Juicio con jurado
"Por homicidio me caen 20 años, pero por este muerto no me cae nada porque no va a hablar"
Rosa R. F. y Darwin A., dos de los tres acusados de torturar y matar al agente inmobiliario de Manises para robarle, entran en contradicciones al tratar de inculparse uno al otro
Ninguno de los dos admite que planificaran el ataque para robarle: ella asegura que habló de quedarse "30.000 euros por decir algo" y él, que "pa' qué quería el dinero si yo solo quería seguir bebiendo y drogándome"

Darwin A., en primer plano, y Rosa R. F., tras él, con mascarilla, dos de los tres acusados de torturar y asesinar al asesor inmobiliario José María Ll. T. en Manises, en la primera sesión del juicio con jurado. / Miguel Ángel Montesinos / LEV
Y llegó el día, pero solo para dos de los tres acusados de torturar y matar al asesor inmobiliario de Manises José María Ll. T., tras una fiesta de más de 24 horas de alcohol y cocaína. Y como estaba previsto, la declaración de los inculpados solo ha servido para que el jurado viese que están tan enfrentados que todos se acusan entre sí de la muerte y que, en su afán por exculparse a sí mismos, han acabado por incurrir en contradicciones que han acabado por evidenciar sus mentiras. Y por rellenar, con una cascada de datos irrelevantes sobre qué hicieron o dejaron de hacer en las horas anteriores al crimen para intentar reducir al máximo el tiempo en el que tenían que responder a qué pasó dentro de ese apartamento en la madrugada del 20 de marzo de 2024. Pero no les salió bien.
De momento, los nueve miembros titulares del jurado solo han escuchado a Rosa R. F. y a Darwin A. Para saber qué les dirá el primo de ella, Antonio F. C. tendrán que esperar a este viernes, cuando se reanude el juicio con la quinta y última sesión, previa al objeto del veredicto, la batería de preguntas que el magistrado le dará el lunes a los jurados para que se retiren a deliberar.
La versión dulcificada de Rosa
La primera en subir al estrado ha sido Rosa, quien ha decidido responder a las preguntas "de todos menos de las defensas de mis contrarios", a lo que su abogado la ha corregido diciendo: "Señoría, se refiere mi patrocinada a los letrados de los otros acusados". Fue la muestra más clara del enfrentamiento entre los tres.
Rosa construyó un relato donde, como ha venido haciendo desde el principio, se posicionó como una convidada de piedra que actuó "por miedo y en estado de shock". Con una paciencia bíblica, el fiscal, José Miralles, solo tuvo que dejarla hablar -la misma estrategia e igual de eficaz que desplegaría después con Darwin- durante casi una hora mientras desgranaba, casi minuto a minuto, no solo la noche en que se conocieron los cuatro -ellos tres y la víctima-, sobre las 22.00 horas del 18 de marzo, en un bar próximo a una discomóvil de Manises, sino también las casi 24 horas que pasaron juntos, con una infinidad de entradas y salidas para comprar droga, tabaco o alcohol, en el apartamento de José María Ll. T., quien lo había alquilado para estar de fiesta durante esas Fallas de 2024.
Mucho menos precisa en las explicaciones y detalles fue cuando tuvo que responder a las preguntas acerca de lo que pasó a partir de las cinco de la madrugada ya del 20, cuando cometieron el asesinato. Horas antes, se produjo uno de los hechos fundamentales que las acusaciones señalan como el origen del crimen: cuando los acusados descubrieron que la víctima tenía 126.606, 27 euros en la cuenta.
"Con 30.000 euros me compro un piso"
En versión de la acusada, durante una de las salidas, ya en la mañana del 19, ella y Darwin salieron del apartamento "para comprar más droga". Es el momento en el que Antonio, a solar con la víctima, hace una foto con su móvil a la pantalla del de José María y la envía a los otros dos acusados para que vieran el dinero que había en su cuenta. Y ahí, el momento en que la Fiscalía y la acusación particular que ejerce la letrada Ángela Coquillat en nombre del hermano del fallecido sitúan como clave porque es cuando comienza el plan para robarle, es cuando empiezan las contradicciones.
Rosa sostiene que se había quedado sin batería y que como mucho vio esa foto en el móvil de Darwin. También que no reparó en los 126.606 euros hasta que, horas más tarde, lo supo porque lo comentaron en su casa Darwin y su primo. Sin embargo, hay wasaps de ella donde habla de que "con 30.000 euros me podría comprar un piso, pero dije 30.000 por decir; igualmente podía haber dicho 50.000", argumentó cuando el jurado le pregunto que por qué decía esa cifra que aparentaba ser su parte del botín una vez divididos los 126.000 entre los tres y en función de su participación.
Igual de difusas son sus explicaciones de por qué fue al piso de la víctima, en el momento del crimen, si lo único que iba a suceder ahí es que Antonio y Darwin iban a tener relaciones sexuales con una prostituta con la que contactó el segundo, o de cómo sucedieron los hechos y cuál fue su papel. Repitió que la encerraron en el baño "pero en plan sin cerrojo, que estaba roto". Desde allí, mientras grababa audios con su móvil que enviaba a su exnovio escuchó ruidos de muebles y los gritos de auxilio de José María. Al abrir la puerta, describió una escena dantesca: "Jose estaba en el suelo, Antonio subido encima de él y Darwin metiéndole un edredón a la fuerza en la boca".
