Juicio con jurado
El fiscal, ante el crimen del asesor imobiliario de Manises: "Lo que pasó José María en esas dos horas antes de morir es una novela de terror"
El tercer acusado, Antonio F. C. cumple las expectativas e incrimina a los otros dos, y en su turno de última palabra le dice al jurado que "en este juicio he sido victima" y que él "podía haber sido otro más"
El acusador público expone la angustia que debió sentir José María Ll. T. al verse abandonado a su suerte cuando agonizaba: "Sinceramente, espero que se muriera antes de que se fueran de la casa"

Marina Molina
"En la muerte de José María participan todos, y en el robo, también. Uno que lo coge, el otro que le ayuda y la otra que le pega bofetadas para sacarle el dinero: prevén la posibilidad de que la persona se muriera y aceptan ese resultado. No sé si cuando se fueron se había muerto, pero, sinceramente, espero que se muriera antes de que se fueran de la casa. Imagínense una persona que se está muriendo y se queda sola, y ve que las tres personas que hay con él se van, dejándole con las cortinas cerradas los fusibles bajados y cerrando puerta. ¿Se figuran la angustia que debió sentir hasta que murió? ¿Se ponen en la piel de esa persona?".
Es el resumen, contundente y tan descarnado como los hechos que describe, que realizó ayer en su papel de acusador público el fiscal José Miralles, en su alegato final al término del juicio con jurado que se ha seguido en Valencia contra Rosa R. F., su primo Antonio F. C. y Darwin A. por el asesinato del asesor inmobiliario José María Ll. T. en la madrugada del 20 de marzo de 2024, justo la última noche de fallas, en un apartamento alquilado por este en el complejo residencial Nau de Manises.
El fiscal pidió a los nueve miembros del jurado que se fijen en "los hechos no controvertidos", es decir, aquellos que por ser objetivos no son discutibles, pero también en los periféricos, esos que permiten "rellenar los huecos de los tiempos vacíos" que los acusados no han explicado. Entre los primeros destacó cuatro. "El primero, que a las 10.43 horas del 19 de marzo", es decir, unas 19 horas antes del crimen, "Antonio envía una captura de pantalla a Darwin y a Rosa indicándoles el bizum donde constaba el dinero. Hasta ese momento era para ellos, perdónenme la expresión, un pagafantas. “Se saca más lamiendo que mordiendo”, llegan a decir en un mensaje. A partir de ese momento, tienen constancia de que dispone de 126.000 euros en su cuenta corriente. Y eso nos lleva a la intención, que es el robo".
Grabados entrando y saliendo
En segundo lugar, sitúa Miralles las cámaras de seguridad del edificio que captaron a los tres acusados entrando y saliendo del edificio (esa madrugada, y también a lo largo de las 24 horas anteriores, cuando entraban y salían para comprar droga y bebidas que pagaba José María en esa improvisada juerga en su piso). "A las 4.57 horas del 20 de marzo, los tres acusados llegan al edificio donde reside Jose María. Se les ve cómo acceden juntos y las cámaras, la del rellano del primer piso, nos dice que a las 4.59 entra Darwin en el apartamento y que ocho minutos, después, a las 5.07, lo hacen Rosa y Antonio".
A continuación, los cinco audios que Rosa envió a su ex desde el interior del piso cuando se estaban produciendo los hechos. "A las 5.12 Rosa envía el primer wasap: 'Es una puta locura hacer las cosas así, le quiere amordazar ahora'”, recordó parte del contenido. "A las 5.13, es el segundo audio en el que se escucha a José María gritar con voz ahogada, entre estertores, 'Socorro, auxilio, por favor, por favor, me vais a matar'. Dos minutos después, a las 5.15, dice 'Matándolo', y un minuto más tarde, a las 5.16 horas, el cuarto audio, donde le dice 'no grites, no grites'. Es decir, el ataque ya se había producido. Y pasan 40 minutos hasta el quinto y último audio. A las 5.56 horas es cuando está negociando con José María, y le dice 'dame el pin, dame el pin, nos has tomado el pelo, si nos das el pin, no va a pasar nada'".
El último hecho no discutible es que a las 6.56 horas las cámaras vuelven a grabarlos "abandonando el edificio por la salida de emergencias, juntos, totalmente tapados".

Miguel Angel Montesinos
Los 40 minutos hasta el último audio
"¿Qué ha ocurrido en esos 40 minutos? Ni siquiera ahora, después del juicio, lo tenemos claro", enfatizó el fiscal, por lo que, para "rellenar esos huecos" e intuir lo que pasó en ese apartamento en "las dos horas menos seis minutos que permanecieron en la vivienda" les invitó a que leyeran todas las transcripciones de sus conversaciones por Whatsapp. "Son muchas, igual les cuesta una hora, pero merece la pena". A esa cascada de audios, enviados entre ellos de manera frenética a partir de las 8.00 horas del día 20, dos horas después de abandonar el edificio, se le unen los informes de huellas, ADN, la geolocalización de los teléfonos o la autopsia. "Ahí verán qué hizo cada uno, no como la película que han contado aquí, culpándose unos a otros".
Hizo hincapié en que lo califica de asesinato y no de homicidio, porque tanto a su juicio como al de la letrada de la acusación particular, Ángela Coquillat, hay dos circunstancias que agravan la muerte: que lo mataron para ocultar el delito inicial, el del robo, y que se ensañaron con la víctima, como lo prueban, esgrimió, las 24 lesiones detectadas en la autopsia con un triple mecanismo mortal de asfixia: la obstrucción completa de las vías aéreas con un papel de celulosa plegada y hallado al fondo de la laringe, el tapamiento de la nariz y la boca y el estrangulamiento que le provocó la fractura de un hueso, el hioides, y de un cartílago, el cricoides, para cuya rotura "es necesario ejercer una enorme fuerza" y que una vez que se produce "la persona se queda sin habla. En esas condiciones, ¿cómo iba a hablar José María, si no podía y a su cerebro ya no llegaba ni oxígeno?", se preguntó el acusador público. Y remató: "Es una novela de terror lo que pasó la víctima en esas horas, antes de morir. ¿Se imaginan la angustia? ¿En su propia casa y con tres personas con las que acababa de pasar 36 horas en las que les pagó de todo?", incidió.
