Tribunales
Juzgan a un sin techo por llevarse a la fuerza a una mujer en València y violarla dos veces en su chabola
En el juicio, celebrado ayer, lo negó todo y se enfrenta a 42 años de cárcel por retener, robar y violar a una mujer que conoció en la calle

El hombre acusado de violar a su compañera de chabola / Germán Caballero
Hasta seis conductas delictivas. Violación, secuestro, maltrato habitual, lesiones a su pareja, robo de la pensión y quebrantamiento de condena. Es un sin techo que se enfrenta a 42 años de cárcel y, en el juicio celebrado ayer en la Audiencia de València tras haberse declarado nulo el del año pasado, ha calcado su estrategia. La de negarlo todo y decir que es mentira.
La víctima, una mujer con discapacidad y en situación de vulnerabilidad que vivía en la calle, fue embaucada por el acusado para darle cobijo en una chabola a las afueras de València. Ella aceptó, para así comenzar a conocerse, pues no tenía adónde ir. Sin embargo, él vio en la mujer una buena oportunidad para vivir de ella, pues cobraba una pensión de 600 euros, tenía pagas doble y ahorrados 2.400 euros.
La dejó a la intemperie
Así las cosas, comenzó la convivencia entre los dos, pero a los pocos días el acusado ya dio muestra de su carácter cuando, estando ambos acostados en un colchón sobre el suelo, al darse ella la vuelta se llevó parte de la sábana, dejándolo destapado. Él se levantó y la agarró con fuerza y, en pleno noviembre, la sacó de la chabola, dejándola a la intemperie como castigo a lo que le había hecho. La frase de la víctima resumía ayer esos días y noches de insultos, violaciones, agresiones y robos con un “son tantas cosas las que me han pasado” que no sabía ni por dónde empezar.

El acusado, ayer, volvió a negar los hechos en el juicio / Miguel Pérez
La víctima, con una discapacidad a consecuencia de haber sufrido un ictus, tenía la intención de conocer más a fondo al buen samaritano que le había dado cobijo. Pero lo que vivió fue un infierno. Así lo relataba, ayer, en el juicio donde tuvo que pedir un receso porque “es muy difícil recordarlo. Me va a dar un ataque”. Tanto que el presidente del tribunal pidió que se calmara y suspendió el juicio, por espacio de cinco minutos, para que se calmara y así poder retomar la declaración de la víctima.
"Me ató y me violó"
Entre lágrimas y con voz cortada relató, dentro de sus capacidades de memoria tras el ictus, cómo recibió el primer guantazo “que me tumbó al suelo” o cuando la ató de las manos a unas maderas y la violó. Fue la primera que la forzó sexualmente.
La dejaba encerrada en la chabola que estaba rodeada de un enverjado mientras él se marchaba. Un día, la víctima logró encontrar la llave del candado y escapar, siendo atendida en Médicos del Mundo, donde la aconsejaron y denunció a su pareja. El juzgado dictó una orden de alejamiento para el acusado sobre la víctima hasta la celebración del juicio.
Tal era su vulnerabilidad que el acusado la seguía por la calle hasta que, un día, logró convencerla de acudir al juzgado a retirar la denuncia y la orden de alejamiento. Llegaron incluso a presentarse los dos en dependencias judiciales, por lo que él acabó detenido por quebrantamiento de condena.
De regreso a la calle
La mujer pasó un tiempo residiendo en un piso de acogida, pero cuando finalizó el plazo de estancia, volvió a vivir en la calle. Y de nuevo apareció en escena el acusado, esta vez cogiéndola por el brazo y llevándosela a la fuerza, caminando por la zona del cauce del río, hasta llegar a la chabola donde la violó por segunda vez.
Los médicos forenses explicaron ayer que las lesiones que padecía la mujer eran compatibles con una violación, lo que contradecía la versión del acusado sobre que mantenían relaciones sexuales consentidas todos los días.
Quedó demostrado que las lesiones, en la cara anterior del muslo, podían haberse hecho con una digitopresión, es decir, que fue sujetada con fuerza para vencer su resistencia. Y como conclusión, las heridas que sufrió la mujer eran compatibles con lo que había relatado y eran propias de haber sido sometida a una relación sexual brusca.
Un vigilante la ayudó
Con sus limitaciones de andar y por sus gestos, un vigilante jurado de un centro comercial que la vio llegar acompañada por el acusado fue el que se apiadó de ella y la apartó, sentándola en un reservado hasta que llamó a la Policía Nacional tras sincerarse la mujer al verse por fin alejada de su agresor.
Ayer, tras declarar el acusado y negarlo todo, la Fiscal le pidió 42 años y tres meses de prisión como autor de dos delitos de agresión sexual, otros dos de lesiones en el ámbito familiar, y los delitos de robo con violencia, detención ilegal, quebrantamiento de medida cautelar y maltrato habitual.
La acusación particular se sumó a la petición de la Fiscal, sobre todo, haciendo hincapié en que se estaba ante un delito de maltrato habitual. Pedía al acusado una indemnización por daños morales y agresión física de 30.000 euros y la devolución de los 600 euros que le sustrajo de su pensión.
Por su parte, la defensa del acusado intentó hacer ver las contradicciones y faltas de memoria que tuvo la víctima al relatar lo vivido, solicitando que, ante la duda, solo se podía condenar a su cliente por quebrantar la orden de alejamiento contra ella, pero en cuanto al resto solicitaba la libre absolución. El juicio quedó ayer visto para sentencia.
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