“Estamos matando a una persona, no sé como definir esta mierda”
A partir de ahí, intentó convencer de que su papel fue el de auxiliadora. "Le quité una camiseta verde que le asfixiaba el cuello, le di agua, le saqué el edredón de la boca y le di tortas para espabilarle, pero no para que me diera el pin, sino para que no se me muriera una persona en mis manos". Prosiguió con un relato descafeinado en cuanto a su participación y con explicaciones peregrinas cuando el fiscal o la acusación le afeaban no haber pedido auxilio en ese momento o aparecer tranquila en las grabaciones de las cámaras de seguridad, cuando se les ve abandonar el edificio o en las horas siguientes al asesinato..
Ese es el calificativo que llega a escribir en un wasap dirigido a su primo: "Esto es un asesinato". Pese a que tenía respuesta para todo, cuando Ángela Coquillat le preguntó por qué había utilizado ese término cuando su versión es que se había del piso creyendo que José María seguía vivo y que incluso creyó verlo pidiendo auxilio desde su balcón cuando los tres estaban ya en la calle, Rosa guardó un silencio elocuente.
También queda claro que sabían lo que había ocurrido cuando, en otro mensaje, escribió: “Estamos matando a una persona, no sé como definir esta mierda”.
La versión de Darwin
La declaración de Darwin fue radicalmente opuesta en lo nuclear. Tanto, que por tratar de señalar a Rosa fue incluso exculpatorio por momentos con el papel de Antonio. Igual que la otra acusada, invirtió minutos y minutos en describir con memoria fotográfica cada paso anterior al momento en que fueron al apartamento de la víctima. En su caso, dijo desde el principio que "yo sí voy a contestar a todos". Gesticulando y dramatizando los diálogos, con un ímpetu y una celeridad en el habla apabullantes, rememoró cada episodio con pelos y señales, pero siempre a su favor, como era de esperar.
Así, se pintó como alguien absolutamente enganchado a las drogas que solo pensaba en "fiesta, coca y en beber". Tampoco él admitió que pensase en robarle el dinero a José María. Por negar, hasta negó que hubiese visto en su móvil ese pantallazo que les envió Antonio cuando Rosa y él fueron a por cocaína en esa salida de las 10.20 horas del día 19 de marzo. "¡Qué, hombre! Yo que iba a pensar en el dinero, ¿Pa qué iba a querer yo ese dinero? Yo solo quería seguir con cocaína y bebiendo", respondió casi ofendido al fiscal.
Y llegó el momento en que se fueron al apartamento, en la madrugada del 20. Según él, José María se había emperrado en tener sexo "con un travesti, porque decía que la chupaban mejor que las mujeres, pero yo le dije que a mí me gustan las mujeres, ¿ve?". Por esa razón, afirma que llamó a una amiga "que conocía porque un amigo me pagó tres horas con ella" para que fuese esa noche al apartamento. Negó que el plan fuese utilizarla para robarle al asesor en el momento en que fuese a pagar en encuentro sexual. Ni él ni antes Rosa pudieron dar una explicación razonable a la razón por la que se presentaron en el piso.
"Creía que la policía iba a entrar en cualquier momento"
Y, para devolverle la acusación a Rosa, invirtió los papeles de ambos. En su versión, quien estaba en el baño era él cuando abrió y vio a la mujer "encima de José", ataque en el que también ubicó al primo. Alegó que estaba "emparanoyado" porque llevaba tres días sin dormir y consumiendo cocaína sin parar, que le llevó a cerrar las cortinas, pasar la llave en la puerta de entrada o apagar y encender un sinfín de veces el diferencial del cuadro de luces. "Gritaba mucho y hacía ruidos. Creía que la policía iba a entrar en cualquie momento".
Según él, "como Jose no se movía, le puse la botella de amoniaco en la nariz para intentar reanimarlo" y "le practicó la RCP mientras los primos registraban la casa" en busca de objetos de valor. Luego acusó a la mujer de provocar la caída "pero así, duro" de la víctima, ya desvanecida, al suelo, al mover el sofá en busca del móvil del asesor y "de darle patadas, así, fuerte, en las costillas" cuando estaba en el suelo
Sí coincidió con ella en que se fue del piso, eso sí, dejando las cortinas corridas, la luz apagada y la puerta cerrada, y sin dar aviso ni pedir ayuda a nadie, creyendo que estaba vivo: "Le tomé el pulso y hasta sentí un latido. Igual era por las drogas" o "yo no sabía si el man estaba vivo o muerto", dijo al tribunal
Más claro parecía tenerlo Antonio, quien en uno de los cientos de mensajes que se cruzaron los acusados en las horas siguientes al crimen escribió: "Por homicidio me caen 20, pero por el muerto no me cae nada porque no va a hablar".
Los análisis no reflejan tanta droga
En realidad, todo apunta a que nunca hubo tanta droga. Su consumo abusivo y reciente sí fue detectado en el cuerpo de la víctima, pero no en los de los acusados. En el caso de Rosa y de Antonio, está probado el uso crónico, pero no el inmediato que revelan los análisis de sangre y orina, válidos solo cuando se hacen cerca del momento del consumo -ambos fueron detenidos a las 10 horas del crimen, ella, y a las 24, él-. Y en el de Darwin, ni siquiera. Fue detenido 20 días después del asesinato en Adra (Almería), por lo que solo se podía establecer ya el consumo a largo plazo, es decir, analizando el cabello, un reservorio de los metabolitos de la cocaína y de otras drogas. Sin embargo, cuando fueron a tomarle muestras, el 15 de mayo de ese año, se había rapado a menos del 1, es decir, no había material que analizar. Hubo que esperar y la toma definitiva se hizo un año después, pero era irrelevante a efectos del dia del crimen, porque el pelo que estaba en su cabeza el día que mataron a José María lo había eliminado él mismo al cortárselo al mes de ingresar en prisión.
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