"Consumir droga no es una licencia para delinquir"
En cuanto a las circunstancias que podrían atenuar las penas, o incluso eximirles de algún modo como defienden los letrados de los acusados, es decir, la drogadicción, el fiscal considera que no está acreditado más que con sus palabras, ya que los informe periciales no pudieron establecer si el día del crimen estaban tan drogados como han dicho todos ellos en el juicio. Y, si lo estaban, ha considerado Miralles, no está acreditado que ello alterara sus capacidades de saber qué estaban haciendo y su voluntad de hacerlo. "El hecho de consumir drogas no es un cheque en blanco ni una licencia para delinquir", advirtió. "Consumieron, sí, pero al margen de ese consumo, vieron la pasta y quisieron cogerla. Se ensañaron con él con una sola finalidad, robarle el dinero que sabían que tenía en la cuenta", sentenció.
Coquillat, por su parte, se adhirió por completo a las peticiones de cárcel e indemnización de la Fiscalía -ha reducido de 50.000 a 15.000 euros ese resarcimiento; "mi cliente, el hermano de José María, no está aquí por dinero", puntualizó- y empleó su informe final en repasar, punto por punto y de manera detallada lo que ha aportado cada testigo, cada policía y cada perito al juicio, para refrescar la memoria a los jurados, que no solo han estado especialmente atentos a lo largo de todo el juicio, tomando notas sin cesar, sino que además han realizado numerosas preguntas tanto a los acusados como al resto de personas que han desfilado por el estrado pidiendo puntualizaciones de alto interés para la causa.
"Todos culpan a Darwin"
Entre las defensas, quien más se ha extendido ha sido la de Darwin A., la letrada Nair Sellés, quien de manera hábil ha tratado de utilizar la "falta de pruebas objetivas", como el ADN o las huellas, para sostener, una vez más, que su cliente no participó en la muerte de José María, que tenía miedo de los otros dos y que incluso trató de reanimarlo. Trató de convencer al jurado de esa inocencia pidiéndole, como había hecho al inicio del juicio, que reparase únicamente en la prueba y no en otras valoraciones, tratando así de remontar lo que les había explicado antes el fiscal: que el Tribunal Supremo responsabiliza por igual a todos los que participan en un hecho delictivo lo ejecute quien lo ejecute. "Pero solo cuando saben a lo que van", se aferró la letrada, "y Darwin, al que han intentado acusar absolutamente de todo porque era un chiquillo y no era de su sangre, no sabía" lo que iba a suceder en ese piso.
En términos similares se han expresado las otras dos defensas. La de Rosa María R. F., ejercida por el letrado Carlos Casado, ha vuelto a intentar convencer a los jurados de que Rosa no planeó el robo, que no se opuso a lo que sucedía por miedo, que trató de ayudar a la víctima y, sobre todo, que los otros dos inculpados la incriminan "por la animadversión que sienten hacia ella por haber acudido a la policía y haber facilitado sus nombres", algo que, pidió, se valore por parte del jurado como una profunda colaboración con la Justicia.
"El tonto útil inflado a droga y alcohol"
El último en hablar ha sido el penalista Pedro López Cañada, el abogado de Antonio F. C., quien ha vuelto a referirse a este como "el tonto útil" que fue porque le pidió el ex novio de su prima que fuera y que no frenó lo que estaba pasando "por miedo" y porque "estaba inflado a droga y alcohol", recogiendo así las palabras de su propio cliente, que había declarado a primera hora de esta quinta y última sesión. "Lo que hizo mal fue no llamar a las autoridades una vez que salió del edificio".
Con anterioridad, durante su declaración, Antonio cargó las tintas contra Darwin -y en ocasiones, contra su prima, aunque trató de favorecerla- y enfatizó una y otra vez que "yo no necesito dinero para comer; trabajo y siempre tengo dinero, en el bolsillo y en la tarjeta. No necesito que me paguen nada". Se mostró como el único que sintió cierto pesar "porque Darwin y Rosa estaban engañando a ese hombre consiguiendo que les pagara todo", pero cuando la abogada de la acusación particular -no quiso responder al fiscal- le puso contra las cuerdas leyéndole algunos de sus mensajes más incriminatorios, se enrocó con dos versiones: "Estaba muy drogado" o "tenía miedo del colombiano, que estaba enloquecido y no me dejó salir".
Antonio fue el único de los tres que aprovechó el derecho a la última palabra. Se puso en pie y, mirando al jurado, dijo: "Yo solo quiero añadir que en este juicio he sido víctima, que no tenía ningún propósito de hacer daño a alguien, que yo solo bajé de Requena a Valencia para ir de fiesta y pasármelo bien. No quiero hacer daño a nadie ni robar nada. Podía haber sido otro muerto más. Quiero que lo tengan en cuenta. Soy un creador de contenido, bueno, lo era... He perdido mucho por esto. También he perdido a mi padre y a mis hermanas, que no quieren saber nada de mí. He perdido mucho. Muchas gracias".
El lunes, el jurado recibirá el objeto del veredicto, la batería de preguntas para establecer la culpabilidad o no de los tres acusados, y se retirará a deliberar hasta llegar a una decisión
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