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Juicio con jurado

La policía refuerza la vigilancia en el juicio por el crimen del asesor inmobiliario de Manises por las amenazas de muerte entre dos de los acusados

Antonio F. C. y Darwin A. montaron una bronca en el furgón que les condujo el primer día desde la cárcel de Picassent a la Ciudad de la Justicia, que continuó en los calabozos de los juzgados

Seis policías nacionales están permanentemente en la sala, a escasos centímetros de cada uno de los inculpados, que no han dejado de retarse con la mirada en cada sesión

Darwin A., en primer plano, y Rosa R. F., tras él, con mascarilla, dos de los tres acusados de torturar y asesinar al asesor inmobiliario José María Ll. T. en Manises, en la primera sesión del juicio con jurado.

Darwin A., en primer plano, y Rosa R. F., tras él, con mascarilla, dos de los tres acusados de torturar y asesinar al asesor inmobiliario José María Ll. T. en Manises, en la primera sesión del juicio con jurado. / Miguel Ángel Montesinos / LEV

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València

Los tres acusados por el asesinato del asesor inmobiliario de Manises José María Ll. T., tras una fiesta de más de 24 horas de alcohol y cocaína, no solo se echan la culpa entre sí de haber planificado y ejecutado el crimen sino que han llevado esa enemistad hasta las últimas consecuencias que han podido, lo que ha obligado desde el primer día a reforzar extraordinariamente la seguridad tanto dentro de la sala de jurado de la Ciudad de la Justicia de València, donde se celebra el juicio desde este lunes, sino también en los calabozos del edificio y, por supuesto, durante el traslado desde la cárcel de Picassent, donde se encuentran ingresados los tres desde su detención, entre marzo y abril de 2024, poco después del cruel asesinato, que incluyó casi 45 minutos de torturas.

La bronca entre Antonio F. C. y Darwin A. empezó desde primera hora del lunes, cuando eran trasladados por la Guardia Civil desde el centro penitenciario de Picassent a los calabozos de la Ciudad de la Justicia, donde iba a empezar el juicio contra ellos por ese crimen. Ya en el furgón se amenazaron de muerte y estuvieron a punto de provocar un problema de seguridad, que hizo que fueran bajados por separado y metidos en celdas distanciadas entre sí mientras las acusaciones y las defensas seleccionaban a los once miembros del jurado, nueve de ellos titulares y dos más, suplentes.

La trifulca continuó, de todos modos, en el área de calabozos y, después, cuando fueron conducidos a la sala de jurado, de uno en uno, para evitar que pudieran llegar a las manos. La tensión ha sido tal todo este tiempo, que los agentes de la Policía Nacional destacados en labores de seguridad en el recinto judicial han desaconsejado la retirada de las esposas no solo a los dos hombres acusados, sino también a la tercera presunta implicada en el crimen, la prima de Antonio, Rosa R. F., pese a que está en avanzado estado de gestación -de ocho meses, en concreto-.

Juzgan a los tres acusados de torturar y asesinar a un agente inmobiliario en Manises

Miguel Angel Montesinos

Seis policías permanentemente en la sala

A partir del incidente del lunes, la Guardia Civil ha tenido que trasladar a los dos acusados en furgones distintos, para reducir al mínimo el contacto entre ellos y, por tanto, las posibilidades de que se enzarzaran de nuevo.

Además, el dispositivo policial dentro de la sala ha sido más elevado de lo normal, con seis agentes sentados de manera permanente dentro de la estancia, uno de ellos a centímetros de Darwin y el otro, pegado a Antonio, en una silla habilitada en el lugar que habitualmente solo ocupan los letrados de la defensa.

El elevado riesgo de agresión entre ellos, que no han dejado de retarse con la mirada desde el primer día, también ha llevado al letrado de la Administración de Justicia de la Oficina del Jurado a tomar precauciones especiales, entre ellas que todo el público que se encuentra en la sala la abandone antes de que los agentes trasladen a los acusados, de uno en uno, de vuelta a los calabozos.

