Crimen en Manises
"Los tres concertaron el plan: la idea original era robar a José María y lo acabaron matando después de torturarlo durante más de 40 minutos"
El jefe de Homicidios desgrana ante el jurado el sufrimiento de José María Ll. T., que fue estrangulado, asfixiado con trapos, intoxicado con medicamentos, rociado con amoniaco y brutalmente apaleado, y la sucesión de pasos de los tres acusados en un plan absurdo para desvalijar su cuenta corriente

Miguel Angel Montesinos
El escaso margen que tenían las defensas de los tres acusados del asesinato del asesor inmobiliario de Manises José María Ll. T., tras una fiesta de más de 24 horas de alcohol y cocaína, para intentar salvar cada uno a su patrocinado alegando que no todos tuvieron la misma participación se han esfumado casi por completo tras la segunda sesión del juicio con jurado contra Rosa F. R., su primo Antonio F. C. y Darwin A., un joven al que habían conocido un día antes, al mismo tiempo que a la víctima. El jefe del grupo de Homicidios de la Policía Nacional y director de la investigación no dejó resquicio a la imaginación: "Los tres participaron en el plan. La idea original era robarle, pero acaban matándole después de torturarle durante 40 o 45 minutos. Si te introducen cosas en la boca, todos sabemos que no vas a vivir", ironizó.
No solo eso. El inspector fue desgranando, sobre todo a preguntas del fiscal, José Miralles, no solo la crueldad desplegada durante esos 40 o 45 minutos, que conocieron por los mensajes descargados de los teléfonos de los primos -Darwin se deshizo del suyo antes de su detención-, por los cinco audios que Rosa le envió a su expareja en tiempo real y por la autopsia, sino también cómo construyeron un plan débil, improvisado y absurdo que acabó haciendo aguas por todas partes.
Casi una hora de sufrimiento
Respecto a la agonía de José María, que ya quedó patente en la primera sesión, cuando el fiscal pidió que se reprodujeran esos cinco audios, el responsable de Homicidios describió que, "durante la autopsia, los forenses encuentran un pañuelo de papel, muy profundo, en la laringe que obstruía la entrada de aire. Es uno de los motivos de la muerte, junto con la rotura del hioides, que se produce por el estrangulamiento con la técnica del mataleón [método de estrangulación sanguínea que se emplea para dejar inconsciente a alguien]" que le hicieron "primero Darwin y que continuó Antonio al ver que el primer no sabía", lo que acabó derivando en reproches del segundo al primero por no saber estrangular y "hacer una chapuza".
Además, explicó que los forenses "encontraron unas bolitas blancas a lo largo de toda la garganta, de aspecto artificial", que acabaron identificando como comprimidos de un fármaco anestésico. "Antonio nos dijo que le dieron un cóctel de medicamentos, no sabemos con qué fin". También le echaron amoniaco en los ojos y se lo hicieron oler "supuestamente para que recuperase la consciencia". Encontraron la botella, vacía, debajo del cadáver, y sobre ella, una huella dactilar de Darwin.
Hubo más torturas. Lo intentaron estrangular con un suéter, le metieron pañuelos de papel y trapos en la garganta, que introducían y sacaban de vez en cuando para que hablase y les diese las claves de su cuenta, mientras la víctima clamaba por su vida. Y no se quedaron ahí: "Los forenses contaron cuatro costillas fracturadas y tenía morados por todo el cuerpo. Vamos, que le dieron una gran paliza", concluyó el inspector.
El plan de la prostituta
El agente asegura que "todos los elementos de la investigación puestos en común" les llevaron a la conclusión de que el móvil de los tres acusados era claramente económico. Y empezó a gestarse a las 10.20 horas del 19 de marzo de 2024. Los cuatro se habían conocido por casualidad sobre las 22.00 horas del 18 de marzo en la discomóvil de una falla de Manises. José María se los llevó al apartamento 108 del edificio Nau de Manises, que había alquilado dos semanas antes. Allí consumieron cocaína y bebieron -la Policía solo encontró dos botellas de cazalla vacías- toda la madrugada. Las cámaras del edificio captaron sus idas y venidas. La fundamental, a las 10.20 horas, cuando Rosa y Darwin se fueron en un taxi "suponemos que a comprar más droga".
