan que se denuncian muchos menos ataques de los que se producen, sobre todo, cuando se quedan en intentos. Y a Iván le pasaba mucho.

A causa de esa dispersión de casos por los juzgados, no todos llegarán a juicio al mismo tiempo. Ni a los mismos tribunales. Tres de las agresiones ya tienen condena, siete años en conjunto. Las penas las ha impuesto un juzgado de lo Penal. Son tribunales unipersonales porque solo ven delitos con menos de cuatro años de condena.

Esas tres agresiones sexuales se quedaron en tocamientos, así que le pedían penas inferiores a ese umbral de cuatro años, lo que impidió que fueran vistos por la Audiencia Provincial, reservada a los delitos de mayor gravedad.

"Si soy sincero, lo volvería a hacer"

El primer caso que llegó a juicio, a principios de año, fue el asalto del 23 de marzo de 2025. Se ha saldado con dos años y medio de cárcel impuesto por el Juzgado de lo Penal 4 de València. El mismo magistrado celebró poco después el segundo juicio, en esta ocasión, por dos de las agresiones -la casualidad hizo que recayeran en un mismo juzgado instructor, así que generaron un solo procedimiento-, perpetradas el 28 de junio y el 29 de julio de 2025. El juzgador le impuso otros cuatro años de cárcel, dos y medios por el primero y uno y medio por el segundo, el único en el que la víctima era menor de edad.

El siguiente juicio, que correspondía al ataque sufrido por la víctima del 27 de enero de 2024, sí llegó a la Audiencia. A la sección cuarta, en concreto, que acabó por cerrar la violación, esta sí con acceso carnal, en siete años de condena tras un acuerdo entre el fiscal, que pedía 12, como en el asalto de Halloween de 2021, y la defensa.

Fue precisamente en esa vista oral, celebrada el pasado 30 de abril, donde Iván C. V. volvió a clamar que lo dejaran dentro de la cárcel porque no respondía de sus actos en caso de obtener la libertad. "Si soy sincero, lo volvería a hacer", le dijo al tribunal. De momento, su deseo se ha visto cumplido. Y por bastante tiempo.

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