De hecho, hasta este miércoles, es decir, la tercera sesión, no se ha permitido que a los dos acusados les retiren las esposas mientras se desarrolla el juicio. La única que ha podido liberarse de los grilletes desde el primer día ha sido Rosa R. F., en su caso, en atención a ese avanzado embarazo.

Ese dispositivo se mantendrá especialmente atento este jueves, durante la cuarta sesión del juicio, cuando está previsto que declaren los tres acusados, que lo harán situándose en el estrado de uno en uno para cercenar toda posibilidad de que puedan agredirse o, como mínimo, amenazarse.

Huellas y ADN en la escena del crimen

La sesión de este miércoles ha servido para que el jurado se situase en la escena del crimen. Diez horas después de los hechos, los agentes de la Policía Científica que realizaron la primera inspección ocular accedieron al apartamento diáfano de 65 metros cuadrados que se había transformado en un escenario de terror: en el centro de la sala, justo a los pies de la chaiselongue, yacía el cuerpo inerte y semidesnudo -con el pantalón bajado hasta los muslos, dejando al aire los calzoncillos, y la camiseta subida por encima del pecho- de José María, boca arriba, con los brazos extendidos y la cara amoratada, lo que ya indicaba que había muerto por asfixia. La crudeza de la escena, proyectada en un monitor durante el juicio, provocó incluso que una de las miembros del tribunal popular se desmayase en su asiento, incapaz de soportar el impacto de esa imagen. La mujer, una de las suplentes, tuvo que ser evacuada de la sala.

Los agentes de la Científica explicaron que se llevaron y analizaron 60 vestigios intervenidos en el domicilio de Rosa R. F. y en la escena del crimen, vestigios que terminaron por confirmar la presencia de los tres acusados en el lugar de los hechos. De Darwin fue hallada una huella en la botella de amoniaco que yacía bajo el cuerpo de la víctima, el rastro de Rosa quedó impreso en cuatro improntas sobre un papel donde anotaron una "nomenclatura bancaria", en un armario del salón y en la puerta corredera del baño, cuyo pestillo estaba roto. Del tercer acusado, Antonio F. C., no se hallaron huellas pero sí ADN: sus restos biológicos fueron aislados en una botella de agua que permanecía en el loft.

Las tres maniobras que lo mataron

Los miembros del tribunal popular también han podido escuchar a los médicos forenses del Instituto de Medicina Legal de València, que fueron contundentes al describir la brutalidad de la acción criminal sobre José María, cuyo cuerpo presentaba un total de 24 lesiones distribuidas entre la cara, el tórax, la cabeza y las piernas, incluyendo cuatro costillas rotas. Las forenses determinaron que la causa de la muerte fue una asfixia mecánica rápida provocada por una combinación letal de tres factores, que explicaron minuciosamente mientras se proyectaban las impactantes imágenes del cuerpo de la víctima durante ese estudio necroscópico.

El primero fue un taponamiento absoluto de las vías respiratorias con un pañuelo de papel de tipo kleenex que acabó impidiendo la entrada de aire a los pulmones. Una de las especialistas aclaró que "el papel encontrado en el fondo de la laringe de José María estaba perfectamente doblado, obstruyendo por completo las vías respiratorias".

El segundo, la fractura de varios huesos -entre ellos, el hioides- y cartílagos en la zona del cuello, cuya rotura, confirmaron "es totalmente compatible con la maniobra de estrangulamiento del mataleón" reconocido por Antonio en su declaración ante la Policía y en el que, según los cientos de mensajes intercambiados entre los acusados a la mañana siguiente del crimen, también participó Darwin.

El tercero y último, una "inmovilización irreversible, ya que las fracturas costales le impedían por completo expandir la caja torácica en su intento desesperado por buscar aire", algo que, probablemente, acabó arrastrando el pañuelo de papel a lo más hondo de la laringe, hasta cerrar por completo la entrada de aire.

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