En el apartamento se quedaron José María y Antonio. El primero entró en el bizum de su entidad bancaria y les mandó 25 euros para que pagasen el taxi. Y su pantalla se quedó sin bloquear. Antonio vio entonces que aparecía el envío de los 25 euros "y en la parte de abajo, el saldo que le quedaba, 126.606,27 euros", detalló el jefe de Homicidios. Antonio hizo una foto con su móvil a la pantalla del de la víctima y se la mandó a los otros dos, por separado. "Ahí empezó el plan para robarle", sostiene. Lo sustentan la sucesión de mensajes que se cruzarían en las horas siguientes -"a mí ese dinero me solucionaba la vida", escribió Rosa pasadas las 15.00 horas- y lo corrobora el ex de ella, quien asistió a la planificación de los detalles -coger guantes, un espray de pimienta, cuerdas...-, aunque en el juicio, el lunes, aseguró no recordar nada de eso.
El 'brillante' plan pasaba por "contratar a una prostituta, y, cuando José María le fuera a pagar, entrar ellos, quitarle el móvil y quitarle el dinero, aunque la verdad, no sé cómo pensaban hacerlo". La mujer llegó a ir al edificio a las 4.26 horas del 20 de marzo, pero no entró en el apartamento, seguramente porque José María no le quiso abrir, y se fue tres minutos después.
Ambientador para disimular el olor
Quienes sí entraron fueron los otros tres. Primero Darwin, sobre las 5.03 y unos diez minutos más tarde, los primos. Las cámaras los vuelven a grabar, pero esta vez con los rostros ocultos y yéndose por la salida trasera, la de emergencias, donde pensaban que allí no serían captados, sobre las 6.53. "¿Se van sabiendo que José María estaba muerto?", pregunta la letrada de Darwin, Nair Sellés. La respuesta del inspector es inmediata: "Sí".
Antes de salir del piso, cerraron las cortinas, desconectaron la luz y rociaron con ambientador el loft, en un intento claro por disimular "el olor de la putrefacción".
A partir de ahí, empieza el baile de exculpaciones. Quien más lejos lo lleva es Rosa María R. F. Solo ocho horas después de salir del edificio -"a lo hecho, pecho", llega a escribir en un mensaje- es su llamada al 112 la que destapa el crimen. ¿Arrepentimiento? En realidad, no, según explicó ayer al jurado el jefe de Homicidios, que le atribuye la idea original del robo a Rosa y también ser quien dirigía las acciones en el apartamento -"llevaba la batuta", describió-. Tras hablar varias veces con su madre, fue esta quien le aconsejó "que se entregara, que denunciara primero para que no se comiera ella el marrón”, recordó el agente. Y siguió ese plan al milímetro, pero no le dio el resultado deseado.
Encerrada en un baño sin cierre
La primera versión de Rosa, que se convirtió en sospechosa enseguida por sus contradicciones -lo primero que dijo es que los otros dos la habían encerrado en el baño: "No había cerrojo de ningún tipo", reveló el inspector- y la versión "dulcificada" de su participación que dijo, cayó enseguida por su peso. Los mensajes lo confirmarían después, con los volcados. Tras el asesinato, se produjo una cascada absolutamente inhabitual de conversaciones entre Rosa y su primo Antonio, quien llega a decir que una solución es hacer desaparecer a Darwin: “Que me cargo al colombiano también; ese me come a mí los huevos. Mejor tener un muerto que un testigo”.
Al mismo tiempo, Rosa estaba manteniendo conversaciones por Whatsapp con Darwin. Buscaba, explica el jefe de Homicidios, pactar con él y traicionar a su primo. “Lo cuadramos de alguna forma tú y yo, y ya está. Y punto”, le escribe a Darwin. Ni siquiera eso les salió bien. Rosa fue detenida en el acto, Antonio, unas horas después, en Requena, donde vivía y Darwin, 20 días más tarde, en Adra (Almería), después de que Homicidios rastrease el teléfono de una novia. Allí los encontraron, dormidos -lo arrestaron a las siete de la mañana-, dentro de una tienda de campaña en una especie de zanja en un camping abandonado.
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